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El señorito de Aysén

por 7 marzo, 2012

Lo realmente importante es que la opinión pública llame ‘ciudadano’ a un movimiento cuyos mecanismos de presión son ilegales y que ya carga sobre sí con dos muertos; y que esa misma opinión pública hable de ‘represión’ cuando el Gobierno cumple el mandato constitucional de hacer respetar el orden público.
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Poco importa si las demandas de Aysén son o no legítimas. Que haya razones estratégicas para favorecer a la población de las zonas extremas del país, o que la necesidad de descentralizar sea objetiva, no justifican nada de lo ocurrido en la Región.

Porque quien pide beneficios de la sociedad  pasando a llevar normas básicas de convivencia social, pierde ipso facto (y por esa sola causa) el derecho a ser atendido en sus demandas. La razón es simple: uno no puede situarse en la frontera exterior de la institucionalidad y pedir desde ahí derechos que solo pueden existir a su amparo.

Lo realmente importante es que la opinión pública llame ‘ciudadano’ a un movimiento cuyos mecanismos de presión son ilegales y que ya carga sobre sí con dos muertos; y que esa misma opinión pública hable de ‘represión’ cuando el Gobierno cumple el mandato constitucional de hacer respetar el orden público.

Poco importa también si el apoyo al movimiento es o no mayoritario. Sólo un gobierno bananero resuelve sus conflictos al vaivén de la simpatía popular. Los regímenes democráticos mínimamente serios operan sobre la base de principios que trascienden la siempre circunstancial opinión de la mayoría ¡Ése es el sentido de tener una Constitución!

La legitimidad de las demandas, el apoyo ciudadano que pueda tener el movimiento, Aysén…todo importa poco.

Lo realmente importante es que la opinión pública llame ‘ciudadano’ a un movimiento cuyos mecanismos de presión son ilegales y que ya carga sobre sí con dos muertos; y que esa misma opinión pública hable de ‘represión’ cuando el Gobierno cumple el mandato constitucional de hacer respetar el orden público.

Lo que importa es que haya un funcionario público que estime oportuno ingresar a un retén de carabineros para ‘dar instrucciones’. Y que un Obispo celebre con entusiasmo la inversión del orden natural de las cosas, y se permita decir que “quien manda es la ciudadanía”.

Por eso, no estoy hablando de Aysén, ni de lo que legítimamente esa Región pudiera pedir, estoy hablando de cómo 20 años de socialismo terminaron por hacer del ciudadano, un perfecto señorito.

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