viernes, 19 de octubre de 2018 Actualizado a las 13:28

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¿Que no fueron veinte años de socialismo?

El socialismo tal y como se da hoy no es un modelo económico, es un ethos. Y nos guste o no, es el que identifica el alma nacional y el que explica esa inclinación universal a pensar el Estado como una entelequia —por completo ajena e independiente de los individuos que la integran— y a suponer que los problemas sociales solo pueden ser resueltos por su voluntad ordenadora.
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Hace dos columnas atrás, uno de nosotros habló de “cómo 20 años de socialismo acabaron por hacer del ciudadano un perfecto señorito”. Las críticas no se hicieron esperar y llegaron del entorno cercano: “Se pierde credibilidad con esa afirmación… los Gobiernos de la Concertación no fueron gobiernos socialistas”.

La crítica nos pareció frívola: que Lagos haya concesionado carreteras o que Bachelet haya tenido a un ex alumno de Harvard a cargo de la economía no es suficiente como para negar esa afirmación. El socialismo en su versión original hace ya rato que dio muestras de inviabilidad, y lo que queda de esa ideología no es la oferta de un modelo alternativo al libre mercado, sino la propuesta de una visión del hombre y de la sociedad que sigue perfectamente operativa.

El socialismo tal y como se da hoy no es un modelo económico, es un ethos. Y nos guste o no, es el que identifica el alma nacional y el que explica esa inclinación universal a pensar el Estado como una entelequia —por completo ajena e independiente de los individuos que la integran— y a suponer que los problemas sociales sólo pueden ser resueltos por su voluntad ordenadora.

La inconsistencia del socialismo en el plano de la cultura demorará aún en hacerse evidente; pero ese es su destino inexorable, porque, paradójicamente, para que el socialismo funcione, el ciudadano promedio no puede ser socialista. Si llega a serlo pierde (supuesto que alguna vez la tuvo), esa capacidad creativa que le permite generar riqueza y de la que el socialismo no puede prescindir, aunque le pese.

El socialismo tal y como se da hoy no es un modelo económico, es un ethos. Y nos guste o no, es el que identifica el alma nacional y el que explica esa inclinación universal a pensar el Estado como una entelequia —por completo ajena e independiente de los individuos que la integran— y a suponer que los problemas sociales solo pueden ser resueltos por su voluntad ordenadora. De ahí que el socialismo profese al Estado una veneración profundamente religiosa.

Hija del socialismo es también esa tendencia de nuestro ciudadano promedio a identificar sus necesidades (e incluso sus deseos) con ‘derechos’ que el Estado le debe garantizar; así como la ingenuidad de no preguntarse por el costo de esas garantías.

En este afán, no es extraño que el socialismo alcance el paroxismo en la prostitución del lenguaje y, por ejemplo, invoque a la manera de un dogma conceptos como el de ‘justicia social’, concibiéndola como patente de corso para reclamar ‘derechos’ sobre lo ajeno. Claro, para ello se desconoce que la injusticia, para ser tal, debe tener su origen en la voluntad humana y no en la naturaleza. Injusticia que, por cierto, el ‘iluminado’ que encarna el Estado está llamado a corregir. Así, el pobre pasa a ser acreedor del rico quien, por el mero hecho de serlo, se convierte automáticamente en deudor suyo.

La fe ciega en el poder redentor de las leyes caracteriza también la mentalidad socialista: por eso, ellas no sólo aumentan en número, sino que extienden cada día más su ámbito de injerencia. Y si antes la ley se pensaba para evitar excesos que hicieran imposible la vida en sociedad, hoy apunta a resolver los errores capitalistas en que incurrió el Creador.

Socialista es la condena moral al lucro, al mercado y la siembra generosa de cizaña contra el empresariado. Promover un cambio de paradigma por uno aparentemente menos economicista, y reducir la propuesta ‘alternativa’ a la mera repartición de la torta ¡también es socialista! Para qué decir la tendencia creciente a la victimización y a pensar que todo aquello que se sufre es resultado de cualquier cosa, menos de la propia responsabilidad.

¿Que no fueron veinte años de socialismo? Nosotros pensamos que sí ¿Qué el actual Gobierno es de derecha? Responder esta pregunta justifica una próxima columna…

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