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Cae Otra Canallada

por 26 abril, 2012

¡El único procesado por uso de gastos reservados en Chile ha resultado ser Augusto Pinochet, y eso que su “sobre con billetes” habría sido sólo de poco más de la mitad de lo que contenían los sobres concertacionistas! Pero dejo establecido que yo no creo que haya sustraído ninguna suma indebida.
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Como parte de la persecución que ha continuado el actual V Gobierno de la Concertación contra el Gobierno Militar, el Consejo de Defensa del Estado pidió la apertura del testamento del ex Presidente Pinochet. Leemos en “El Mercurio” de hoy: “El fisco pretende demandar civilmente a los herederos con el fin de recuperar 2 millones 56 mil 840 dólares.

Se trata del monto por el cual Pinochet fue desaforado por malversación de caudales públicos, en el marco del uso de gastos reservados, pese a que el ex gobernante fue sobreseído tras su muerte”. Pero ¿cómo? ¿No le habían dicho al país y al mundo que la fortuna de Pinochet era de más de 27 millones de dólares? ¿No dice “La Segunda” de hoy que la fortuna es de 26 millones de dólares, de los cuales no se ha podido explicar 17 millones? Sí, lo habían dicho y lo siguen repitiendo, porque la norma de comunicación de la gente de izquierda es “mentid, mentid, que algo queda” (Voltaire).

Ellos siempre supieron que era una mentira lo de los “27 millones de dólares”, porque en 2005 el director socialista de Impuestos Internos examinó todas las platas del ex Presidente durante su ejercicio del mando y concluyó que, en los 17 años, había sin explicar sólo un monto de 544 mil dólares (“La Tercera”, 8 de octubre de 2005, pág. 4). Esa suma equivalía a que ese Presidente hubiera usado para sí algo más de un millón de pesos mensuales de gastos reservados durante su presidencia. ¿Saben ustedes cuánto contenía cada uno de los “sobres con billetes” de gastos reservados que se llevaban para la casa los gobernantes de la Concertación hasta que fueron pillados? Un millón ochocientos mil pesos mensuales. Pero el celoso (con Pinochet) Consejo de Defensa del Estado nunca investigó nada de eso, ni menos a ningún Presidente de la Concertación, pese a que se supone que ellos se llevaban sobres más gruesos, porque su sueldo era mayor al de los ministros y funcionarios "con sobres".

En realidad, los gastos reservados de la sola Presidencia eran de 256 millones de pesos mensuales durante el gobierno de Lagos, cuando él y los suyos resultaron “pillados”, “traspié” del cual los ayudó a salir el caballeroso Pablo Longueira, sin siquiera exigirles que devolvieran la plata. La corruptela se había generado en el gobierno de Aylwin, como él una vez reconoció paladinamente en “El Mercurio”, confesando que, precisamente, “fue una corruptela”. Pero a ellos nadie los investigó ni investiga. Entonces ¡el único procesado por uso de gastos reservados en Chile ha resultado ser Augusto Pinochet, y eso que su “sobre con billetes” habría sido sólo de poco más de la mitad de lo que contenían los sobres concertacionistas! Pero dejo establecido que yo no creo que haya sustraído ninguna suma indebida.

Pocos días antes de su muerte nos dijo a un grupo de amigos que lo homenajeaba: “Juro por la memoria de mi madre que nunca he tomado un peso que no me correspondiera”. Y para mí su palabra tiene más valor que la de cualquier juez de izquierda o consejero de un politizado Consejo de Defensa del Estado. Bueno, así es Chile. Si Pinochet hubiera querido hacer fortuna con dineros públicos habría podido reunir más de cien millones de dólares de gastos reservados de la Presidencia, por los cuales nunca hubo que rendir cuenta. Como no los reunió, ahora dicen que se le investiga por dos millones 56 mil 840 dólares, que es lo único que se encontró. Los jueces tienen autoridad para pedir todos los dineros de Pinochet, dondequiera que estén, en cualquier lugar del mundo. En publicaciones de prensa se ha dicho que el tribunal ha logrado incautar 7 millones de dólares.

¿Dónde están los otros veinte, o diecinueve? Bueno, ahora los siete se reducen a dos. En todo caso, esos siete o dos son sólo una fracción de lo que diversos particulares del país y del exterior han declarado haberle donado al general en diversas épocas. Otra cosa que no se dice es que a todos los familiares del general la justicia ha terminado por sobreseerlos, sin cargos, tras haber sido acusados y privados de libertad por un caracterizado juez de izquierda, en medio de un mayúsculo escándalo de prensa, en el cual participaron todos los medios. Y el albacea Óscar Aitken, también víctima del ludibrio, finalmente fue sobreseído, de lo cual se informó en caracteres infinitamente más pequeños que los de las acusaciones que se le habían hecho.

Es que así son las cosas. Hace un par de años, la defensa del banco norteamericano Espirito Santo me pidió ayuda para demostrar que los fondos depositados en él por Augusto Pinochet eran bien habidos, pues el Consejo de Defensa del Estado había demandado a la entidad, pretendiendo incautar esos fondos “por pertenecer al fisco chileno”, todo en medio de la habitual fanfarria publicitaria. Ayudé en lo que pude con absoluto desinterés. Tiempo después, la defensa del banco me informó que había ganado el juicio.

El politizado Consejo perdió su tiempo y la plata de los contribuyentes chilenos, porque no pudo probar que los fondos del Espirito Santo hubieran sido malhabidos. Y de eso ningún medio, ni menos el Consejo, informó nada. Pero la justicia de izquierda, el V Gobierno de la Concertación y su Consejo de Defensa del Estado van a continuar reflotando el caso, denominado “caso Riggs” (aprovecho de aclarar que el dueño de ese banco vino a ofrecerle al general administrarle sus ahorros, en 1996, según puede verse en el Informe del Senado norteamericano; y la verdad es que le permitió obtener una buena rentabilidad, por la cual la sucesión Pinochet pagó los correspondientes impuestos).

En todo caso, la izquierda sabe que tiene una herramienta de propaganda política que siempre le da dividendos. Aunque una y otra vez la canallada caiga por sí sola, como ahora, en que ha quedado reducida a dos millones de dólares, lo que no ha obstado a que se siga hablando de 26 o 27 millones que nadie ha podido acreditar ni decir dónde están, pero que son los que quedan en la memoria de la gente. que saben que “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad” (Goebbels).

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