Sistema binominal: las trampas de la clase política - El Mostrador

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Sistema binominal: las trampas de la clase política

por 18 febrero, 2012

Lo que se debate realmente es continuar con una democracia a medias, donde una minoría conservadora controla el poder político, o abrir paso de verdad a una democracia representativa y participativa donde sea la ciudadanía la que decida el país que queremos.

La última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), de diciembre de 2011, señaló que el Presidente Piñera sólo tiene un 23 % de respaldo.

La misma encuesta —la más respetada en el país— indica también que el 60 % de los chilenos es partidario de terminar con el Sistema Binominal que rige las elecciones de cargos populares y cambiarlo por uno que permita que todas las fuerzas estén debidamente representadas, como corresponde en una democracia verdadera. Sólo el 17 % es partidario de que el sistema debe mantenerse.

Esta mayoría categórica de ciudadanos que demandan el fin del Sistema Binominal, ha instalado el debate respecto del sistema de elecciones que rige en Chile desde el fin de la dictadura y el reinicio de la democracia.

Lo que se debate realmente es continuar con una democracia a medias, donde una minoría conservadora controla el poder político, o abrir paso de verdad a una democracia representativa y participativa donde sea la ciudadanía la que decida el país que queremos.

Lo que se debate realmente es continuar con una democracia a medias, donde una minoría conservadora controla el poder político, o abrir paso de verdad a una democracia representativa y participativa donde sea la ciudadanía la que decida el país que queremos.

DEMOCRACIA “PROTEGIDA”

Quiérase reconocer o no, la actual democracia sigue siendo una democracia protegida, tutelada, tal como la concibió Jaime Guzmán, llena de trampas destinadas a impedir los cambios estructurales en la sociedad: unas Fuerzas Armadas que no han sido debidamente democratizadas y que siguen siendo las mismas que dieron el golpe de Estado en 1973, con serios conflictos de “intereses” políticos y familiares con  la clase política. Una Constitución impuesta en plena dictadura y que no emana de una asamblea constituyente elegida democráticamente por la ciudadanía, única propietaria de la soberanía. Y un modelo electoral (Sistema Binominal) que permite a la derecha que siendo no más de un tercio de la sociedad imponga su modelo de país contra la voluntad  de la inmensa mayoría, porque es muy claro que 66 es más que 34.

El 60 % de los chilenos que hoy exige el cambio del Sistema Binominal, no sólo demanda el cambio de un sistema de elecciones, sino que exige, en el fondo, una profunda transformación del modelo de sociedad, del Chile que queremos la mayoría, un Chile que respete la participación ciudadana en las grandes y pequeñas decisiones políticas, en las cuestiones nacionales y comunales. Un nuevo orden político, un nuevo modelo de sociedad que nos respete como ciudadanos libres e inteligentes y que deje de imponernos, contra nuestra voluntad, una democracia protegida, tutelada. Todos los mecanismos de protección que impone la actual constitución —entre los cuales está el sistema binominal como uno de los principales mecanismos e instrumento de tutelaje— protegen en realidad los intereses económicos, políticos y sociales de una minoría que impone sus intereses por sobre los de la mayoría de los chilenos.

Este es el contexto dentro del cual se debe abordar el debate que se ha abierto y que en pocos días ha mostrado quién es quién cuando de democracia se trata.

La UDI, y los sectores más conservadores de RN, incluyendo al propio Presidente Piñera, han dicho con claridad que no quieren que se cambie el SB, con el argumento de que es el único que brinda estabilidad y que las urgencias de los chilenos son sociales y no políticas. Es decir, una vez más, la derecha intenta imponer un falso dilema: binominal o caos, binominal o inestabilidad.

LA COMPLICIDAD DE LA CONCERTACIÓN

Y una vez más la Concertación tiene complicidad en la sobrevivencia hasta hoy de esta cuasi democracia y de este sistema electoral concebido y nacido en plena dictadura, porque la verdad es que en 20 años poco o nada hizo en serio por cambiar un sistema con el cual también se sentía cómoda, porque, al fin y al cabo, el modelo político y el sistema electoral es garantía de la reproducción de privilegios de poder.

Diputados y senadores eternizados en sus cargos, reelegidos una y otra vez gracias a un sistema que garantiza la elección prácticamente desde el minuto mismo en que las elites que dirigen los partidos designan a los candidatos. Para qué cambiar un sistema que fue diseñado para darle un diputado y un senador a cada actor del duopolio e impedir que candidatos de fuerzas externas puedan ser elegidos.

