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La flojera intelectual de la derecha

por 19 abril, 2012

La flojera intelectual de la derecha
Si bien con Jaime Guzmán se recupera una articulación intelectual del sector, ésta queda en parte truncada y así, con altos y bajos, lo que Guzmán logro construir, se ha ido deteriorando poco a poco hasta el día de hoy.
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Ese podría ser el título de un interesante (recién estrenado) libro escrito por Francisco Urbina Molfino y Pablo Ortúzar Madrid, y que titularon: “Gobernar con Principios: Ideas para una nueva derecha”, en donde muestran gran parte de las falencias y desafíos de la centroderecha en nuestro país.

No quiero hacer una reseña del libro, sino más bien comentar y hacer algunas reflexiones a partir de esta lectura, que sin duda recomiendo.

Lo más urgente, es la necesidad de una mejor articulación intelectual del sector que permita generar una guía política, basada en principios, que sirvan de referencia a la acción política y que entregue a sus actores la necesaria coherencia, profundidad y convicción en un programa de gobierno.

Sólo esa realidad podrá demostrarle al país que, además de la pregonada eficiencia, la centroderecha es también capaz de responder a la pregunta de fondo de los ciudadanos, cual es ¿cómo las ideas y principios de la centroderecha son mejores que las otras opciones para construir una sociedad más humana?

Queda claro para los autores del libro que la falta de relato es más un síntoma que una enfermedad, el síntoma inevitable de una escasa articulación intelectual del sector en torno a principios rectores que sirvan para darle solidez y coherencia a la acción política, pues toda posición política refleja necesariamente una visión antropológica determinada del ser humano.

En este desafío, los autores confirman la verdadera orfandad intelectual de la centroderecha en nuestro país.

Es así como, según el texto, pasamos de Jean-Gustave Courcelle Seneuil, quien fuera profesor de economía política 1851-1862 y con gran influencia en la divulgación de las ideas liberales entre los políticos chilenos de la época, hasta Jaime Guzmán en la década de los ochenta, prácticamente sin escalas intermedias.

En el largo caminar por la flojera intelectual de la centroderecha entre Courcelle y Guzmán, las almas del sector comienzan a pugnar entre ellas, sin un esfuerzo de articulación intelectual mayor.

Así, el liberalismo, el catolicismo y el autoritarismo pugnan entre ellas sin mayor visión de conjunto, aunque todas compartiendo un manto común de derrotismo casi genético, manifestado en las dos formas tradicionales en que la centroderecha ha actuado en política en el último siglo: el entreguismo (camuflar las ideas porque se consideran impopulares y siempre con la convicción de que deben transar) o el integrismo (juntar a los pocos que creen y resistir hasta el final en un pequeña fortaleza inexpugnable).

Como bien lo señalan los autores, "se trata de una mentalidad que, si bien tiene sentido de deber, tiende a vaciarlo de ilusiones, ideas y vocación de mayoría", al que sumado al sentido de culpa ante la realidad social del país y la situación de privilegio de muchos en el sector, constituye lo que Urbina y Ortúzar llaman el “pensamiento trágico” de la centroderecha chilena

Es así como con grandes vaivenes y matices, la centroderecha llega al año 1970 sin ningún valor y peso como sector político.

Sólo a partir de 1973 comenzaría un nuevo proceso de articulación intelectual (en realidad tal vez el único) con la figura de Jaime Guzmán, quien se consagra a construir un camino teórico y político para la centroderecha chilena, con claras influencias del liberalismo económico y mostrando especial interés por la obra de Michel Novak, quien plantea la compatibilidad entre democracia, liberalismo y catolicismo.

Los principios que en esta nueva fase de la historia de la centroderecha se logran articular (no inventar) y que deberían constituir el guión de cualquier “relato” de la centroderecha chilena son:

(i) Defensa de la libertad (Estado limitado y principio de subsidiariedad);

(ii) Promoción de la familia (y un entorno que favorezca las influencias positivas, que le permiten a las familias cumplir un rol fundamental en la sociedad);

(iii) Respeto a la ley y la autoridad;

(iv) Responsabilidad individual;

(v) Respeto a la dignidad de la persona humana, y

(vi) Responsabilidad política.

A los anteriores, los autores suman nuevos principios como: compromiso con la democracia y con los derechos humanos; preocupación por la cultura y las ideas; promover una sociedad sustentable, y preocupación fundamental por la pobreza.

Sin embargo, si bien con Jaime Guzmán se recupera una articulación intelectual del sector, ésta queda en parte truncada y así, con altos y bajos, lo que Guzman logro construir, se ha ido deteriorando poco a poco hasta el día de hoy.

Este lento declinar desde la muerte de Jaime Guzmán, que tan inadvertido ha pasado y que no genera espacios en los noticieros, es lo que constituye la mayor debilidad de este primer gobierno de la centroderecha en los últimos 50 años.

Queda claro para los autores del libro que la falta de relato es más un síntoma que una enfermedad, el síntoma inevitable de una escasa articulación intelectual del sector en torno a principios rectores que sirvan para darle solidez y coherencia a la acción política, pues toda posición política refleja necesariamente una visión antropológica determinada del ser humano.

En el caso de la  izquierda chilena, esta posición básica se resume en: “Lo que llamamos naturaleza humana es en realidad un producto social: la maldad, la desigualdad y el egoísmo son fundamentalmente producto del mal diseño de la sociedad”.

De ahí que la izquierda siempre diga que “otro mundo” es posible y que las desigualdades y la pobreza se plantean desde un punto de vista moral, es decir, son culpa de unos pocos poderosos y egoístas y, por eso, su consecuencia necesaria de un futuro mejor, sólo se puede conseguir mediante la “planificación”.

En cambio, la centroderecha parte de la posición básica que el hombre es un ser libre, capaz del bien, pero débil frente al mal, es decir, imperfecto, de lo que se deducen dos importantes consecuencias: se debe renunciar a la utopía y no se puede actuar contra la naturaleza humana.

Sin duda que se pueden hacer otras lecturas de este interesante libro, pero considero que el diagnóstico que hacen los autores respecto de nuestra verdadera “flojera intelectual” como sector resulta un hecho tan potente, que es más que necesario tomar verdadera conciencia del mismo si queremos ser una alternativa de Gobierno de largo plazo y producir transformaciones reales e importantes para el futuro de nuestro país.

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