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Por una Renovacion de la Politica Exterior Chilena

por 13 febrero, 2012

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La Política Exterior Chilena necesita imperiosamente una renovación no sólo en cuanto a su estructura administrativa, política y profesional, sino que además, en cuanto a la identificación clara de sus objetivos políticos regionales.

Se aprecia la ausencia de una Hoja de ruta global y específica en cuanto a los intereses que Chile debe priorizar y a los actores regionales hacia los cuales debemos tender puentes o reforzar otros. Todo parece indicar que el Edificio Carrera va a la deriva, reaccionando frente a posturas erráticas dictadas en otras capitales. Se necesita pasar de una “política exterior” chilena –que a todas luces no se aprecia claramente- a una cancillería que se ocupe de los “asuntos exteriores” en su conjunto, priorizando generar escenarios y no solo proyectarlos.

La “Política” exterior chilena debe observar las transformaciones que han sacudido el entono regional estas ultimas décadas, identificando si los cambios en los ámbitos ideológicos han modificado efectivamente los intereses permanentes de los Estados en cuestión. Un nuevo mapa geopolítico ha emergido de las cenizas de aquel que gobernó las cancillerías durante la Guerra Fría y la fase conocida como post-post Guerra Fría.

Un “Arco de Integración” ha tomado forma en Sudamérica, compuesto de núcleos de proyección geopolítica, el primero al norte, compuesto por el eje Ecuador-Colombia; el segundo, formado por el eje Paraguay-Uruguay. Al norte, Colombia comparte con Chile un aliado extraregional común: los EE.UU. Un poco más al sur de Bogotá, el Ecuador ha demostrado que más allá de los cambios ideológicos introducidos por Rafael Correa, un “agente” de desconfianza les une: Perú. Al oriente del continente se erige el otro núcleo de proyección geopolítica: Uruguay y Paraguay. Habiéndose tomado nota del repliegue estratégico trasandino –uno que dura más de una década-, un vacío de poder se mantiene presente y Chile debe responder ante el mismo. Esta nueva estrategia propositiva hacia este espacio oriental no debe ser dirigido a aislar Argentina, sino que a generar nuevos aliados estratégicos diplomáticos. En este caso, asociaciones de naturaleza comerciales, económicas y políticas deben ser priorizadas, sin dejar de lado la diplomacia militar.

El Edificio Carrera debe reordenar su visión de Sudamérica en función de esta nueva realidad, sumando a ella la consolidación de una Argentina que observa a Chile como un actor política y diplomáticamente relevante a la luz de la problemática de Las Malvinas/Falklands.

De manera opuesta a este Arco de Integración encontramos este Polo de Conflicto asociado a Perú y Bolivia. Un Polo con el cual deberemos lidiar en forma casi permanente. La Cancillería debe asumir este hecho como una realidad consolidada, casi inmutable en el tiempo. La hostilización desde ambas capitales posee todo el potencial de ser permanente por cuanto réditos políticos se obtienen de ella, en virtud de la debilidad institucional estructural en dichos dos países.

Ante este Polo de Conflicto, debemos ser propositivos, generar políticas paradiplomáticas, generando una mayor conexión e interacción con las sociedades  civiles de ambos países. Políticas de cooperación en los ámbitos académicos, socio-culturales y económicos deben ser privilegiados.

Desde la perspectiva anterior, el Edificio Carrera debe integrar en su planificación y visión política del espacio regional la existencia de estos dos actores asociados a este Polo de Conflicto y sus intenciones y motivaciones políticas y político-estratégicas hacia Chile.

En virtud de esta nueva perspectiva, la Cancillería debe generar una estrategia propositiva sobre el plano político y diplomático, no meramente reactiva frente a posturas revisionistas del orden fronterizo. Una activa estrategia de asociaciones estratégicas debería ser potenciada con el Arco de Integración, en particular con los núcleos de proyección geopolítica en función del surgimiento de un Nuevo Orden Sudamericano.

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