A decir verdad, ningún pretexto, ninguna argumentación puede eximir a la Concertación de su responsabilidad y complicidad en la mantención por más de dos décadas de un sistema electoral y político tan antidemocrático y despreciativo de la voluntad ciudadana como lo es el actual sistema binominal de elección de cargos populares.

Para la derecha en cambio, puede ser comprensible su férrea defensa de este sistema electoral antidemocrático, porque está en su naturaleza, en su ADN, no permitir la expresión de las mayorías que amenazan sus posiciones de poder en la sociedad.

Prueba del pecado concertacionista es el intento de Ricardo Lagos, en 2005, de convencer a los chilenos de que las últimas reformas a la constitución pinochetista la convertían en una Constitución Política auténticamente democrática.

El 17 de septiembre de 2005, en una puesta en escena monumental, el entonces  Presidente Lagos promulgó el texto reformado de la Constitución. En medio de la entusiasta y prolongada ovación de todas las directivas de los partidos de la concertación y la casi totalidad de los parlamentarios de la entonces coalición gobernante, el líder de la Concertación afirmó: “Este es un día muy grande, tenemos razones para celebrar, pues tenemos una Constitución democrática, lo que significa el mayor homenaje a las glorias patrias… Hoy despunta la primavera”.

En su discurso en el palacio de La Moneda, Lagos fue interrumpido en diez oportunidades por fervorosos aplausos de la distinguida concurrencia, incluidas las directivas de la UDI y RN.

Ese mismo día, respecto del sistema electoral, Ricardo Lagos Escobar dijo que ese era un aspecto que escapaba del ordenamiento constitucional “y en mi opinión debe ser modificado…”.

“Esta nueva Constitución ya no nos divide” —dijo Lagos al terminar su emotivo discurso—.  Acto seguido, firmó los tres ejemplares del nuevo texto constitucional, mientras el coro Sinfónico de la Universidad de Chile, el Coro de Cámara de Codelco y el coro de la Escuela de Carabineros entonaban, al unísono, el “Himno a la Alegría”.

No cabe duda, ya que la derecha nos impuso desde la dictadura una camisa de fuerza, con un sistema político diseñado desde 1977 a 1989. Este sistema fue aceptado por la Concertación sabiendo que su objetivo era proteger un modelo que privilegiaba los intereses de una minoría.

La derecha y la Concertación negociaron y acordaron una salida pactada cuando se dieron cuenta de que la movilización social y las multitudinarias protestas hacían tambalear a la dictadura. Este acuerdo de la clase política lo llamaron “transición”, “acuerdo nacional” que no fue más que un pacto político por el cual la Concertación renunciaba a la movilización social que había llevado a la derrota de la dictadura; aceptaba que las violaciones a los Derechos Humanos se investigaran y castigaran a medias, “en la medida de lo posible”; que se conservaran y ampliaran los privilegios del gran empresariado y que se siguiera adelante con las políticas privatizadoras de la educación, de la salud y la previsión. La Concertación aceptó que se continuara con el proceso de desnacionalización del cobre. La dictadura sólo alcanzó a  desnacionalizar el 30% del cobre chileno. La Concertación con una eficacia privatizadora mayor que la de la propia derecha, desnacionalizó el otro 70%, dejando a Codelco, al país, con sólo el 27% de las inmensas riquezas que deja el cobre.

Más que “transición”, lo que la Concertación impulsó fue la “consolidación” del modelo impuesto por la derecha y el poder financiero. No por nada ministros de Hacienda de la Concertación como Aninat y Eyzaguirre pasaron directo a ocupar altos cargos en el FMI.

Esta es la mayor crítica que se le puede hacer a la Concertación: el haber renunciado a impulsar los cambios que el país exigía y necesitaba para pasar de la dictadura a una democracia de verdad, sin tutelas ni protecciones. A una democracia verdadera no hay porqué protegerla de la ciudadanía, en la ciudadanía radica la soberanía, por eso los ciudadanos no necesitamos ni de tutores ni de protectores.

Por eso, la Concertación tiene hoy un respaldo que no supera el 20%. Es el castigo de la ciudadanía a una fuerza política que entregó a la derecha mucho más de lo que la misma derecha exigía.

CRISIS DE LA INSTITUCIONALIDAD

Este es el trasfondo de la crítica al sistema político y a las instituciones que lo sustentan. La falta de confianza y credibilidad en las instituciones que sostienen el actual orden político, económico y social, ha alcanzado niveles que ponen al país al borde de la ingobernabilidad.

