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Ercilla, adiós a las armas

por 20 abril, 2012

Ercilla, adiós a las armas
¿Alguien recuerda la promesa presidencial de campaña en materia indígena? Un cambio de paradigma. Así como lo lee. Dicha promesa sigue pendiente. ¿Se imaginan a las Fuerzas Especiales de Carabineros, como en Aysén, retirándose de Ercilla? Sería, qué duda cabe, una bella y esperanzadora postal.

Una oportunidad. Es lo que tiene el Gobierno en Ercilla; una oportunidad de hacer historia en la relación Estado-Pueblo Mapuche. ¿Lo ven o no lo ven en La Moneda? Sospecho que algunos sí, pero la mayoría ni de cerca. Para el Ministerio del Interior, por ejemplo, lo que ha primado ha sido el abordaje policial de un conflicto político y sobre todo, histórico y cultural.

En ello —no nos vengan con cuentos— la Alianza por Chile ha mantenido intacto el andamiaje represivo de la Concertación. “Quien trabaja con un martillo en todos lados anda viendo clavos”, me dice un colega respecto de la labor principal del ministerio; la seguridad interior. No resulta raro entonces que donde lo que hay son campesinos mapuches pobres, Interior vea potenciales terroristas étnicos; donde hay protesta social, Interior vea una sublevación armada en ciernes; donde hay un persistente reclamo histórico, Interior vea la “infiltración” de peligrosas ideas foráneas; donde hay comunidades empoderadas en sus derechos, Interior vea la mano negra de guerrilleros colombianos. Haga el siguiente ejercicio; tome en sus manos un martillo. Lo segundo que hará —inconscientemente— será buscar un clavo que martillar. Lo mismo sucede con el Ministerio del Interior. Y qué decir de las fiscalías. O de Carabineros, “carpinteros” de excepción.

¿Por qué en vez de una “Mesa de Seguridad” no se habla de una “Mesa de Dialogo” en Ercilla? ¿Por qué no se podría sentar el Gobierno y las comunidades a hablar en serio sobre “tierras y territorio” o “desarrollo con identidad”, por ejemplo? ¿Por qué no transformar Ercilla en un Área de Administración Autónoma? ¿Demasiado utópico? Un punto de partida podría ser establecer allí un “Área de Desarrollo Indígena” (ADI), posibilidad esta última contemplada en la Ley Indígena y que permitiría focalizar importantes recursos del Estado en una comuna que a gritos demanda auxilio del Gobierno central.

Uno no pierde la esperanza de que algo cambie. Y Ercilla, créanme, implica una oportunidad para ello. Para quienes gustan de los datos duros, se trata de una de las comunas con mayor porcentaje de población mapuche de La Araucanía (46%). Son 15 lof o estructuras tradicionales, subdivididas a su vez en una veintena de “reducciones” o como se las llama hoy, “comunidades”. A su vez, un porcentaje importante de su población es hablante de mapudungun, muchos niños entre ellos, y habituales en la zona son las ceremonias tradicionales. Por si ello no bastara, fue un importante foco de resistencia a la ocupación militar chilena. Allí destacaron Mañil Wenu y su hijo José Santos Kilapan, insignes héroes mapuches del siglo XIX. Se trata, en este punto, de una comuna cargada de identidad, patrimonio cultural y sobre todo, de memoria. Mucha memoria. Junto a lo anterior, tras la contra reforma agraria, Milton Friedman y el arribo del capital forestal, Ercilla se transformó en cabeza de playa de la industria maderera en la región. ¿Trajo ello beneficios socioeconómicos a la comuna? Hasta donde sabemos, ninguno. ¿Arribó con los grupos económicos Angelini y Matte el ansiado “progreso” a la zona? Que sepamos, no. Sí lo hizo la degradación ambiental, el trabajo temporal y precario, y, por cierto, un grave deterioro de la convivencia y la paz social.

Plagada de pinos y eucaliptus, Ercilla es hoy una de las comunas más pobres de Chile. Lo señala la CEPAL en un reciente Informe desarrollado junto comunidades de la zona miembros de la Alianza Territorial Mapuche (ATM). La investigación indica que los niveles de pobreza que afectan a los mapuche de la comuna son mayores que los registrados para los mapuche del resto de la provincia y la región. En concreto, cuatro de cada 10 mapuche se sitúan por debajo de la línea de la pobreza y, comparado con los no mapuche, el ingreso promedio de un mapuche es 3 veces menor. El documento además advierte que “la situación de violencia estructural e institucional, la penalización y criminalización de la lucha de las comunidades por la recuperación de su territorio es la expresión más elocuente de la falta de implementación de los derechos colectivos de este pueblo”. En palabras simples; En Ercilla la Ley Indígena, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas, prácticamente letra muerta.

No se requiere ser un político brillante para ver allí una oportunidad. Una oportunidad de terminar con la lógica de los calabozos y avanzar allí hacia un nuevo tipo de relación. ¿Por qué en vez de una “Mesa de Seguridad” no se habla de una “Mesa de Dialogo” en Ercilla? ¿Por qué no se podría sentar el Gobierno y las comunidades a hablar en serio sobre “tierras y territorio” o “desarrollo con identidad”, por ejemplo? ¿Por qué no transformar Ercilla en un Área de Administración Autónoma? ¿Demasiado utópico? Un punto de partida podría ser establecer allí un “Área de Desarrollo Indígena” (ADI), posibilidad esta última contemplada en la Ley Indígena y que permitiría focalizar importantes recursos del Estado en una comuna que a gritos demanda auxilio del Gobierno central. ¿Por qué la Concertación no lo hizo antes? Simple. Primó la lógica de los calabozos y los pocos avances (entrega del fundo Alaska, por ejemplo) obedecieron más bien a la agudización de los conflictos. Es decir, fueron con fórceps. Y tampoco nos hagamos los ciegos; Ercilla, en tanto comuna de voto mayoritario de derecha, nunca fue prioridad para la Concertación y sus operadores políticos en MIDEPLAN y la CONADI. Tampoco Malleco, habría que agregar. Y qué decir de La Araucanía.

¿Posibles heridos en el camino? Todos aquellos para quienes la lógica del enfrentamiento o los “discursos del terror” significan hoy por hoy un magnífico negocio. Pero no se preparan tortillas sin romper al menos un par de huevos. Sean de vuestro lado o del nuestro. Debieran saberlo, como pocos, los señores de la clase política. Aysén, aunque por parte del Gobierno de manera torpe y tardía, permitió vislumbrar un camino a transitar para el abordaje de los conflictos sociales. ¿Por qué no repetir la fórmula en Ercilla y, de resultar el ejercicio, ampliarlo al Pueblo Mapuche en un futuro no muy lejano? ¿Por qué no volver a “Parlamentar” como en los tiempos antiguos, cuando la alta diplomacia se imponía a los garrotazos? Una cosa es innegable: hasta la fecha, la política indígena del Gobierno no ha sido más que una continuidad de lo obrado por la Concertación. Imposible negar matices positivos; el relevamiento de la realidad indígena urbana, la entrega de algunos predios emblemáticos, el reconocimiento oficial de nuestra Wenufoye o bandera nacional, y el decidido apoyo a los emprendimientos económicos, algunos de ellos. Pero sumando y restando, hablamos de más de lo mismo. ¿Alguien recuerda la promesa presidencial de campaña en materia indígena? Un cambio de paradigma. Así como lo lee. Dicha promesa sigue pendiente. ¿Se imaginan a las Fuerzas Especiales de Carabineros, como en Aysén, retirándose de Ercilla? Sería, qué duda cabe, una bella y esperanzadora postal.

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