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Genocidio del silencio

por 1 abril, 2012

Probablemente las madres pueden alegar derechos sobre sus cuerpos, como así también lo hicieron los nazis sobre su raza y los comunistas sobre su clase.
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Los nacionalsocialistas pensaban que los únicos que merecían ser reconocidos como persona humana eran los miembros de una raza, la aria. Todos los demás fueron considerados como subhumanos, probablemente, mucho más que animales, pero mucho menos que hombres.

De ahí que cuando los nazis eliminaron a millones de personas estimaban que no cometían crímenes, pues habían deshumanizado a sus víctimas.

Los comunismos reales pensaban que los únicos que merecían el calificativo de persona humana y, por tanto, debían ser protegidos sus derechos eran los miembros de una clase social, el proletariado. Todo aquél que no perteneciera a ella, se le consideraba enemigo y podía ser eliminado, como ocurrió cien millones de veces según lo documenta el libro negro del comunismo.

Probablemente las madres pueden alegar derechos sobre sus cuerpos, como así también lo hicieron los nazis sobre su raza y los comunistas sobre su clase.

En ambos casos los crímenes contra la humanidad poseen como efecto común el empleo de un concepto limitado de la persona humana, según la cual sólo una parte de los seres humanos son considerados como verdaderamente humanos y los demás como seres inferiores que incluso merecen ser aniquilados en campos de exterminio o bien por la vía de los juicios populares.

Y quienes crean que el barbarismo de esas ideologías ha concluido se equivocan. Hoy, quienes defienden el aborto, incluso sin saberlo, estiman que el concepto de persona humana también debe limitarse, pero esta vez no por la raza ni por la clase, sino por el nivel de desarrollo. Así sólo serán verdaderamente humanos quienes tengan más de cierta cantidad de semanas después de la concepción y los demás, como los judíos o los burgueses, pueden ser exterminados, pero está vez por quienes tiene la obligación de cuidarlos y acogerlos, sus madres.

Probablemente las madres pueden alegar derechos sobre sus cuerpos, como así también lo hicieron los nazis sobre su raza y los comunistas sobre su clase. Puede ser cierto que finalmente la vida humana por nacer tenga menos valor económico, ideológico o político que un votante, un consumidor o un militante, pero no cabe duda que defender el derecho a eliminar a los más indefensos de entre todos los indefensos, aquéllos que aún no nacen, nos recuerda las atrocidades cometidas contra el hombre el siglo pasado, pues posee exactamente la misma matriz teórica y justificación antropológica.

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