Dilema cultural - El Mostrador

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Dilema cultural

por 11 febrero, 2012

Quizás el problema cultural excede las capacidades de un Consejo o un Ministerio. Es evidente que existe un deterioro como sociedad y como país en este ámbito por mucho que la Industria de la música, el libro, y el cine hayan crecido en un porcentaje determinado respecto a un año u otro.

En agosto del año 2003 Ricardo Lagos promulgó la Ley que creaba el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Tras un largo debate que involucró a la sociedad civil, comisiones parlamentarias y a expertos se acordó finalmente cual sería el modelo a impulsar.

Desde entonces, ha corrido mucha agua, y sería interesante hacer una aproximación realista de lo que se ha avanzado con la “nueva institucionalidad cultural” como se le llamó en aquel momento. Obviamente, el diagnóstico no es algo tan simple aunque es evidente que las materias pendientes saltan a la vista.

El Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Luciano Cruz-Coke, ha dicho que se está desarrollando una propuesta legislativa que permita unir bajo un mismo paragua a las artes y el patrimonio cultural.

Lo que quiere y obsesiona al Ministro es un Ministerio y lo sabemos. Por otra parte, se levantan voces que defienden a ultranza el modelo vigente y aseguran que un Ministerio para la cultura representa un esquema autoritario, dirigista, y hasta estatista. Que la actual institucionalidad es el fiel reflejo de la diversidad, la participación de la sociedad civil, y de los gremios artísticos. Que levantar un Ministerio es una idea decimonónica, a cambio de un servicio público con una línea de acción más moderna que integre cuerpos colegiados como el que existe hoy. Veremos en el futuro quién gana el gallito.

Quizás el problema cultural excede las capacidades de un Consejo o un Ministerio. Es evidente que existe un deterioro como sociedad y como país en este ámbito por mucho que la Industria de la música, el libro, y el cine hayan crecido en un porcentaje determinado respecto a un año u otro.

Quizás el problema cultural excede las capacidades de un Consejo o un Ministerio. Es evidente que existe un deterioro como sociedad y como país en este ámbito por mucho que la Industria de la música, el libro, y el cine hayan crecido en un porcentaje determinado respecto a un año u otro. Como también es cierto que se pueden sacar cuentas alegres.

El Fondart se creó el año 92 bajo el Gobierno de Patricio Aylwin y sigue siendo el catalizador y dinamizador de cientos de gestores y artistas. Lo mismo el resto de los fondos concursables que son el consuelo de miles de postulantes que año a año siguen haciendo la cola para ganarse un proyecto. Por lo mismo, no es casual que el presupuesto para cultura sea en su gran mayoría para este sector y no para otros. Aproximadamente 22 mil millones de pesos se asigna a este ítem. Es decir, más de un tercio de toda la plata del Consejo de la Cultura y las Artes. El domingo pasado se publicaron los resultados del concurso 2011 y las redes sociales explotaron de inmediato denunciando problemas en la postulación en línea, además de posibles falencias en los procesos de evaluación, y de selección de los proyectos postulados.

Es cierto que los recursos no se puede repartir entre tanta demanda, pero también es verdad que desde que existen los fondos concursables se repite la misma canción. Me pregunto si después de 20 años no habrá algo que revisar en un modelo cultural que prioriza casi exclusivamente por la concursabilidad pública. Porque Ministerio o Consejo de la Cultura, queda la sensación de que el sistema no es suficiente para resolver problemas que son evidentes como por ejemplo la pésima conservación de nuestro patrimonio histórico, la horrible calidad de la televisión, la ausencia del arte en la educación, la poca gestión de centros culturales en regiones, la baja injerencia o participación del mundo privado, y la crudeza de la periferia cultural de grandes sectores de la población excluida sólo por decir algo.

En mi opinión, es fundamental que se mida el desempeño, impacto, y un real seguimiento de los fondos de cultura en todos estos años, y que se haga un diagnóstico que justifique que modelo se hará cargo de la institucionalidad, antes de seguir con el dilema entre un Ministerio o un Consejo, más aún si el resto de las instituciones culturales no reciben el mismo apoyo. Por lo demás, que después de dos décadas se siga creyendo que los fondos concursables son como un papa bueno que ayuda a los artistas no tiene nada de novedoso ni creativo.

Se requiere por lo mismo con urgencia establecer una relación más directa con la industria y analizar legislativamente como se pueden incorporar sectores del ámbito privado junto con la sociedad civil. Por otra parte también hay que analizar como se han invertido los recursos en la regiones que no han llegado a ningún lado. El tema es que no se trata de decir “soy artista” y me tienen que subvencionar. El mundo de la creación se debe legitimar por la calidad de su trabajo y por su obra. Nunca he escuchado a un astrónomo o un físico hacer un escándalo porque no se ganó un proyecto de la Comisión Nacional de Investigación Ciencia y Tecnología. Si Andrés Wood ganó el Sundance Film Festival estoy seguro que no fue exclusivamente porque se adjudicó un fondo del cine.

Sería desacreditar su talento y su capacidad de emprender en un área que requiere de muchas competencias y especialización. Y si Alejandro Zambra edita y vende en España tampoco creo que sea gracias sólo al Fondo del Libro.

Está más que claro que ya no vivimos en la época en que las élites tenían un piano en sus casonas y seguramente hoy la cultura les importa un rábano. Hoy la sociedad exige mucho más y se requiere de una institucionalidad con mayores competencias que no quede al arbitrio de ningún sector en especial y menos de quienes no prestan atención al desarrollo cultural del país como la propia clase política. Sólo a modo de anécdotas, el Presidente de la Cámara de Diputados Patricio Melero aseguró hace poco, que tiraría por la ventana los libros de Homero, y en una entrevista de la Revista El Sábado, se deja entender que el Ministro Cruz-Coke no lee literatura chilena.

Si es cierto, el Ministro no se puede olvidar que deberá este año representar a Chile en la Feria del Libro de Guadalajara con el colectivo lleno de escritores criollos. No me lo imagino en su discurso inaugural citando a Philip Roht o a Ian Mac Ewan. Tampoco hay que olvidar que el propio Consejo del Libro con la Universidad Diego Portales está impulsando la presentación de Nicanor Parra al Nobel. Ojalá todo sea una equivocación, o como se dice más elegantemente “un mal entendido”.

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