Domingo, 20 de agosto de 2017 Actualizado a las 23:22

Opinión

Autor Imagen

No es colegio para nanas

por 11 mayo, 2012

No es colegio para nanas
La elite no ve el problema de la dignidad de la Nana. Censura como censuraron a honestos periodistas. Hace piruetas morales para pontificar respecto a la ética de una cámara escondida, mientras tiene 24/7, sometidas a unas cuantas estrellas de la farándula, a la tortura de un reality show. Y el extremo del simulacro es que se trata precisamente de nuestra elite, católica, apostólica, romana.

¿Quién no ha visto un rostro desfigurado por sucesivas cirugías estéticas, rostros sometidos al rigor del rejuvenecimiento facial? Producen extrañeza porque la pretendida frescura del rostro juvenil, su lozanía indómita o su hermosa naturalidad, se pierden en el marasmo gestual y en el simulacro excesivo de una máscara tan patética como hipócrita.

Todo fingimiento en sí mismo ya es algo burdo, pero cuando se hace hiperbólico, aparte de tosco, llega al límite de la grosería.

No es una paradoja que el límite de lo pretendidamente estético llegue a lo grosero. Aquí estético significa plástico y sintético.

La dignidad de una Nana, su deseo de estar cerca de su hijo en su trabajo, de llevarlo a un buen colegio, porque la dignidad de su hijo se lo exige como un derecho, nos refriega en nuestras propias narices la mascarada de nuestro sistema educativo, y de paso, le enfoca un primerísimo primer plano al simulacro evidente en el rostro católico de los colegios de la elite.

Individualmente nadie está a salvo de la hipocresía moral. El extraordinario argumento de Freud en El Malestar de la Cultura para descartar el precepto “amarás al prójimo como a ti mismo” resulta del todo pertinente. Nadie está a salvo de la hipocresía moral, porque en realidad al prójimo “le bastará experimentar el menor placer para que no tenga escrúpulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poderío sobre mi persona, y cuanto más seguro se sienta, cuanto más inerme yo me encuentre, tanto más seguramente puedo esperar de él esta actitud para conmigo”.

No podemos dejar en manos de las religiones una tarea que es propiamente estatal, laica y republicana. No le podemos entregar la educación de nuestros hijos a grupos religiosos con intereses particularísimos so pretexto de educación de calidad, menos si hay recursos públicos en cuestión.

En vez de seguir la hipocresía que encierra el precepto, pero al mismo tiempo, para no sucumbir en la geometría de todos contra todos, es que las sociedades han procurado entregarse para sí mismas todo el sistema cultural de normas y leyes racionales. Con toda la imperfección que encierra la racionalidad, son en definitiva, leyes nuestras.

Diane Ravitch en su extraordinario libro en defensa de la educación pública del año 2010 usa precisamente este argumento para criticar a los colegios particulares subvencionados, y particularmente, si son de orientación religiosa. No podemos dejar en manos de las religiones una tarea que es propiamente estatal, laica y republicana. No le podemos entregar la educación de nuestros hijos a grupos religiosos con intereses particularísimos so pretexto de educación de calidad, menos si hay recursos públicos en cuestión.

La pregunta es tan evidente como la ideología que encierra su respuesta: ¿Acaso no puedo educar a mis hijos donde se me de la real gana? No me interesa ni la escuela pública, ni la escuela particular subvencionada. Me interesa esa escuela, particular 100%, católica y de elite. Después, mis hijos tendrán tiempo para aprender individualmente y si lo desean, valores cívicos. Incluso pueden, si lo desean y de acuerdo a su desarrollo, renegar de su catolicismo. Pero a esa escuela “los mando” porque en Chile impera la libertad de enseñanza y la libertad de elegir

La elite no ve el problema de la dignidad de la Nana. Censura como censuraron a honestos periodistas. Hace piruetas morales para pontificar respecto a la ética de una cámara escondida, mientras tiene 24/7, sometidas a unas cuantas estrellas de la farándula, a la tortura de un reality show. Y el extremo del simulacro es que se trata precisamente de nuestra elite, católica, apostólica, romana.

¿Puede la Nana pagar los más de 3 millones de cuota de incorporación en los colegios Los Andes, Tabancura, Grange, Cordillera de las Condes o los Alerces? ¿Podría pagar el poco más de millón en los colegios La Girouette o el Everest? No los puede pagar y además no son colegios. Son clubes. Empresas.

La elite católica, su rostro cada vez más desfigurado a fuerza de plástico y cirugías, insiste y seguirá insistiendo: es absurdo que la Nana venga a nuestros colegios a buscar una oportunidad para su hijo. ¿No sabe que no es colegio para Nanas?

¿Qué abrumador? No creo. Bastaría con nacionalizar la educación: arrebatárselas a los Repsol del mercado educativo chileno, tan hispano-católicos ellos.

No faltan, en todo caso, los que andan diciendo como Heidegger “Sólo un dios podrá salvarnos”. En ese caso, que nos salve el cura Berríos. Sale más barato traerlo.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes

Plan Individual

Anual:
$45.000
Semestral:
$20.000
Trimestral:
$10.000
Mensual:
$5.000

Plan Empresa

Anual:
$400.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 500.000)

Semestral:
$200.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 250.000)

Trimestral:
$100.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 150.000)

Mensual:
$40.000

Hasta 10 usuarios
(valor normal 50.000)