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Transbank: de “no es coser y cantar” a “vamos Chile que se puede”

por 9 marzo, 2012

Es de esperar que el Plan de Impulso Competitivo, anunciado profusamente por el Gobierno, considere mecanismos que faciliten la incorporación de nuevos actores al mercado de la adquirencia y operación de tarjeta bancarias e incentive a los bancos, especialmente a Banco Estado –que aquí puede encontrar una nueva veta para cumplir su rol social- a operar también con redes distintas a Transbank.
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En su columna del día 29 de Febrero, Álvaro Gallegos hace una lúcida descripción del monopolio que ostenta Transbank como red adquirente de tarjetas de débito y  crédito, y de los efectos negativos que ese monopolio tiene para los comerciantes y consumidores, los que deben pagar mas -vía precios mas altos por los bienes que compran con tarjeta de crédito, y mayores merchant discount a los comerciantes- por los servicios que Transbank presta,  a la vez que deja fuera del mundo de las transferencias electrónicas a los sectores de menores recursos. Sin embargo, en la referida Columna se discute acerca de la factibilidad que cualquier otra red transaccional pueda efectivamente competir con Transbank,  debido a los altos costos de implementación de una red adicional y las altas economías de escala del negocio. Este argumento es, sin decirlo así, que Transbank constituye un monopolio natural. Con respecto a esto último, quisiera hacer algunas precisiones que permitan un mejor entendimiento de la realidad.

Efectivamente la instalación de un nuevo competidor no es trivial, y hasta hace pocos años no parecía posible. Pero el mundo cambia, y altera la realidad a la que estabamos acostumbrados, obligandonos a re pensar los mercados y buscar nuevas soluciones. Hoy existen varias empresas que poseen la tecnología, capital y capacidad operacional para procesar un gran número de transacciones, como Caja Vecina de BancoEstado, o Servipag que cuentan con una extensa red de terminales a lo largo del país y experiencia en el manejo de transacciones bancarias.  Además, en el mundo no bancario, existe la empresa de servicios transaccionales Multicaja, la que, a través de su filial Multitarjeta, ya está autorizada por el Banco Central y SBIF para operar con tarjetas de débito, y cuenta con una importante red de comercios afiliados. Por otra parte, existen Ionix y EFT, así como redes distribuidoras de recargas de celulares que poseen una amplia red de comercios afiliados, como JJD, MaxFácil y GetNet, que podrían ampliar el giro de su empresa y agregar competencia.

Es de esperar que el Plan de Impulso Competitivo, anunciado profusamente por el Gobierno, considere mecanismos que faciliten la incorporación de nuevos actores al mercado de la adquirencia y operación de tarjeta bancarias e incentive a los bancos, especialmente a Banco Estado –que aquí puede encontrar una nueva veta para cumplir su rol social- a operar también con redes distintas a Transbank.

En el ámbito no bancario,  el más cercano compertidor de Transbank es Multicaja, existente desde 2008,  que ha desarrollado una red de servicios transaccionales en línea para varios emisores y comercios. Multitarjeta, su filial,  está autorizada tanto por el Banco Central como por la SBIF para realizar operaciones con tarjetas de débito, y es auditada periódicamente por la SBIF. Multicaja/Multitarjeta procesa casi 10 millones de transacciones mensuales en más de 42 mil terminales, que incluyen el pago con tarjetas de casas comerciales, avances en efectivo, vales de alimentación, recarga de celulares, pago de cuentas y transacciones de corresponsalía bancaria a los bancos Santander y BCI. Sin embargo, Multicaj/Multitarjeta sufre la obstrucción solapada de “el Monopolio”. Si hoy no existieran las barreras artificiales, en solo cuestión de semanas, esta red, y quizás otras, podrían realizar transacciones de pago con tarjetas de débito o crédito de algún banco, requiriéndose sólo que éste habilite la conexión a la red de este operador. La alternativa existe, y pueden haber muchas más. No hay un monopolio natural, ni se trata de “un salto al vacío”, las opciones  reales están ahí, aquí y ahora.

