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Tres Cosas Muy Importantes

por 14 febrero, 2012

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Voy a tener que escribir por etapas, porque se han acumulado tres circunstancias demasiado importantes: la primera, la condena de Baltasar Garzón; la segunda, la comprobación de que el nuevo electorado chileno, a raíz de la inscripción automática, se ubica a la izquierda del antiguo; y la tercera, la confirmación de que el actual Gobierno, un "pato cojo" a estas alturas, ha abrazado definitivamente lo sustancial del ideario de la oposición. Es decir, el cambio de régimen se ha adelantado en dos años, con la única salvedad de que la Concertación deberá esperar ese plazo para retornar a las "pegas" perdidas (y la Alianza para dejárselas).

Entonces comencemos hoy día por lo de Garzón, para terminar mañana y pasado con los otros dos temas.

Esto de su condena ha sido realmente fantástico, porque los españoles han optado por el mismo camino que el FBI para liquidar a Capone (condenarlo por evasión de impuestos). A Garzón lo han suspendido por once años en razón de escuchas ilegales decretadas por él. En ninguna parte se suspende a un juez por eso. A lo más se anula su fallo, como en el caso Letelier, en que todos los autores del atentado, el norteamericano Townley y los cubanos exiliados que colaboraron con él, quedaron finalmente libres, el primero por negociación de su confesión y los segundos por anulación del juicio en razón del uso de escuchas ilegales.

Todos sabemos, entonces, que no es por eso por lo que se ha suspendido a Garzón. Lo han condenado por no respetar la amnistía en España. Pero como España entera aplaudió de pie (incluidos la derecha y el franquismo: bastaba leer el ABC) cuando Garzón prevaricó para desconocer la amnistía, la prescripción, la soberanía judicial chilena, la inmunidad diplomática, la inmunidad de jefe de Estado, la cosa juzgada, el principio pro reo y la presunción de inocencia de Augusto Pinochet, ahora esa misma España no puede, si es que tiene un mínimo de consecuencia y respeto por las apariencias, condenar a Garzón por desconocer la amnistía y la prescripción de allá.

Así es que aquí y ahora hago un pronóstico: no lo van a condenar por prevaricación. Ya lo han suspendido, en la práctica, de por vida. Y eso es suficiente. A Al Capone lo metieron preso por evadir impuestos, y eso fue suficiente. Ya después habría tiempo para lo demás, pero mientras tanto quedaba fuera de circulación, que era lo importante. Lo mismo ahora Garzón. Y que otros prevaricadores en potencia tomen nota. En España, por supuesto, porque en Chile ellos siguen gozando de respaldo y protección general.

A todo esto, la izquierda mundial está enfurecida. Para ella es esencial que se pueda castigar a quienes combatieron sus actividades revolucionarias armadas. Hoy José Miguel Insulza, un socialista chileno en comisión de servicios en la OEA, aparece en "El Mercurio" asumiendo la defensa de Garzón. Afirma que la condena ha sido exagerada, pero sin querer hace una confesión impagable: que, conversando con Garzón, ambos lamentaron que la legislación internacional declarando inamnistiables e imprescriptibles los delitos de lesa humanidad se hubiera consagrado recién en 2009. Si se hubiera dictado antes, concordaron, "nos habría ahorrado muchos problemas". "Problemas": legalmente no se podía condenar por hechos amnistiados y prescritos. Pero Garzón lo hizo, de ahi su prevaricación.

Por supuesto, Insulza le ha ofrecido trabajo en la OEA. Entre socialistas hay solidaridad. Y no me extrañaría que en La Moneda estuvieran pensando también que el aporte de Garzón podría ser útil en la Oficina de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, dedicada a perseguir a militares (r) chilenos, mientras sus camaradas en activdad "miran para el otro lado". En este oportunismo los chilenos se parecen a los españoles ("quien lo hereda no lo hurta"). Digo "se parecen" porque en esto de darse vuelta la chaqueta no me considero chileno.

Lo concreto es que Baltasar Garzón confiesa estar "hecho polvo". Muy merecido. Quiso hacer polvo a Pinochet y finalmente lo hicieron polvo a él. Van cayendo de a uno. Olof Palme, primer ministro sueco que hacía donaciones para el terrorista FPMR de Chile en los '80, fue asesinado por un terrorista.

Es el caso, entonces, de recordar la famosa exclamación de Julio Martínez Prádanos en 1962, cuando Chile derrotó a la URSS (esa vez fue en fútbol; después, gracias a Pinochet, sería en todo lo demás): "¡Justicia divina!".

La segunda cosa muy importante de estos días es que el nuevo padrón electoral, con casi cinco millones de personas adicionales inscritas, está visiblemente a la izquierda del antiguo.

