Arnold Schwarzenegger: La paternidad - El Mostrador

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Arnold Schwarzenegger: La paternidad

por 16 febrero, 2012

En su origen, la teoría del autor se inventó para argumentar que ciertos directores tenían una coherencia y un mundo personal que se repetía de una película a otra. A su alero, se construyó el mito de Alfred Hitchcock como el maestro del suspenso, de John Ford como el rey de los mitos americanos y de Orson Welles como un artista obsesionado con el poder y los bemoles de la traición.

Pero el tiempo ha demostrado que la teoría del autor vista desde esa perspectiva es bastante estrecha. Que, por ejemplo, decir que Kubrick es el autor único de Espartaco es injusto a la luz de la relevancia que Kirk Douglas tuvo como productor y gestor del proyecto desde su inicio.

Más aún, el tiempo ha demostrado que un actor inteligente (o al menos sensible) puede construir una filmografía tan coherente como la de un cineasta europeo de capilla intelectual del estilo de Godard o Resnais.

Arnold Schwarzenegger debutó en cine con Hércules en Nueva York (1969), una comedia absurda donde interpretaba al semidiós griego buscando el amor en Manhattan. Luego tuvo un breve secundario en El Largo Adiós (1973), de Robert Altman, pero su primera película hecha y derecha fue Conan el Bárbaro (1982), el subvalorado drama épico de John Millius.

Conan es una historia de aventuras y magia, pero ante todo es la historia de un huérfano, cuyo padre es asesinado por un villano que luego se vuelve la monstruosa figura paterna que el héroe debe destruir. Y de ahí en adelante, la carrera de Schwarzenegger cobró un extraño giro donde –entre pistolas, bíceps y monstruos del espacio y el futuro- el ex fisicoculturista construyó una carrera sobre padres que fracasan e hijos que exigen protección.

En Comando (1985), fue un ex soldado que arrasa ejércitos enteros para rescatar a su hija, de quien es padre y madre. Lo que hace bastante significativo el nombre de su personaje: John Matrix, un apellido de ecos uterinos ligado a un primer nombre bíblico. Juan fue un discípulo de Jesús (“el más querido”) y también fue el Bautista que le declaró Hijo bautizándole en agua. En Raw Deal (1986), Arnold reapareció como un agente del FBI que es reclutado para vengar la muerte del hijo de su jefe. Para eso, debe infiltrarse en una familia mafiosa y pretender ser uno de ellos.

En Depredador (1987), el musculoso de pelo al cepillo es un marine que ve con horror cómo su unidad es desbaratada por un cazador alienígena invisible. El héroe casi muere en la explosión donde el extraterrestre se inmola, pero antes consigue rescatar paternalmente a la única mujer de la historia, una aldeana con la que jamás se atisba un solo interés romántico.

En Running Man, del mismo año, Ben Richards es un policía que rehúsa disparar contra los manifestantes civiles que ha jurado proteger. Por eso va a dar a la cárcel y de ahí a un reality sádico donde los participantes corren por sus vidas. De nuevo, el héroe sufre daño físico por intentar salvar del daño a otros.

En Danko: Al Rojo Vivo (1988) hay una variación muy interesante del tema. Danko es un implacable policía ruso, sin sentimientos ni modales, pero que es capaz –cuando nadie lo ve- de dejar que la novia del criminal escape para que cumpla su rol de madre. El no puede ser el padre de esa familia, pero (en un momento de debilidad) permite que la familia exista en vez de desaparecer. En Gemelos, la comedia de 1989 con Danny de Vito, el foco se mueve: Arnold ya no es el padre desaparecido en acción, sino el hijo que busca respuestas. La misma búsqueda que realiza Douglas Quaid, el héroe de El Vengador del Futuro (1990), cuya tragedia es creer que es un hombre de familia cuando en verdad no existe. Su personalidad es un programa insertado en la cabeza de un villano y por eso el final de la historia es tan perturbador: la programación (el deseo de ser un hombre decente capaz de quedarse con la chica) le gana al ser humano original.

Un Detective en el Kinder (1990): otra historia sobre un padre postizo que ahora debe hacerse cargo no de un solo niño, sino de varios. El Ultimo Gran Héroe (1993): un personaje de ficción cruza la barrera hacia el mundo real y su principal preocupación –aparte de atrapar a los criminales- termina siendo ser una figura paterna tanto para su hija (en la ficción) como para el niño que le idolatra (en el mundo real).