Es cierto que para la operación de tarjetas de crédito Visa y MasterCard se requiere una licencia de adquirencia, que sólo puede ser otorgada por las propias marcas y que generalmente es otorgada a bancos o emisores. Sin embargo, los bancos pueden delegar el rol adquirente de sus tarjetas de crédito de estas marcas a cualquier empresa operadora que estimen conveniente, siempre que cumpla con las certificaciones exigidas y  las normas para la operación de tarjetas de crédito. Además, esto implicaría que todos los usuarios de las tarjetas de crédito de estas marcas, emitidas por cualquier emisor, podrán realizar sus transacciones de pago en los comercios afiliados a esta red, poniendole así competencia a Transbank. La realidad sin embargo, es que los bancos han otorgado ese rol exclusivamente a Transbank,  estableciendo ahí el origen de un monopolio que no es natural como se quiere hacer creer, sino que surge de un acuerdo contractual, en el que los bancos se agrupan e integran verticalmente, sin permitir la entrada de otros competidores, lo que mas bien parece un monopolio artificial.

La discusión hasta hoy se  ha enfocado en la dificultad de la afiliación de comercios físicos y en las grandes economías de escala de las redes transaccionales, lo que es sin duda un resabio del pasado y de la falta de competencia que dificulta la innovación, como siempre ocurre con los monopolios, que profitan de la comodidad y la renta de la ausencia de competidores. Sin embargo, se ha dejado fuera del análisis a la Web y  las amigables aplicaciones de pago por medio del celular, entre otras. Estos canales también se encuentran bajo el monopolio de Transbank, aún cuando las barreras de entrada técnicas, de capital y economías de escala son significativamente menores. Con la incorporación de otros actores se quebraría esta exclusividad y se podría desarrollar e impulsar el comercio electrónico en Chile a través de la web y el celular de las personas, con un servicio de calidad, agil y y eficiente,  a diferencia del existente actualmente.

La incorporación de otras redes al mercado, significará disponer de más lugares habilitados para el pago con tarjetas bancarias. Esto es especialmente importante para cuentas vista, ya que aumenta la motivación de las personas para abrir y mantener este tipo de cuentas, y aprovechar mejor sus beneficios, como realizar retiros más pequeños y frecuentes de dinero, utilizarla como medio de ahorro y/o organizar sus gastos, lo que en definitiva fomenta la bancarización y seguridad, especialmente en los sectores de menores ingresos. Además, si una mayor proporción de la población dispone de medios de pagos electrónicos, el Estado tiene de la posibilidad de incrementar la proporción de pago de sus beneficios a través de transferencias electrónicas bancarias hacia cuentas de débito. Hoy la distribución geográfica de los terminales de Transbank tiene un componente clasista, espejo de la distribución del ingreso en el país, donde las comunas ABC 1 están plagadas de POS, mientras estos escasean en Puente Alto, Maipú, Cerro Navia y la mayor parte de las regiones del país.

Es de esperar que el Plan de Impulso Competitivo, anunciado profusamente por el Gobierno, considere mecanismos que faciliten la incorporación de nuevos actores al mercado de la adquirencia y operación de tarjeta bancarias e incentive a los bancos, especialmente a Banco Estado –que aquí puede encontrar una nueva veta para cumplir su rol social- a operar también con redes distintas a Transbank, además de otras medidas que promuevan la competencia en este mercado.  Es sólo cuestion de voluntad y de legislar con agilidad, no hace falta ir al TDLC a consultar nada.

Para ello la experiencia de los últimos 10 años es rica en éxitos, como lo muestran las regulaciones en esta materia que hicieron Australia, Suiza, Méjico, la Unión Europea  y Gran Bretaña, y que como el propio Alvaro Gallegos señala, han tenido como efecto una sustancial reducción de precios, la que se acompaña de una mayor incorporación al servicio de sectores antes marginados. Pero hay más ejemplos, Estados Unidos, Brasil, entre otros, que hacen evidente la conveniencia y ventajas de abrir el mercado de la operación de tarjetas y el rol adquirente. En esto la función de las autoridades es fundamental,  porque además se corre el riesgo de que se caiga en la “captura del supervisor”, que es la situación en que las  autoridades por varias razones terminan conviviendo con el statu quo existente, arrastradas por la comodidad de un mercado que funciona mal, pero funciona, y que no produce dolores de cabeza en lo inmediato.

Coincido con Álvaro Gallegos que romper el monopolio de Transbank “no es coser y cantar”, como nunca lo es ir contra los interesés del actor dominante. Sin embargo, eso es hoy técnica y comercialmente posible, existe, está al alcance de la mano, y se requiere de la voluntad política de hacer cambios rápidos y urgentes en áras del bien común. Dicho en terminos deportivos, “vamos Chile que se puede”.

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