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Ley del Tabaco: que no nos engañen con mentiras

por 10 febrero, 2012

A modo de ejemplo, una ley similar a la chilena, disminuyó en Uruguay en un 17 % los ingresos hospitalarios por infarto agudo al miocardio, luego de tres años de entrar en vigencia. Siendo las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en Chile ¿existirá otra intervención en salud tan fácil de implementar y de tan alto impacto? Probablemente no. Nada ganamos entonces, con agregar más recursos al AUGE sino implementamos una legislación consistente en lo preventivo.
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El supuesto error en la votación de la Ley del Tabaco, es una buena  oportunidad para recordar cuál es el sentido de lo que se discute y que es lo que realmente está en juego.

Por una lado, se encuentran los intereses millonarios de las tabacaleras,  involucrados en la discusión legislativa de una ley que las perjudica, bien defendidos por ellas mismas,  y apoyadas en este trámite, en forma  inexplicable,   por  diputados de la UDI y RN (quienes no acusaron error al votar), y que si bien rasgan vestiduras a la hora de proteger la vida del que está por nacer, curiosamente, no parecen estar tan preocupados de la vida de los que están vivos y no fuman.

En el otro equipo, se encuentra  una sociedad civil fuerte, que creyendo en la libertad, entiende que el límite para el ejercicio de ésta, termina dónde comienzan los derechos del prójimo a vivir en un ambiente saludable.

A modo de ejemplo, una ley similar a la chilena, disminuyó en Uruguay en un 17  % los ingresos hospitalarios por infarto agudo al miocardio, luego de tres años de entrar en vigencia. Siendo las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en Chile ¿existirá otra intervención en salud tan fácil de implementar y de tan alto impacto? Probablemente no.  Nada ganamos entonces, con agregar más recursos al AUGE sino implementamos una legislación consistente en lo preventivo.

Así, nos enfrentamos con un derecho  como es fumar, que si se ejerce cerca de alguien que no fuma, daña su salud en forma lenta, progresiva e irreparable. Legítimo es entonces, poner límites al ejercicio de este derecho, para proteger al mayor perjudicado: el no fumador.

La ley vigente  permite que lugares menores de 100 mts cuadrados, elijan entre ser para fumadores o no fumadores.  En la práctica, todos los lugares menores de 100 mts  cuadrados  han elegido  ser  para  fumadores, por el temor a quedarse sin público, en caso de ser ellos los únicos en optar por lo contrario. Lugares mayores a 100 mts cuadrados, en tanto,  pueden dividirse para fumadores y no fumadores. Una buena idea, pero con nulos efectos. Estudios realizados por el Ministerio de Salud en Chile,  muestran que los lugares supuestamente aislados para no fumadores, tienen nicotina en niveles varias  veces superiores a las existentes en un medio ambiente  realmente sin humo.

Peor aún ¿Qué sucede con los trabajadores, que se ven expuestos a diario a la nicotina, alquitrán y arsénico contenido en el tabaco, sin protección alguna? ¿Puede ser parte de un trabajo aceptar exponerse a un daño a la salud que es evitable con una legislación adecuada?  Ciertamente no.

Esto tiene que cambiar, corrigiendo un sesgo del mercado, que carente de regulación adecuada, deja a trabajadores sin protección y a los no fumadores, sin posibilidad de disfrutar de un pub o discoteque, sin sufrir un menoscabo no deseado a su salud.

La nueva ley es muy simple: prohíbe fumar en todo espacio público cerrado. Los fumadores podrán seguir fumando sólo allí donde no dañen a los no fumadores: en sus domicilios, en espacios públicos abiertos, etc.

Se argumenta que la prohibición bajará las ventas de los restaurantes generando desempleo, lo cual es simplemente falso.  Estudios, independientes, no financiados por tabacaleras, muestran que en todo el mundo, leyes igualmente protectoras de la salud de la población solo producen  descensos transitorios  en las ventas de restaurantes, que se recuperan  en el muy corto y mediano plazo, sin generar desempleo pero si generando un gran impacto en la salud de la población.

A modo de ejemplo, una ley similar a la chilena, disminuyó en Uruguay en un 17  % los ingresos hospitalarios por infarto agudo al miocardio, luego de tres años de entrar en vigencia. Siendo las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en Chile ¿existirá otra intervención en salud tan fácil de implementar y de tan alto impacto? Probablemente no.  Nada ganamos entonces, con agregar más recursos al AUGE sino implementamos una legislación consistente en lo preventivo.

Este es el momento entonces,  para que  le pidamos a nuestros  legisladores  que defiendan la salud  de los trabajadores y de la población en general, por sobre los intereses de las  tabacaleras. Que lo hagan ahora y con coraje, no prohibiendo, sino regulando el ejercicio de un derecho para el beneficio de todos.  Las generaciones futuras, serán su mejor testimonio de gratitud.

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