Hay una severa crisis de representatividad, la ciudadanía no se siente representada por las actuales autoridades, por los actuales partidos políticos, por los gobernantes, por los Diputados y Senadores, que son fruto de un sistema electoral injusto y antidemocrático. Se suma a ello un sistema de reemplazo parlamentario que desprecia absolutamente la voluntad popular, permitiendo que sean senadores o diputados personas que no fueron electas sino que designadas por las directivas de los partidos, o autodesignadas como es el caso del presidente de RN, hoy senador Carlos Larraín.

Revisemos algunas cifras que nos entregó la encuesta CEP de diciembre de 2011 respecto de la falta casi total de credibilidad de los chilenos en las actuales instituciones político-institucionales:

Item: Nivel de confianza en las instituciones

INSTITUCIÓN                                 %

Televisión                                        32

Municipalidades                             25

Gobierno                                          22

Sindicatos                                        22

Empresa privada                            18

Ministerio Público                           17

Congreso Nacional             13

Tribunales de Justicia                    13

Partidos Políticos                            7

Otro dato que resulta relevante es el de la identificación política. La pregunta que hizo la CEP fue: “De las siguientes tendencias políticas ¿con cuál usted se identifica o simpatiza más?”

Concertación                                   20

Coalición por el cambio     13

Juntos Podemos                 4

Este dato es más que decisivo en cuanto a reflejar el grado de la crisis institucional: las tres coaliciones que manejan la política chilena, juntas, suman a penas el 37 por ciento.

No debe extrañar, entonces, la crítica al sistema político-institucional, a la clase política mayoritariamente rechazada, lo que la lleva a la deslegitimación, y al país a una situación de crisis por falta de representatividad. El nivel de confianza en el Congreso no supera el 13 por ciento, la nada misma.

LAS TRAMPAS DEL SISTEMA BINOMINAL

Esta desconfianza en el Congreso tiene que ver directamente con el sistema electoral que permite que una minoría controle la política, porque siempre tendrá una representación parlamentaria que le permitirá bloquear cualquier cambio que afecte sus intereses.

El actual sistema electoral impide una auténtica representatividad, dejando fuera de las grandes decisiones políticas a sectores significativos de la sociedad. Es un sistema que entrega un poder excesivo a las actuales cúpulas partidistas las que, en la práctica, deciden quien será parlamentario, permitiendo la reelección indefinida de los mismos diputados y senadores.

Para que una lista elija a sus dos candidatos se requiere doblar en porcentaje a la otra lista. Si no hay doblaje, resultan electos las dos primeras mayorías de las listas más votadas.

Así, se ha dado que una lista que obtiene el 34 % de los votos tendrá la misma representación parlamentaria que una que alcanza el 66 % de los sufragios, obteniendo cada conglomerado el 50 % de los escaños. Por eso se dice que con el sistema binominal “el que pierde no pierde, sino que empata”.

Sólo si la lista que obtiene más votos dobla el porcentaje de votos de la segunda lista con mayores preferencias, obtiene los dos escaños. Si no es así, y aunque falte un solo punto porcentual (64% y 34%) la lista que obtiene el 34% alcanza la misma representación parlamentaria que la lista que logró el 34%, es decir ambas coaliciones tendrán el 50% de diputados o senadores.

Y aquí está la trampa, porque este 50% de representación parlamentaria que obtiene el que sólo sacó el 34 % de los sufragios, le permite bloquear cualquier intento de reforma constitucional, porque los quorums exigidos superan la simple mayoría.

Así:

Las Leyes Interpretativas de la Constitución —las que precisan o explican el sentido y alcance de un precepto o una expresión de la Constitución Política—, para ser aprobada, modificada o derogada, requiere de los tres quintos de los Diputados y Senadores en ejercicio, esto es el 60% de los diputados (72 de 120 diputados).

Las Leyes Orgánicas Constitucionales –normas complementarias de la Constitución relativas a ciertas materias expresamente previstas en el texto constitucional–  para ser aprobadas modificadas o derogadas, requieren de las cuatro séptimas partes de los diputados y senadores en ejercicio, esto es el 57 % de los diputados (68 de 120 diputados).

Las Leyes de Quórum Calificado —las que tratan sobre materias señaladas en la Constitución— para ser aprobadas, modificadas o derogadas requieren de la mayoría absoluta de los diputados y senadores en ejercicio.

Como se ve es prácticamente imposible que las actuales autoridades políticas cambien el actual sistema electoral por uno auténticamente representativo.

Los cambios que el país necesita son mucho más profundos y tienen que ver con nuevas fuerzas políticas, con el fortalecimiento del movimiento social y con la elección de nuevas autoridades que permitan comenzar por devolver la soberanía a los ciudadanos para darnos una nueva Constitución Política y construir un  nuevo orden social y político.

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