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Día de la Mujer: objetivo prioritario, conquistar poder político

por 8 marzo, 2012

Día de la Mujer: objetivo prioritario, conquistar poder político
De poco sirve que Carola Schmidt sea la ministra mejor evaluada, si en realidad no dirige ningún ministerio sino sólo un pequeño servicio público con presupuesto escaso, que no alcanza para la tarea que debe encarar.
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El viernes por la noche, la Plaza de Armas se desbordará de mujeres que quieren oír al cantante Américo. Bien por ellas, que aprovecharán el concierto organizado por la Municipalidad de Santiago para celebrar el Día de la Mujer. El alcalde Pablo Zalaquett quiere que sea “una experiencia inolvidable” porque, según explicó con aire de padre comprensivo, “son ellas quienes además de mantener sus hogares, cargan con la mayoría de las responsabilidades familiares, lo que implica un desgaste importante”.

Hoy serán muchas las mujeres que reciban ramos de flores. Toda una zalamería barata que nada tiene que ver con la decisión de la ONU de establecer el 8 de marzo como un día especial para tomar conciencia sobre las injusticias y desigualdad social que afectan a las mujeres.

Lo que las mujeres necesitan no es un arrumaco condescendiente sino posiciones de poder desde las cuales se pueda provocar el cambio social que permita eliminar, o al menos reducir, la discriminación que las afecta en los más diversos ámbitos.

Lo que las mujeres necesitan no es un arrumaco condescendiente sino posiciones de poder desde las cuales se pueda provocar el cambio social que permita eliminar, o al menos reducir, la discriminación que las afecta en los más diversos ámbitos.

La revolución feminista —la única exitosa y duradera del siglo XX, y que se llevó a cabo sin disparar un solo tiro— transformó radicalmente el rol de las mujeres en la sociedad occidental. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer hacia una verdadera igualdad.

Como todo cambio social, éste también está íntimamente ligado al ejercicio del poder. En el Chile actual se habla cada vez más de reformas políticas, incluso constitucionales.

En este contexto las mujeres no debieran perder el norte: su objetivo prioritario debe ser la conquista de mayor poder político. Es en el gobierno y en el parlamento donde se definen las políticas públicas, donde se fijan las reglas del juego para nuestra convivencia, donde se establecen las urgencias. Mientras en el Ejecutivo y en el Legislativo no exista un número crítico de neuronas y miradas femeninas, las leyes que importan a la igualdad seguirán postergándose. Basta recordar que para erradicar de nuestra sociedad el rótulo vergonzoso de “hijo ilegítimo” el parlamento demoró cinco años.

La historia muestra que el poder no se regala, se conquista. La realidad ha confirmado una y otra vez que para ocupar altos cargos a las mujeres no les basta con talento, trabajo intenso y extrema responsabilidad. Los hombres defienden sus clubes. Sólo en los países en los que se han establecido leyes de cuotas efectivas —con premios o sanciones— las mujeres lograron una presencia significativa en sus parlamentos.

Desde hace un tiempo, a los chilenos nos gusta compararnos con los países desarrollados. Entramos a la OECD y tenemos un ingreso per cápita de 15 mil dólares. Pero en materia de igualdad de género nuestra fotografía es patética: 5 senadoras entre 38 representantes; 17 diputadas de 120; 43 alcaldesas en 345 municipios. En el ejecutivo, sólo cuatro ministras, dos menos que al inicio del gobierno de Sebastián Piñera. La paridad de género que estableció la Presidenta Michelle Bachelet durante casi todo su gobierno, fue sólo una golondrina que no hizo verano. Sin embargo, entre los seis ministros mejor evaluados de los últimos meses tres son mujeres: Carola Schmidt en Sernam, Evelyn Matthei en Trabajo y Catalina Parot en Bienes Nacionales.

El porcentaje de parlamentarias chilenas llega apenas al 15 por ciento, por debajo del promedio mundial que es de 19,5 por ciento y del promedio de América Latina de 22,3 por ciento. En aquellos países del continente en los que se estableció una ley de cuotas, el porcentaje de parlamentarias supera el 25 por ciento: Argentina alcanza prácticamente al 39 por ciento y Perú el 28.

En Europa, el establecimiento de cuotas que aseguren la participación femenina ya saltó de la política a la economía. La Unión Europea está recomendando el mecanismo para los gobiernos corporativos de grandes empresas públicas y privadas. Trece países, entre ellos Austria, Bélgica, Francia, Noruega y Suiza, ya dictaron las leyes correspondientes que regirán paulatinamente. Sólo en Noruega están en plena aplicación y las mujeres en los directorios aumentaron del 6 por ciento en 2002 a 40 por ciento en 2009, según cifras oficiales. Varios analistas sostienen que quizás la actual crisis económica sería menos severa si la toma de decisiones hubiera contemplado una mayor diversidad de género.

Lo concreto es que mientras las mujeres no conquisten espacios importantes de poder político, y ojalá económico, muchos temas relevantes seguirán visibles a medias. Sólo dos ejemplos. Aunque la injusticia y la discriminación saltan a la vista, el costo de las guarderías infantiles sólo se carga a las mujeres trabajadoras, como si fueran hijos sin padre. Por otro lado, la violencia intrafamiliar sigue creciendo, y sus niveles son tanto o más alarmantes que la delincuencia habitual, pero no se oye ningún clamor en las elites dirigentes para tomar el toro por los cuernos. De poco sirve que Carola Schmidt sea la ministra mejor evaluada, si en realidad no dirige ningún ministerio sino sólo un pequeño servicio público con presupuesto escaso, que no alcanza para la tarea que debe encarar.

Las chilenas no necesitan conciertos ni flores una vez al año, requieren ley de cuotas, un sistema electoral proporcional que permita listas con varios candidatos y partidos políticos con financiamiento específico para la preparación de candidatas a cargos de elección popular. Así podrán participar en la toma de decisiones y promover un cambio social efectivo.

Ya lo sabía el griego Aristófanes 400 años AC cuando creó a Lisístrata, la heroína que promovió una huelga sexual entre las mujeres para terminar con la guerra.

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