sábado, 20 de octubre de 2018 Actualizado a las 01:21

Autor Imagen

Poder en Chile: organización contra la narración

por 18 marzo, 2012

Si algo nos enseñan las movilizaciones del año pasado y, por cierto, las recientes de Aysén también es que esto se enfrenta logrando una escala de movilización que haga que sea imposible para los medios ignorar y actuar como que no existe.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Buscar responsabilidades y culpables ha sido la tónica de los actores más conservadores cuando no encuentran respuestas claras a los procesos políticos que van y vienen en nuestro querido Chile. La prensa, los medios, los políticos (de derecha casi siempre y concertacionistas y de izquierda en muchos casos), las fuerzas de orden, los juzgados y el Parlamento se quedan boquiabiertos cuando necesitan manufacturar explicaciones de fenómenos que no logran enmarcar en los ritmos y hábitos del poder. Casi siempre, como un acto reflejo, le echan la culpa a alguien, como si todo pudiera ser explicado por un par de personas “que se salieron del libreto” y nada más. Les cuesta creer que estén cambiando cosas más fundamentales, no quieren creer que haya fenómenos sociales de fondo que estén desafiando el orden establecido, sagrado, natural, que los tiene a ellos elevados en los más altos niveles del poder.

Debe haber un culpable, un complot, una confabulación. No puede ser que haya una falencia grave en nuestro sistema político, en el desempeño de nuestra clase dirigente, en el funcionamiento de nuestras instituciones. Es tal la arrogancia de las elites chilenas que no pueden concebir que la culpa sea de ellos, de que su poder deba ser amenazado. Tiene que haber una intensión subversiva. Lo vimos recientemente en la reacción instantánea de las autoridades actuales frente a las movilizaciones de Aysén, pero es algo que hemos visto muchas veces, que no es exclusivo de este gobierno, pero que ha adquirido escala industrial durante él.

Si algo nos enseñan las movilizaciones del año pasado y, por cierto, las recientes de Aysén también es que esto se enfrenta logrando una escala de movilización que haga que sea imposible para los medios ignorar y actuar como que no existe.

Entonces, una vez que se encuentran a esos culpables, basta con demonizar, mostrar imágenes de encapuchados o de los satanizados líderes políticos y ya está, se le quita la atención a lo fundamental: los procesos de construcción de alternativas serias que buscan transformar el orden económico y político chileno. Como lo que se busca representar es a un grupo de termocéfalos, violentistas e irresponsables, cualquier acción política que no sea compatible con esa imagen debe ser soslayada.

Desde el Partido Socialista de Chile se alzó hace unas semanas, el día 21 de Enero, un proceso de renovación y cambio llamado “Nuestro desafío”, que reunió a más de 250 jóvenes bajo 40 años, militantes y simpatizantes, con la misión de dar un viraje hacia la izquierda en la conducción del partido, de restablecer las confianzas pérdidas, y hacerse cargo de la conducción política que hasta ahora esta generación ha dejado de lado. Siendo yo mismo militante del PS sé lo que significa marchar con esa mochila, defender a los gobiernos de la Concertación y tener esa alma de izquierda subversiva que chocan en todo momento. Además del hecho de que cargar con el adjetivo de partido político y militante hace perder hoy cierto prestigio, genera desconfianza. Viniendo de donde sea, tenemos que lidiar con esa enfermedad de la izquierda contemporánea que es la militancia con culpa y la política con culpa, tan dañina por lo demás, porque la UDI no la tiene cuando va a las poblaciones, y porque no se les desfigura ni un centímetro la cara cuando hablan de UDI popular.

En este gran encuentro, precisamente lo que se buscó fue generar dinámicas de trabajo que no terminarán con declaraciones pomposas, sino con objetivos y cronogramas de trabajo para el año venidero. Sin embargo y no muy sorpresivamente a decir verdad, poco se supo de esto, un proceso serio por intentar construir alternativas de país, con ideas y caras nuevas no fue noticia, pero cuando hay cualquier manifestación con un botellazo de por medio, esto es portada de diarios y ocupa por lo menos 20 minutos en cualquier noticiario.

