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Un 7 para el Presidente

por 26 abril, 2012

Un 7 para el Presidente
Un golpe a la cátedra: fin del CAE de Lagos —el rocambolesco ex presidente socialista chileno—; fin del CAE de Bitar —el pintoresco antiamigo del movimiento estudiantil—; fin del CAE de la Concertación —la clostridium difficile de la política chilena (lo digo sobre todo por lo de “difficile”)—. Si hasta el mismo Jorge Arrate, el más simpático de los políticos (es capaz de reír) del izquierdismo nacional, ex candidato presidencial del sector, lo celebró. ¡Chapeau!
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El anuncio, el solo anuncio, fue un golpe a la cátedra.

Piñera; Sebastián Piñera; el presidente Sebastián Piñera; el primer gobernante de derecha después de la spengleriana veintena de años de la Concertación; el presidente de derecha que mejor representaba a un notable del neoliberalismo, formado en el Imperio, por el Imperio y para el Imperio; el multimillonario vilipendiado por el “columnismo” nacional e internacional; Piñera, el mismo que ha sido criticado por el derechismo duro nacional, primero, por tener un cenáculo de tecnócratas en las carteras de Gobierno, y segundo, por gobernar sin las ideas de la ideología clásica neoliberal chilena; ese mismo, sí, ese mismo es al que vimos por todos los canales de TV instruyendo al primer funcionario de la cartera de Educación —el Ministro— respecto de un impactante anuncio: la desbancarización del sistema de financiamiento de la Educación Superior, la nada más y nada menos impactante estatización del sistema.

¿Una paradoja? Para nada. Un golpe a la cátedra: fin del CAE de Lagos —el rocambolesco ex presidente socialista chileno—; fin del CAE de Bitar —el pintoresco antiamigo del movimiento estudiantil—; fin del CAE de la Concertación —la clostridium difficile de la política chilena (lo digo sobre todo por lo de “difficile”)—. Si hasta el mismo Jorge Arrate, el más simpático de los políticos (es capaz de reír) del izquierdismo nacional, ex candidato presidencial del sector, lo celebró. ¡Chapeau!

Seguramente lo más importante del anuncio, su impacto comunicacional, el desorden y nuevo orden que produce en el tablero político, es lo que deja más tranquilo al presidente Piñera, por ahora. Como ya lo hemos dicho, él es en verdad un esteta de la política.

Lo que siguió al marionetismo nervioso del ministro era evidente: que la letra chica, que hay que esperar el proyecto, que es un triunfo del movimiento estudiantil, o que se trata sólo de un anuncio.

Es en efecto un anuncio, pero comunicacionalmente perfecto.

Aparece como que escucha la voz de la calle, la voz de los miles que salieron el año 2011 y ayer también, la voz de los estudiantes movilizados y en movilización. Aparece como el gesto de un gobernante que es capaz de cortar un nudo gordiano. Aparece como la expresión de una política “à la gauche”. Aparece, al fin, como un “jab” directo de izquierda, qué digo jab, un “uppercut” perfecto a la sien, de la todavía “difficile” Concertación.

¿Quién se acuerda de los US$ 550 millones que ya han ganado los bancos en Chile, a costa de la educación universitaria de miles de jóvenes y familias? ¡Nadie!

Nos acordamos eso sí, del pobre ex presidente Lagos, de su tan férrea defensa del sistema, de su arrogante discurseo por el aumento de la cobertura, de su mendicante actitud con la banca. ¿Había espacio para un sistema menos favorable a los bancos? La respuesta es del mismo Lagos al periodista Daniel Matamala en la Revista Qué Pasa, asimismo como la escribo: “¡No había! Primero por falta de plata[…] ¿te queda claro?”. ¿Qué dirá ahora el ex presidente Lagos? Un misterio. Habrá que esperar; pero en todo caso, de que hablará, hablará, sobre todo, porque no está en Chile Ernesto Ottone para hablar por él.

Seguramente lo más importante del anuncio, su impacto comunicacional, el desorden y nuevo orden que produce en el tablero político, es lo que deja más tranquilo al presidente Piñera, por ahora. Como ya lo hemos dicho, él es en verdad un esteta de la política.

La pregunta es si esta aparente desbancarización y estatización de Piñera resuelve el problema de fondo del brutal negocio de la educación superior en Chile, el problema estructural del sistema universitario (y educacional) chileno. Veamos, qué perdemos. Hagamos un poco de memoria.

En el año 1981 la Revista Ercilla venía, semana a semana, con un extraordinario regalo. Se trataba de la entrega por capítulos del libro “Free to Choose” de Milton Friedman. La traducción incluía una foto a todo color del gurú del neoliberalismo chileno. Ahí leemos, en uno de sus capítulos, la “solución” —así la llama el maestro de Chicago— al problema del financiamiento de la educación superior.

Independiente de cualquier condicionamiento cultural, dice Friedman, es absolutamente deseable que todos los jóvenes tengan la oportunidad de acceder a la universidad. ¡Pero! “siempre que él o ella esté dispuesto a pagarla en el momento o deduciéndolo de la renta más elevada que la enseñanza le permite obtener”. En este punto Piñera no se pierde: sigue al pie de la letra al padre del neoliberalismo.

Sigamos. Dice Friedman que “hay argumentos fuertes en pro de un fondo crediticio suficiente para garantizar igualdad de oportunidades a todos”. De nuevo, Piñera lo sigue al pie de la letra.

Sigamos aún más. Agrega Friedman que hay argumentos fuertes también “en pro de la extensión de la información sobre la asequibilidad de tales fondos destinados a estimular a los menos privilegiados para que aprovechen las oportunidades”. Acá Piñera, de nuevo, perfecto.

Pero, Milton Friedman advierte severo “en la medida en que el Estado maneja instituciones de enseñanza superior, tendrá que cobrar a los estudiantes las cuotas correspondientes al coste total de la enseñanza y demás servicio que se les proporcionan”. Piñera, ante la severidad, se peina con mano cambiada, y orgullosamente satisfecho, muestra su tarea impecable.

No es todo. Friedman era partidario de una excelente idea que le va a sonar muy familiar: recordaba que “uno de nosotros publicó un plan de financiación equitativa de la enseñanza superior por medio de una corporación estatal que pudiera ofrecer la financiación, o la contribución a la misma”. No podía no estar más de acuerdo Milton Friedman. En el fondo es cambiar un banco por otro “banco”. Los principios se mantienen. Todos pagan y nada es gratis. Menos la educación que es un bien de consumo y un bien de inversión.

Piñera puede sentirse el mejor alumno.

Friedman, como era, no tendría reparos pedagógicos en decir a viva voz, al curso completo: ¡Un siete para Piñera!

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