Todo esto comenzó hace casi veinticinco años, cuando las personas más radicalizadas, léase, como siempre, Partido Comunista y sus seguidores, no quisieron participar del plebiscito entre el "sí" y el "no" y no se inscribieron en 1988. Después, recalcitrantes, pese a haber ganado el "no", tampoco quisieron inscribirse para las elecciones de 1989 y siguientes. ¿Por qué? Por la misma razón por la cual no lo habían hecho hasta ahora: no creen en la democracia burguesa, creen que una revolución va a derrocar al orden establecido e instituir un régimen como el de Cuba, que es el que les gusta.

Los revolucionarios siempre están creeyendo que viene la revolución. Pero la diferencia con el pasado reside en que ahora los inscribieron de todas maneras, hasta contra su voluntad. Y pueden ir a votar sin haber resignado ninguno de sus prejuicios revolucionarios, pues se salieron con la suya y no se inscribieron. Pero ahora pueden votar y antes no. Y tal vez lo hagan. Por lo menos, contestan las encuestas.

Pues bien, "La Tercera" sondeó a los no inscritos que ahora sí lo están. ¿Y cuál es el resultado? Que, como era de esperarse de la breve historia electoral anteriormente reseñada, son más izquierdistas que los inscritos. Por ejemplo, entre Bachelet y Golborne, ella gana 59% a 33% entre los inscritos y 67% a 24% entre los no inscritos, ahora nuevos inscritos.

Entre Bachelet y Longueira, gana la primera 67% a 23% entre los inscritos y 79% a 11%entre los nuevos.

Entre Velasco y Allamand gana Allamand 38% a 35% entre los inscritos, pero gana Velasco por 36% a 23% entre los nuevos. Entre Longueira y Lagos Weber gana el primero 39% a 36% entre los inscritos y gana el segundo 48% a 28% entre los no inscritos.

Es otro universo electoral.

Y el rasgo antisistémico de los nuevos inscritos queda de manifiesto en la votación de Marco Enríquez-Ominami, pues ante la pregunta de si votarían por él si la elección fuera este domingo, los que sí lo harían son el doble entre los nuevos inscritos que entre los antiguos.

Una pregunta pertinente es si estos casi cinco millones de nuevos electores son más o menos propensos a ir a votar que los antiguos. Se supondría que si no tuvieron ni siquiera la disposición para ir a inscribirse, tampoco ahora, sobre todo si el voto es voluntario, van a ir a votar. Pero eso es una incógnita. Bien podría ser que resolvieran hacer la revolución votando. En todo caso, si pensamos que van a ir a votar en la misma proporción que los antiguos inscritos, indudablemente las nuevas elecciones van a favorecer más a la izquierda que las anteriores.

Y si ya es un dato que en la próxima elección presidencial una mayoría sustantiva, según ésta y todas las demás encuestas, elegirá a Michelle Bachelet, un dato menos firme, pero igualmente ineludible, será que ella contará con el respaldo de un electorado situado bastante más a la izquierda que el previamente existente. Y eso coincide con el pensamiento profundo de Michelle Bachelet, que siempre fue una persona muy de izquierda, tanto que en las elecciones de 1989 no formaba parte de la Concertación, sino del PAIS, el conglomerado del Partido Comunista y otras fuerzas de extrema izquierda. Sólo cuando el sistema binominal implicó la desaparición del PAIS y éste fue subsumido por la Concertación, Michelle Bachelet se incorporó activa y disciplinadamente al Partido Socialista, desde el cual fue escalando posiciones hasta llegar a ser ministra de Salud, luego de Defensa y finalmente candidata presidencial y Presidenta.

En este último desempeño hizo gala de pragmatismo. Pero es posible que el dogmatismo que la adscribió al PAIS al término de la transición (pues la transición terminó, como casi nadie sabe, pero todos debieran saber, el 11 de marzo de 1990) podría hacerse presente otra vez en su temperamento y su conducta como mandataria si es elegida en 2013 con el respaldo de un electorado mucho más izquierdista que el que la elegió en 2005-6.

Y si hasta tenemos un gobierno supuestamente de centroderecha que ha abrazado el ideario de la centroizquierda, que es el siguiente tema importante de estos días, ¿qué se puede esperar entonces de un gobierno de centroizquierda encabezado por una Presidenta más izquierdista que la Concertación y elegida por un electorado también situado a la izquierda del que antes la eligió? Yo esperaría que esta vez se hiciera patente eso que dijo ella en su primer discurso presidencial de 2006, y que nunca más después repitió: "cuando la izquierda sale a la calle, la derecha se pone a temblar".

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