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SOPA y PIPA, respuestas para Revista Qué Pasa

por 9 febrero, 2012

La ley de derechos de autor se ha convertido -paradójicamente, al igual que en sus inicios- en un instrumento de control de mercado y de control para la circulación de bines culturales a favor de una industria particular.
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Hace algunos días me escribió José Simián, quien estaba documentando un artículo sobre SOPA y PIPA para la revista chilena Qué Pasa que resultó publicado el número pasado. Me envió una serie de preguntas para documentar su artículo, las que transcribo a continuación. Al no ser una entrevista, obviamente no salió completa en la versión impresa, pero amablemente José me ha autorizado a publicar la versión extendida de sus preguntas y mis respuestas.

1) De todos los aspectos que generaron críticas de SOPA y PIPA (derechos de los usuarios, libertad de expresión, restricciones a los usos justos y la creatividad, daño a la actividad económica de Internet, etc), ¿cuál te parecía el más relevante?

Destacaría dos, de distintos niveles. El primero tiene que ver con la mecánica de este tipo de tratados. Desde un tiempo a esta parte la estrategia de las empresas titulares de derechos pareciera ser influir a nivel internacional en tratados o convenios comerciales que se negocian secretamente. SOPA y PIPA, a nivel local en Estados Unidos, y TPP y ACTA a nivel internacional son convenios comerciales cuyos términos de negociación están ocultos para el público en general, incluyendo al resto de los poderes del Estado.

El segundo tiene que ver con que todas estas iniciativas tratan de entender las nuevas tecnologías e internet fundamentalmente como un lugar opaco que cuyas prácticas hay que regular con severidad para resguardar mecánicas de negocio de la era previa a internet. Así, otros derechos que ven en internet una zona segura y de fácil desarrollo, como la libertad de expresión, termina cediendo a favor de intereses comerciales vinculados a la explotación de los derechos de autor. Todas estas iniciativas pretenden, por la vía legal, resolver un problema que es básicamente de mercado, económico, como es el intercambio de archivos en internet o lo es lo que la industria denomina piratería.

2) ¿Cómo se gestó la participación de Derechos Digitales en la carta enviada por organizaciones de derechos humanos a la Cámara de Representantes de Estados Unidos? ¿Están planeando nuevas actividades o iniciativas?

Nosotros entendemos que los problemas derivados de la sobreprotección de los derechos de autor en el entorno en línea no son sólo locales. Son problemas y desafíos globales. Así, hemos entendido que la única manera de hacer frente a esta tendencia es tender redes y establecer alianzas con otras organizaciones sociales que, desde el interés público, pretenden establecer un sistema de derechos de autor equilibrado, que al mismo tiempo que proteja a los autores no lo haga a costa de los derechos del resto de los ciudadanos. Hoy somos parte de varias redes de activistas internacionales con presencia en Estados Unidos y en OMPI con el fin de poner los temas que en estos días han tenido tanta exposición a propósito de SOPA, en la agenda legislativa.

3) En conexión con lo último, ¿cómo ves el panorama futuro de la legislación para regular Internet en Estados Unidos y el resto del mundo? ¿Crees que va a haber un consenso en el corto o mediano plazo para que se logren legislaciones de compromiso?

Es difícil responder aquello. Se me ocurren dos ideas. La primera es que la tendencia normativa internacional a nivel comparado ha sido que cada vez que hacemos cambios a nuestras leyes de derechos de autor son reformas que apuntan a aumentar los estándares de protección y no los de acceso. A aumentar las penas, los delitos, las infracciones y los derechos y no aumentar con la misma energía la protección y difusión del dominio público y de las excepciones y limitaciones que, por ejemplo, favorezcan a bibliotecas y discapacitados. Visto así, y tomando en cuenta las recientes medidas en España y Francia, el panorama no parece ser muy alentador.

La segunda idea es que esto en algún momento tiene que parar. La denominada guerra contra la piratería ha tenido costes importantes en los últimos veinte años y no ha bajado ni en un punto los intercambios de archivos en internet. Es más, en muchos casos los gastos judiciales y derivados del lobby superan con creces las pérdidas que la propia industria dice tener a propósito de la piratería. Hace algunos meses se publicó un estudio que encargó el gobierno británico (el Review of Intellectual Property and Growth) respecto de las políticas de derecho de autor del futuro. El informe Hargreaves, denominado así por el nombre del profesor encargado de hacerlo, concluyó, entre otras cosas, que las normas de derecho de autor han respondido más al lobby de la industria que a la respuesta frente a la evidencia empírica.