En Mentiras Verdaderas (1994) el ciclo empieza a cerrarse y de alguna forma el actor y el personaje se vuelven autoconscientes. Harry Tasker finge ser un simple padre y esposo ejemplar, pero en secreto es un agente gubernamental de alto vuelo. Sólo al calor de la crisis y la aventura, entenderá que para conservar su familia –y salvar el día- debe fusionar ambos mundos: la familia que combate el terrorismo unida, permanece unida.

Junior (1994) es una variante extrema de Comando. El personaje es padre y madre no sólo en sentido figurado, sino también biológico. Arnold se embaraza y el chiste no sólo radica en que al personaje lo interprete un héroe de acción, sino también que el cambio hacia el otro bando no sea radical. Arnold nunca se vuelve completamente femenino.

El Protector (1996), otra historia sobre un solitario que deja atrás sus reglas profesionales para salvar la vida de una mujer que (de nuevo) no representa interés romántico, en tanto es sólo una hija postiza, no una posibilidad de pareja. El Regalo Prometido (1996), una comedia que es una basura hasta que se la considera una meditación sobre la figura de Schwarzenegger como otro padre ausente y esposo mediocre que debe asumir (al calor de una peripecia ridícula) la estatura heroica que su hijo está buscando en una figurita de acción.

Batman y Robin (1997), una mugre donde Schwarzenegger interpreta –es un decir- a Victor Fries, un villano de hielo que ha caído en la maldad buscando un remedio para rescatar a su mujer del coma.

En El Día Final (1999), el personaje ya está en recesión. Jericho Cane es un ex policía endurecido por la muerte de su familia, pero que debe proteger a una chica para evitar que el mismo Diablo la fecunde y la haga la madre del Anticristo. Cane es un padre que ha fallado a su propia sangre. Por eso, su única posibilidad de redención es evitar la fundación de la peor familia posible: la de Satanás.

La misma idea del hombre incapaz de proteger a los suyos (tragedia que intenta paliar a través de la violencia) está en El Sexto Día y en Daño Colateral, donde su familia muere a manos de terroristas.

Y entonces, claro, está Terminator. La saga que define la carrera y personalidad de Schwarzenegger y que es, en sí misma, una extensa fábula sobre padres ausentes, hijos que salvan al mundo y máquinas que toman el rol paterno sin querer.

En Terminator 3 nos enteramos que John Connor fue asesinado debido a que Skynet usó como sicario a un cyborg idéntico al que había sido el tutor del chico en Terminator 2. Un cyborg que ya era el mismo que asesinara al padre de Connor en el primer filme de 1984.

Kyle Reese, el padre de Connor, es enviado desde el futuro no para proteger a su madre, sino para fecundarla, un dato cruel que se entiende al final de los tres filmes. Hay un cuarto, pero dejémoslo fuera de esta discusión, de la misma forma en que en las conversaciones familiares no se menciona al tío borrachín que pegó fuego a la casa de los abuelos.

En el primer episodio, Arnold es una máquina sin emociones que intenta evitar un nacimiento y la invención de una familia. Asesina al padre y casi consigue matar a la madre. Sin embargo, sin querer, esta máquina programada para destruir termina siendo otra clase de fecundador, al ser el modelo para la revolución tecnológica que vemos nacer en Terminator 2.

En esa segunda parte, el cyborg adquiere emociones y se vuelve –con el beneplácito de la madre sanguínea- el padre que John Connor necesita para convertirse en líder de la rebelión. Como todo padre de relato épico, una vez cumplida su misión, debe desaparecer.

En Terminator 3, vuelve bajo la carcasa de otro modelo. Pero es, de hecho, el cyborg que asesinó a John Connor en el futuro, lo que le convierte en una clase de figura paterna monstruosa y cargada de malos augurios. Hacia el final de la historia, el choque entre su programación, el daño que le hace la Terminatrix y las emociones que ha desarrollado hacia su “hijo” le provocan un colapso. El padre mecánico debe reiniciarse, volver a nacer y enviar a sus vástagos (John Connor y Kate Brewster) a un refugio nuclear donde puedan liderar el renacer de la humanidad.

Gustav Schwarzenegger, ex militar y ex miembro del Partido Nazi, murió en 1972. Según cuenta la biografía de Wendy Leigh sobre Arnold, el viejo Gustav siempre fue duro con el chico, tal vez bajo la sospecha de que el futuro gobernador de California no era su hijo biológico. Buscar alusiones freudianas en el cine es un mal de larga data. Pero la mención, a la luz de la carrera del personaje, me parece pertinente.

(*) Texto publicado en Somosblogs.cl

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