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La tele y la escuela

por 13 marzo, 2012

Hacerse expectativas con el comportamiento de ejecutivos televisivos es una ilusión, su inspiración ha sido ganar dinero, y hasta ahora, ha sido un negocio rentable, ¿por qué cambiarían? Sobre el rol del Estado, puede entenderse que depende de las autoridades y la visión que tienen de la cultura y de los sujetos que se forman.
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Marzo, es un mes en donde una parte de la parrilla programática de la TV se renueva, situación que es coincidente con el ingreso de los estudiantes a clases. Es tal vez, el momento apropiado para convocar a los docentes a reflexionar sobre el uso de la TV en sus prácticas pedagógicas, e interrogar a la institución escolar sobre los espacios que da para que innoven su quehacer académico.

Pareciera ser un lugar común que en diversas encuestas se entreguen datos críticos a  los contenidos que emiten los canales de televisión, información que no se condice con las preferencias de los telespectadores. La ecuación: a más banalidad mejor sintonía; más cultura menor aceptación del público, parece ser imbatible.

Hacerse expectativas con el comportamiento de ejecutivos televisivos es una ilusión, su inspiración ha sido ganar dinero, y hasta ahora, ha sido un negocio rentable, ¿por qué cambiarían? Sobre el rol del Estado, puede entenderse que depende de las autoridades y la visión que tienen de la cultura y de los sujetos que se forman.

Lamentablemente, una característica de la sociedad de la información, es que la industria televisiva, (empresa y auspiciadores) ha fomentado la formación de ciudadanos acríticos, de gustos poco exigentes, que se desdoblan en criticar la parrilla programática de la TV, pero en el momento de elegir, optan por los programas de farándula y docurrealidad, por sobre los de mayor calidad artística y cultural.

Este tipo de declaraciones, se entienden ya que los sujetos responden la encuesta pensando en dar una opinión acorde a las criticas instaladas por la denominada cultura docta, léase el saber que entrega la escuela y la academia. Por otra parte, a pesar de que la indagatoria es anónima, el individuo busca compensar sus gustos “culpables”, con declaraciones adecuadas.

La Séptima Encuesta Nacional de Televisión, realizada por el Consejo Nacional de Televisión, confirma la tendencia de versiones anteriores; el promedio de televisores por hogar es de 2,7; el aparato se ubica, principalmente, en el living y el dormitorio de los padres. El 63,3 de la población tiene televisión pagada, además de la abierta; ven un promedio de 3 horas, 24 minutos al día, y; el 70% de las familias ven televisión en el horario que va de las 18:00 a las 20:00, horas.

¿Qué le dicen estos datos al sistema educativo, cómo interpelan el quehacer docente, qué les dicen a los padres? Algunas interpretaciones posibles son: que ver televisión sigue siendo una actividad familiar; la preferencia de los niños y jóvenes, en la TV abierta, son los programas de entretención  y el noticiero que cierra el horario apto para menores de edad; ver televisión es la principal actividad que hacen los niños/jóvenes después de cumplir con sus obligaciones escolares; y la televisión de pago ha dejado de ser un privilegio de los sectores económicamente más acomodados. Hoy la gente que puede paga por ver.

Otro dato interesante, es la opinión de los padres, quienes, a pesar de que en su mayoría, declaran que la televisión influye negativamente en los niños, y evalúan el contenido como mediocre, permiten que estos la vean más de tres horas, y, ¿Si no son los padres los encargados de normar el comportamiento de los estudiantes en sus casas, quién es el responsable? La respuesta se desprende de los datos de la encuesta: es saludable bajar la cantidad de horas de exposición de los niños frente a la televisión, y acompañar activamente a sus hijos en la resignificación del contenido, no dejar que sea la TV la que forme a sus hijos, sino usarla como una herramienta para abrir temáticas que permitan profundizar la relación afectiva y formativa con sus hijos.

La gente demanda aumentar los contenidos culturales y educativos de la televisión abierta, emitidos en el horario familiar; (18:00 a 22:00 horas), lo cual debiera ser un llamado de atención de los sectores económicos y políticos que tienen injerencia en la industria.

Es particularmente, atractivo que la gente declare que el rol de la TV es informar, culturalizar, educar, y entretener. Aunque, sea una declaración que no se condice con las decisiones que toma el mismo sujeto cuando se enfrenta al televisor, al menos, podría ser un punto de inicio que las autoridades debieran considerar a la hora de legislar e implementar la televisión digital. Y decidir si queremos TV digital, para emitir por nuevas frecuencias más de lo mismo o aumentar no sólo la cantidad de contenidos, sino, por sobre todo la calidad de éstos.

Por último, cabe destacar que la gente cree que los responsables de mejorar los contenidos son, en primera instancia; los canales de televisión; luego, las autoridades del Estado, y los telespectadores.

Hacerse expectativas con el comportamiento de ejecutivos televisivos es una ilusión, su inspiración ha sido ganar dinero, y hasta ahora, ha sido un negocio rentable, ¿por qué cambiarían? Sobre el rol del Estado, puede entenderse que depende de las autoridades y la visión que tienen de la cultura y de los sujetos que se forman.

Probablemente será una ingenuidad depositar confianza en que el Estado haga transformaciones sobre la materia por iniciativa propia. Sin embargo, la sociedad civil, expresada como telespectadores es capaz de presionar los cambios. ¿Y cómo puede hacer presión? A través de innumerables espacios participativos, pero sin ninguna duda que, a través de la escuela.

Este espacio puede ser usado por apoderados y  docentes. Si la TV es confrontada por el sistema educativo, puede transformarse en una herramienta educativa. Sólo se necesita diseñar estrategias de intervención y asumir que la TV es parte constitutiva de la identidad de los niños y los jóvenes, que el proceso de enseñanza aprendizaje requiere de este reconocimiento para, en conjunto, darle un nuevo giro al mensaje televisivo.

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