Es interesante también notar que un hecho político así de significativo dentro de uno de los principales partidos políticos del país, sea ignorado por los medios, mientras que cualquier reunión de muchos menos que se agrupen en torno a otra alternativa política, genera gran cobertura. El desempeño de la derecha en el gobierno ha sido tan deficitario, que se hace necesario presentar por todos los medios posibles a la oposición en un estado de deterioro que permita a los voceros oficialistas vender la idea de que a pesar de sus déficits de gestión política, la derecha ofrece algo más de gobernabilidad. Los medios están focalizados en una narrativa en la cual los partidos políticos tradicionales de la centro izquierda chilena están obsoletos, capturados por sectores poco reflexivos y fanáticos o bien por figuras ridículas del pasado que intentan hacerse pasar por nóveles revolucionarios. Para esa narrativa, un grupo masivo de militantes jóvenes que se organiza en forma seria, consecuente y articulada, es un evento no funcional desde un punto de vista comunicacional por lo que debe ser ignorado. Tiene que ser cierto que el PS ya no atrae a los jóvenes, ¿no?

Si no les convence completamente lo que les digo, les propongo que hagan un poco de introspección y noten que de acuerdo a la prensa, los únicos nuevos movimientos políticos que están siendo capaces de convocar adhesión y participación a una escala significativa hoy son todos los que se definen a si mismos como “liberales” (los seguidores de Andrés Velasco, Cristobal Bellolio y Marco Enriquez-Ominami); noten que las precarias candidaturas y vicisitudes de estos personajes son seguidas hasta el último detalle, mientras que las primarias municipales realizadas por el Partido Socialista en Diciembre del año pasado, las primeras en realizarse en Chile a nivel de concejales y las que se vienen en 155 comunas de Chile para definir alcaldes en la Concertación son casualmente ignoradas y luego las primarias de la DC en enero que convocaron a 51.240 personas también lo fueron. Sería complicado que el PS o la DC estuviesen re articulándose y re movilizándose, ¿no cierto? Si esos partidos volvieran a ser lo que siempre fueron —con la notoria excepción de la transición a la democracia— quizás serían un desafío real a las estructuras de poder contemporáneas de nuestro país. No le vayamos a hacer publicidad a eso. Mejor actuemos en nuestras líneas editoriales como que la “renovación” en la centro-izquierda es inexistente (a manos de ex ministros y viejos parlamentarios que justo ahora, oportunamente, se “izquierdizaron”) o de liberales que quieren discutir esto o aquello pero que se han declarado partidarios de las estructuras económicas que sostienen la desigualdad en Chile y para quienes la radicalidad progresista consiste en la imitación de los ritmos vecinales de un barrio de Manhattan.

Los procesos de invisibilización de actores o de buscar culpables fáciles tienen tomados nuestros medios. Los tienen tomados como resultado del predominio de ciertas líneas editoriales y ciertas narraciones que son parte de la estrategia comunicacional de las élites dominantes. Los tienen tomados como resultado de que incluso los medios que no son directamente tributarios de las elites dominantes huelen a una cierta comodidad con el status quo. Los tienen tomado como resultado de una cierta industria de opinólogos “izquierdistas” de la política que curiosamente siempre critican hacia la izquierda y a los dirigentes sindicales, nunca critican hacia la derecha y el empresariado, y por pura casualidad siempre son premiados con cargos, directorios y cátedras en las estructuras de poder existentes.

¿Qué nos queda por hacer? ¿Cómo enfrentar esta narrativa oficial de que todo lo que se le opone al poder existente son “encapuchados y violentistas” o bien “concertacionistas obsoletos”? ¿Cómo enfrentar la narrativa de que nunca más existirá un socialismo chileno organizado, competente, rebelde, democrático y estructurado en torno al objetivo de subversión (SÍ subversión) de las estructuras de poder contemporáneas?

Bueno, si algo nos enseñan las movilizaciones del año pasado y, por cierto, las recientes de Aysén también es que esto se enfrenta logrando una escala de movilización que haga que sea imposible para los medios ignorar y actuar como que no existe. Pero si algo nos enseña la historia más desconocida de los movimientos estudiantiles, es que esas escalas de movilización fueron resultado de un largo y metódico proceso de organización. Esa es nuestra tarea: oponer la organización y el trabajo a la narración.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV