Lo poco que le importan los viejos al sistema de salud público chileno - El Mostrador

sábado, 21 de abril de 2018 Actualizado a las 22:14

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Lo poco que le importan los viejos al sistema de salud público chileno

por 9 febrero, 2012

Es así como se ha tomado la determinación de poner fin, a menos de un año de su existencia, a esta pionera unidad de cuidados geriátricos, lo que ocurrirá a más tardar en abril de este año, deteniéndose por lo tanto las gestiones para contratar más geriatras y personal no médico especializado. Esta medida se contradice con las estrategias sanitarias para esta década establecidas por el Gobierno de Chile.

Voy a comenzar esta historia por el final. Hace un tiempo recibí una invitación del Dr. Westerling, Jefe de Geriatría del Hospital Ryhov en Jönköping Suecia, para integrarme a su staff y participar en la labor de investigación clínica, docencia y, por supuesto, atención clínica del paciente. Por eso fui a una entrevista con ellos en agosto pasado y aproveché de conocer el hospital, quedando de acuerdo que comenzaría en abril de 2012. Esto me provocó sentimientos encontrados; felicidad por tener la oportunidad de participar en la geriatría del primer mundo y tristeza por dejar un proyecto al cual me he dedicado desde abril de 2009, cuando dejé el Hospital Sotero del Río para unirme al proyecto HOSMET (Hospital Metropolitano de Santiago), en el edificio del antiguo Hospital Militar. Este proyecto tomó vida en marzo del 2011 cuando se firmó la resolución que daba inicio a la Unidad Geriátrica Aguda (UGA) del Hospital Metropolitano de Santiago, comenzando en esa fecha con 32 camas, 6 de ellas con monitor.

La UGA se inauguró oficialmente en mayo de 2011, con la presencia de autoridades como el entonces director de dicho hospital, Dr. Claudio Oses, el Director del Servicio de Salud Metropolitano Sur Oriente (SSMSO), Dr. Fernando Betanzo, en ese entonces Subsecretario de Salud (s), la Directora del SENAMA, Sra. Rosita Kornfeld, el Presidente de la Sociedad Chilena de Geriatría, Dr Juan Carlos Molina, otras autoridades ministeriales y del Servicio, además de varios geriatras invitados. La idea de hacer cambios en la salud pública chilena, al crear esta Unidad de Cuidados Geriátricos Agudos (UGA), no fue azarosa, sino el resultado de un concepto ya concebido hace varias décadas por geriatras internacionales y que ha demostrado, en los países donde se aplica (en su mayoría europeos), un impacto favorable en la salud de los adultos mayores; principalmente en su estado funcional, el que se deteriora de manera grave y muchas veces irreversible cuando se hospitalizan en servicios que no toman en cuenta conceptos geriátricos básicos como la necesidad de restringir el reposo físico. Además de esta ventaja, la UGA aplica la llamada valoración geriátrica integral, definida como el proceso de diagnóstico dinámico y estructurado, que permite detectar y cuantificar los problemas, necesidades y capacidades del anciano en las esferas clínica, funcional, mental y social para elaborar, basada en ellos, una estrategia interdisciplinaria de intervención, tratamiento agudo y seguimiento a largo plazo, con el fin de optimizar recursos y de lograr el mayor grado de independencia y calidad de vida.

Es así como se ha tomado la determinación de poner fin, a menos de un año de su existencia, a esta pionera unidad de cuidados geriátricos, lo que ocurrirá a más tardar en abril de este año, deteniéndose por lo tanto las gestiones para contratar más geriatras y personal no médico especializado. Esta medida se contradice con las estrategias sanitarias para esta década establecidas por el Gobierno de Chile.

Por eso, la UGA tenía principios fundamentales como “sacar de la cama lo más pronto posible”. Además, se crearon comedores y salones para que los pacientes estuvieran los menos “hospitalizados” y los más activos posible. Estos conceptos que nacieron en el Reino Unido en los años cuarenta, gracias a la observación certera de Marjorie Warren, quien introdujo los primeros cambios y la necesidad de una especialización en los problemas de los ancianos, han tenido gran acogida en Europa y en Norteamérica, pero no así en Latinoamérica, incluído Chile.

