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El bloqueo de Ormuz y el factor militar

por 8 febrero, 2012

El bloqueo de Ormuz y el factor militar
¿Es posible un bloqueo? Sí, Irán tiene capacidades para materializarlo. ¿Puede ser efectivo? Esto ya es discutible, toda vez que el desequilibrio de fuerzas no asegura el logro del objetivo por un plazo razonable, para hacer o causar un daño mayor. Sin embargo, no se puede minimizar ciertas amenazas a la fluidez del 30% del petróleo mundial.
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Incertidumbre es la característica que define el escenario generado por las sanciones de Estados Unidos y la comunidad europea a Irán, ante su interés por continuar avanzando en el desarrollo de una capacidad nuclear enmarcada, según sus propias autoridades, en fines distintos a los de carácter ofensivo o bélico.

La respuesta de Irán a esta amenaza, materializada en la voluntad de llevar adelante un bloqueo militar del Estrecho de Ormuz, por cierto en nada facilita una salida negociada y pacífica al eventual conflicto que diferentes países adelantan.

Agrava el escenario y profundiza la incertidumbre las recientes declaraciones de Benjamin Netanyahu, en su calidad de premier israelí, en las cuales asegura que “en semejante región, la única cosa que garantiza la supervivencia, la seguridad y la paz, es la fuerza”.
Pero aún así se debiera tener confianza de que es tiempo de diplomacia para buscar caminos que permitan evitar un conflicto de imprevisibles consecuencias.

Se debe tener en consideración que Irán, teniendo capacidad militar en su dimensión global, presenta asimetrías si se compara con el potencial de Occidente. Dado lo anterior, serán los ingenios tecnológicos que agregue, o la guerra de minas y submarinos enanos probablemente los mayores dolores de cabeza para la potencia militar norteamericana y sus aliados en Europa y Medio Oriente.

Aunque exista la mejor disposición para tratar este tema entre Irán, EE.UU y los demás países involucrados, las dudas están presentes al no tener certezas sobre quién o quiénes serán los líderes que podrían ser interlocutores válidos y confiables para pacificar y dar estabilidad a la zona. Esto, a no dudarlo, estará condicionado por las influencias que puedan ejercer las democracias, el poder militar, las corrientes religiosas y el poder económico mundial. La principal amenaza, por cierto, en lo señalado, la constituye la propagación del fundamentalismo islámico.

¿Qué hacer entonces ante este incierto y peligroso escenario mundial? Es tal vez este el momento en que se debe acrecentar la confianza y desarrollar las artes de la diplomacia, buscando caminos que permitan evitar un conflicto de imprevisibles consecuencias. Es tiempo de la diplomacia en su máxima expresión, evaluación de los escenarios para identificar aliados y adversarios, manejo de crisis de mediana intensidad para, a través de ese mecanismo, mostrar la voluntad de actuar cuando se necesite. En este aspecto, las fuerzas navales juegan un rol relevante toda vez que sus despliegues, sin invadir espacios jurisdiccionales, le permiten influir mostrando voluntad y quedando en condición de actuar cuando la amenaza lo recomiende. La estrategia marítima y el rol del poder naval, son vitales en conflictos de esta naturaleza.

Por ello, es importante tener en consideración cuáles son los aspectos que condicionan las voluntades políticas y militares en este complejo escenario de incertidumbres indiscutibles.

Particular incidencia tiene EE.UU. y su próxima elección presidencial, así como la primavera árabe con sus liderazgos precarios y sin consolidarse. La situación económica europea y la influencia de Israel en el concierto mundial resulta un dato que tampoco se puede subdimensionar, así como las alianzas en el mundo musulmán y las corrientes islámicas que buscan reposicionamientos para enfrentar a Occidente como parte de su supervivencia.

Pero lo relevante en el problema es el desarrollo de la capacidad nuclear de Irán, aspecto que, siendo una amenaza para el concierto mundial, tiene al poder político iraní no disponible a subordinarse ni a Occidente ni a Israel. Y si de amenazas se trata, el bloqueo del Estrecho de Ormuz es un camino ya explicitado por Irán y que no deja al mundo indiferente, dado que EE.UU. está forzado a garantizar la seguridad y la economía en beneficio del concierto mundial.

Dado este escenario, si lo resuelve EE.UU. y la OTAN, en hora buena para Israel. Pero si no se logra con rapidez y eficacia, transformándose Irán en una amenaza, Israel, por su cultura estratégica, se puede asegurar que jugaría un rol que tendría como premisa “ni permiso ni perdón”, sólo acción, dejando posteriormente que Occidente estabilice la zona pero ya con la tranquilidad de un Irán sin aliados y sin capacidad nuclear.

Estamos conscientes entonces, que el cierre del paso del petróleo por el Estrecho de Ormuz, traería consecuencias sumamente perjudiciales para la economía del mundo. Debemos entender también la dimensión del problema, cuando Irán persevera con el desarrollo de capacidad nuclear. Irán con ello viene a profundizar una crisis que tiene mal pronóstico.

En lo estratégico naval, la presencia de la Armada americana en el área del Estrecho de Ormuz es muestra manifiesta de voluntad política por ser protagonista en esa zona, donde sus intereses son, a no dudarlo, el petróleo y su efecto en la economía de Occidente.
Las preguntas que debemos hacernos entonces son: ¿es posible un bloqueo? Sí, Irán tiene capacidades para materializarlo. ¿Puede ser efectivo? Esto ya es discutible, toda vez que el desequilibrio de fuerzas no asegura el logro del objetivo por un plazo razonable, para hacer o causar un daño mayor. Sin embargo, no se puede minimizar ciertas amenazas a la fluidez del 30% del petróleo mundial.

Y por último ¿puede ser sostenible? La respuesta es clara: ¡No! Este curso de acción constituiría una amenaza que obligaría a EE.UU a actuar junto a todos los aliados de la OTAN.

La estrategia naval contempla aspectos que no se pueden obviar. Un bloqueo requiere de un control del mar que dificulte a otras fuerzas actuar para neutralizarlo. También necesita profundidad y tiempo para ser efectivo, y una medida de esta naturaleza de parte de Irán, sería a todas luces una provocación inaceptable y un motivo para actuar con la contundencia que asegure una primacía naval, aérea y terrestre de proporciones.

Pero salir a flote sin llegar a un enfrentamiento de grandes proporciones, y sin efectos sobre la economía mundial es poco probable. Se debe tener en consideración que Irán, teniendo capacidad militar en su dimensión global, presenta asimetrías si se compara con el potencial de Occidente. Dado lo anterior, serán los ingenios tecnológicos que agregue, o la guerra de minas y submarinos enanos probablemente los mayores dolores de cabeza para la potencia militar norteamericana y sus aliados en Europa y Medio Oriente.

Esperemos entonces que este conflicto logre un acuerdo por el bien de todos. La consigna es mantener abierto y seguro el transporte marítimo de la zona, aún reconociendo que el Golfo Pérsico y sus espacios aledaños se mantendrán como una región volátil. En este cuadrado lo que es indiscutible es que la incertidumbre es una variable cierta y que las fuerzas y en especial las aéreas y navales, vienen a jugar un rol protagónico en el futuro desenlace.

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