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El estilo Bancard se queda sin fondos

por 30 marzo, 2012

El estilo Bancard se queda sin fondos
No es casual que Hinzpeter y Chadwick hayan logrado el acuerdo para destrabar Aysén cuando Piñera se paseaba por Asia. No insinuamos un bypaseo ni nada por el estilo, pero se abrió un espacio para la flexibilidad y sentido común que el Presidente no le permitió tener a Álvarez cuando este se sentó con el movimiento social en el sur. Porque si Iván Fuentes dice que el entonces ministro de Energía llegó soberbio a esa mesa, es nada más que por haber asumido un guión que le impuso SP.
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Pensábamos que el numerito de que los ministros le renunciaran al Presidente había sido una anomalía del período Bachelet. Pero no. Con Rodrigo Álvarez ya van dos secretarios de Estado que le cierran la puerta por fuera a Piñera. El primero fue Bulnes, episodio que si bien se administró mejor comunicacionalmente, fue más ignominioso, porque el hasta entonces hábil manejador del conflicto estudiantil simplemente se aburrió del estilo de trabajo y los modales del Mandatario. Bulnes, un abogado acostumbrado a las negociaciones duras, pero caballerosas; con fricciones, pero también con certezas, no toleró más el formato Bancard. Los golpes de timón imprevistos, el gerenteo vertical del Boss sobre sus jóvenes boys arremangados de camisas, que le dio tantos éxitos al Presidente para amasar su fortuna y que lo estrella contra la pared una y otra vez en la administración del Estado.

Con Álvarez no es lo mismo, pero sí parecido. No es casual que Hinzpeter y Chadwick hayan logrado el acuerdo para destrabar Aysén cuando Piñera se paseaba por Asia. No insinuamos un bypaseo ni nada por el estilo, pero se abrió un espacio para la flexibilidad y sentido común que el Presidente no le permitió tener a Álvarez cuando este se sentó con el movimiento social en el sur. Porque si Iván Fuentes dice que el entonces ministro de Energía llegó soberbio a esa mesa, es nada más que por haber asumido un guión que le impuso SP. No hay dos opiniones sobre el trato afable y la buena disposición del ex presidente de la Cámara de Diputados, más allá de las diferencias políticas.

No estoy diciendo nada nuevo. El que dio en el clavo hace rato ya fue Genaro Arriagada cuando habló del micromanagement como la característica que estaba arruinando a la administración de SP. “Es la tendencia a un tipo de gestión que se puede definir como la acción desorbitada de un jefe por controlarlo todo, negarse a delegar y preocuparse incluso por los detalles menores. El micromanagement es la negación del liderazgo”.

El punto no es si está bien o mal que Álvarez haya renunciado, empañando el éxito político de una operación que le dio oxígeno a La Moneda, justo en el momento en que la violencia policial escalaba peligrosamente en el sur. O, si lo hizo, porque se enteró por la prensa que otros cosecharían con máscara de buenos, lo que él había asumido estoicamente con la careta del malo. Lo interesante es la tendencia a la desafección, la falta de sentido de equipo de la que hablaba el renunciado ministro en su conferencia de prensa. Para ser justos, nadie le puede atribuir técnicamente a Piñera que Álvarez no haya salido en la foto del acuerdo. El punto es la cultura organizacional que rodea a Palacio.

No estoy diciendo nada nuevo. El que dio en el clavo hace rato ya fue Genaro Arriagada cuando habló del micromanagement como la característica que estaba arruinando a la administración de SP. “Es la tendencia a un tipo de gestión que se puede definir como la acción desorbitada de un jefe por controlarlo todo, negarse a delegar y preocuparse incluso por los detalles menores. El micromanagement es la negación del liderazgo; no empodera a los subalternos; hace al jefe preocupado de lo accesorio en vez de mirar al gran diseño; desalienta a los subordinados a tomar decisiones, pues están en constante riesgo de ser contradichos o desautorizados; destruye el sentido de equipo; daña las líneas de comunicación al interior de la organización”.

Lo que pasa es que recordarlo esta semana resulta revelador, aunque en Chile nunca se estile ventilar las debilidades del Presidente por la prensa.

Lo más complejo, como explicaba el ex ministro DC, es que “obviamente el jefe que sufre de esta falla nunca se reconocerá a sí mismo como un micromanager, sino como un perfeccionista, un ser altamente inteligente, capaz de retener en su cabeza todos los detalles de su empresa y de cada uno de sus proyectos. Esta forma de gestión que es muy negativa para las empresas, si se aplica a los gobiernos es simplemente ruinosa”. Nada más que agregar. Grande Genaro.

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