Tengo la esperanza que en algún momento tengamos un debate en serio respecto de los derechos -en general- en internet y en particular de los derechos de autor. Hoy tenemos leyes que nos dicen a todos que somos piratas. Esto no sucede porque un día por la mañana despertamos todos con un parche en el ojo y una pata de palo, sino que sucede porque de un momento a otro -con la emergencia de internet- nuestras leyes se hicieron absurdas. Y por eso tenemos que cambiarlas.

4) ¿Qué te parece el proyecto de ley OPEN, actualmente en el senado de Estados Unidos? ¿Te parece que, efectivamente, no afecta la estructura y seguridad de Internet como hacía SOPA, y que establece medidas efectivas o al menos aceptables para proteger la propiedad intelectual e industrial en Internet?

OPEN, a diferencia de SOPA, es una propuesta que ha sido de debate abierto y además pretende, entre otras cosas, apuntar a medidas que efectivamente ataquen el intercambio comercial a gran escala de productos protegidos por derecho de autor, junto con entregarle más atribuciones a organismos públicos. Hoy ha sido apoyada por una serie de importantes empresas de internet, aunque tengo mis dudas respecto de si tendrá piso político para terminar el trámite legislativo. De todas maneras creo que es un buen primer paso para comenzar a debatir con algo más de seriedad y calma asuntos extremadamente complejos y sensibles desde el punto de vista de nuestros derechos en internet.

5) ¿Cómo sería para ti una legislación adecuada para regular estas materias?

Una legislación adecuada debiera ser una legislación equilibrada. Que proteja los derechos de los autores -cuyos intereses no son necesariamente los de la industria que dice defenderlos- pero al mismo tiempo no lo haga a costa de los derechos del público. Esto, que parece muy general, es importante porque me parece que en todo este debate hemos escuchado más la voz de entidades de gestión colectiva e industria del entretenimiento que a los creadores en general. Una ley que proteja a los autores debiera escuchar también la opinión de académicos, investigadores, fotógrafos, bibliotecarios y usuarios de tecnología en general. Adicionalmente, una legislación adecuada debiera descansar en evidencia empírica. ¿Cuál es el verdadero costo de la piratería en internet? ¿Quiénes se ven perjudicados? ¿Cómo, en qué magnitud? ¿El hecho que nunca antes en la historia del país haya tanta gente que esté dispuesta a pagar por ir a ver shows en vivo, tendrá algo que ver con la democratización del acceso y las nuevas tecnologías? Además, una normativa decente de derechos de autor debiera hacerse cargo de los problemas vinculados de la sobreprotección del derecho de autor. Hacerse cargo, por ejemplo, de las obras huérfanas, ese conjunto enorme de obras cuyo plazo de protección no ha expirado pero que se hace muy difícil poder conocer su titularidad. Si hoy una editorial quiere  editar una antología de la mejor poesía chilena de la mitad del siglo XX, se va a encontrar con un problema importante para conseguir los derechos aún no expirados. La opción es o publicar exponiéndose a que aparezca un heredero con ganas de demandar o desistir de la publicación. El problema de esto no es que hoy no se edite el libro. El problema es que cuando en unos años más las nuevas generaciones quieran saber qué poesía se escribía en Chile en la mitad del siglo XX no van a tener fuentes donde consultar. Y de este problema nuestras leyes de derechos de autor no se hacen cargo.

6) Finalmente, ¿qué semejanzas o diferencias ves entre esta barrida contra las nuevas formas de compartir contenido que permite Internet y las de la década anterior, como Napster? ¿Crees, efectivamente, que quienes apoyaban SOPA y PIPA “no entienden la Internet”?

Creo que eso es un error. SOPA, PIPA, ACTA y TPP no existen por ignorancia. Nuestras leyes de derecho de autor no están sobredimensionadas producto de ceguera legislativa. Existen por la enorme influencia de la industria del software, de la música y del cine sobre nuestros legisladores. La experiencia del caso SONY, donde la industria del cine intentó ilegalizar la distribución de los grabadores de VHS caseros en Estados Unidos, Napster, Grokster, la DMCA y las propuestas legislativas actuales muestran como la industria reacciona frente a la emergencia de condiciones distintas a las que vieron crecer sus negocios. La ley de derechos de autor se ha convertido -paradójicamente, al igual que en sus inicios- en un instrumento de control de mercado y de control para la circulación de bines culturales a favor de una industria particular.

No es casual que Lawrence Lessig, uno de los más influyentes pensadores y escritores críticos al derecho de autor actual, esté hoy dirigiendo un centro encargado de estudiar la corrupción en el sistema político.

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