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Cómo comprar en supermercados

por 8 febrero, 2012

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Me  consulta una periodista amiga que consejos puede darle una organización como Conadecus a un consumidor que quiere dárselas de inteligente y optimizar sus compras en los supermercados.

Creo hay dos estrategias disponibles para un consumidor aunque no sea tan inteligente:

La primera es ser fiel a una de las 4 cadenas grandes y concentrar todas  sus compras en sus locales, para aprovechar las ventajas que cada cadena ofrece a quienes le son fieles. Por ejemplo, acumular puntos para canjear por productos ya sea como premios o directamente equivalentes en dinero para rebajar en las compras futuras o un sistema de estampillas que se acumulan en cartillas para adquirir productos  rebajados o un cheque virtual  que acumula pesos y se puede descontar de la cuenta mensual. También hay ocasionales ofertas disponibles sólo para quienes son poseedores de la tarjeta de crédito de la tienda. Igualmente, la posesión de la tarjeta de crédito de la tienda, da derecho a acumular el doble de puntos o pesos. O sea, la llamada fidelidad tiene una recompensa que  tiende a obligar al cliente a seguir comprando en la misma cadena.

La otra estrategia es aceptar que no se puede ser totalmente fiel a una sola cadena de supermercados y visitar regularmente dos o tres locales de ventas. Para ello hay que vencer la natural tendencia a comprar en el local más cercano, tendencia que aumenta a medida que la congestión del tránsito se hace más insostenible.

Hay que tener presente que todas estas “rebajas” asociadas a la fidelidad del cliente equivalen aproximadamente a un 1% de las compras .Las rebajas ocasionales u “ofertas” sobre productos de alguna marca  son en general concedidas por los proveedores de la marca y traspasados a los  consumidores por el supermercado. Igualmente los folletos promocionales de diversos artículos son financiados por los fabricantes de las marcas y finalmente los pagan los consumidores ya que los presupuestos por publicidad  tienen un costo que se suma al precio de cada artículo.

Usar la tarjeta del establecimiento  ya sea para pagar o bien se pague en efectivo, tiene un costo para el consumidor de alrededor del tres por ciento. El supermercado debe suponer que la compra  se hará con una tarjeta de crédito y sube todos los precios en lo que le cuesta su administración a través de Transbank. Si la tarjeta  es la propia de la cadena, ese porcentaje se ahorra y puede usarse para  costear la “fidelidad” del cliente.

Fijarse además en los días de descuento de cada cadena. En general cada cadena tiene un día, puede ser el lunes o el martes, en que hace un descuento sobre toda la compra (a veces con algunas excepciones). Eso lo hacen para estimular el uso de la capacidad instalada del local, en días que son más flojos de consumidores comprando. Ese descuento oscila en ese día entre un 6 y un 10%.

Hay que distinguir ese día de descuento, de los “días” en que ciertos productos están rebajados entre un 20 y un por ciento. Por ejemplo, rebajas en frutas y verduras, o en carnes, etc. Estos descuentos  tan grandes pueden esconder algunas trampas. Así en carnes u otros productos puede tratarse de los envases que están muy cercanos a la fecha de vencimiento, o peor aún las carnes que se han remarcado de precio recientemente.

¿Y si renunciamos a la fidelidad?

La otra estrategia es aceptar que no se puede ser totalmente fiel a una sola cadena de supermercados y visitar regularmente dos o tres locales de ventas. Para ello hay que vencer la natural tendencia a comprar en el local más cercano, tendencia que aumenta a medida que la congestión del tránsito se hace más insostenible.

Además es demoroso ubicarse en un establecimiento nuevo que no se conoce bien. Como esta tendencia es seguida por una apreciable cantidad de consumidores, ella ha originado la increíble batalla por dominar los mejores lugares  con espacios para  estacionar los vehículos en los lugares más populosos de las ciudades. Debe decirse que son los compradores varones los que más recurren a esa táctica y los que más se alejan de los domicilios para  hacer las compras.

Por otra parte las cadenas grandes han recurrido a los llamados locales de conveniencia, más pequeños, sin ninguna pretensión de fidelidad, pero que captan al consumidor local en competencia con los antiguos almacenes de barrio o emporios.

Una vez decidida esa modalidad, se deben comprar  los artículos más corrientes y de uso regular en el hogar, eligiendo aquellos conocidos y que figuran en oferta rebajada. Leche de larga vida, azúcar, arroz, tallarines, salsas, aceites, útiles de limpieza, etc. La experiencia indica que hay cadenas más caras en ciertos rubros fácilmente identificables, por ejemplo, hay cadenas más caras en vinos y licores, más caras en quesos y cecinas, etc. También se puede detectar que hay cadenas con buena calidad en frutas y verduras, pero caras en carnes, etc.El consumidor avispado mantiene una pequeña lista de lo que hay que comprar  y lo que no hay que comprar en determinada cadena.  Esa segunda estrategia tiene un costo en tiempo pero se compensa en la calidad y precio de lo adquirido.

Para los productos alimenticios frescos, nunca abandonar la experiencia de ir  ocasionalmente a las grandes ferias libres en las que hay que pagar  en efectivo pero que, ocasionalmente permiten al cliente elegir, igual que en el supermercado, las frutas y verduras una a una.

Y no olvidar, cualquiera que sea la estrategia adoptada, de controlar, al pasar por las cajas, si lo que se pagó corresponde a lo comprado y a los precios impresos elegidos.

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