En nuestro país existen no más de cuarenta geriatras acreditados, esta escasez ya ha sido advertida por algunas instituciones de gobierno. Las cifras hablan por sí solas; mientras en Estados Unidos existe un geriatra por cada 2.600 mayores de 75 años, en Chile sólo existe un geriatra por cada 11.200 mayores de 75 años. Chile está en medio de una transición demográfica y no está preparado para enfrentarla. Mientras hoy aún hay más menores de quince años que ancianos, en diez años más esta situación será inversa; para el año 2020 se proyecta que del total de la población, un 16,7% corresponderá a adultos mayores de 60 años. Es por todo esto que proyectos como la UGA del Hospital Metropolitano (la primera unidad geriátrica del sistema público de salud) debería ser incentivados y reforzados, procurando su perfeccionamiento y consolidación. De hecho, se proyectaba contratar más geriatras, ofrecerla como campo clínico para formación de futuros geriatras pues ya era una unidad que recibía alumnos, internos y becados de medicina interna de la USACH, los cuales quedaban gratamente sorprendidos por esta nueva mirada de la medicina del anciano. Esta Unidad llamó la atención de varias instituciones, al grado que fui invitado al Minsal para formar una comisión de expertos con el fin de discutir la atención intrahospitalaria de los ancianos y hace poco fui invitado a exponer en la CEPAL, luego de lo cual he recibido numerosas invitaciones para compartir nuestra experiencia en otros países del caribe y latinoamérica durante el 2012.

En enero conversé con la nueva Dirección del HOSMET, entre otros para comentar mi partida y buscar quien continuara este proyecto; se pensó en un geriatra contratado por el SSMSO y entonces aproveché de pedir mis vacaciones pues partiría luego. Al lunes siguiente de haber salido de vacaciones se le informó en forma verbal al Jefe Subrogante de la UGA que esta unidad se cerraría pues no es considerada necesaria por la nueva Dirección del Hospital y tampoco está considerada en el futuro Hospital de La Florida.

Las ideas y proyectos atraviesan generaciones, surcan océanos, se escriben, se interpretan y se vuelven a escribir. El  no contemplar este servicio y cerrar la UGA, a mi humilde entender, es un retroceso desde todo punto de vista, pues niega una atención especializada al anciano que ha demostrado ser necesaria y eficaz, contradiciendo toda directriz de salud pública en una sociedad que envejece a pasos de gigante.

Durante el próximo año 2013 el Hospital Metropolitano se trasladará al Hospital de La Florida, actualmente en construcción. Lamentablemente hoy se considera innecesario mantener esta unidad pues en el proyecto original del futuro hospital no estaba contemplada. Es así como se ha tomado la determinación de poner fin, a menos de un año de su existencia, a esta pionera unidad de cuidados geriátricos, lo que ocurrirá a más tardar en abril de este año; deteniéndose por lo tanto las gestiones para contratar más geriatras y personal no médico especializado. Esta medida se contradice con las estrategias sanitarias para esta década establecidas por el Gobierno de Chile, que incluyen mejorar el estado de salud funcional de los adultos mayores y que especifica en su documento disponible en la página web www.minsal.cl , el beneficio que implican las unidades geriátricas.

Es una pena, sin duda, que decisiones trascendentales como la proyección o el cierre de una unidad de salud pública especializada y recién en gestación no se tomen con la suficiente visión de futuro que Chile, al menos en este ámbito, necesita. El cierre es inmediato. Las autoridades del hospital no han querido dar respuesta escrita sobre sus razones; sólo están reasignando el personal a otras áreas. La única razón esgrimida es que una unidad como la UGA no está contemplada en el Hospital de la Florida, y que a juicios de la Directiva del hospital esa comuna no tiene el perfil sociodemográfico para este segmento de la población, argumento que es insostenible pues es cosa de ver la proyección del INE de la población de La Florida hasta el 2020. Sólo durante el 2011 la UGA ha atendido a más de 570 pacientes cuyas edades fluctuaban entre los 50 y los 104 años, la mayoría provenientes de hospitales del SSMSO como el Sotero del Río o Padre Hurtado. A esto se suman los traslados internos que son tres veces este número.

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