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Lobby: el error del diputado Saffirio

por 18 mayo, 2012

Lobby: el error del diputado Saffirio
El verdadero lobby se da en los medios de comunicación, en los "copy-paste" de las editoriales, en las noticias creadas por una empresa de comunicación y pegadas en el área económica de un diario, se da en los privados de varios restaurantes de Vitacura o Las Condes, en la cafetería de otros tantos hoteles, o en la asistencia de diputados, senadores o ministros a la casa de "alguien" para asistir a una "reunión informal".

El diputado René Saffirio ha levantado la voz con fuerza, sobre un tema que se debe debatir de manera rápida y decidida: el lobby en el Congreso. El diputado denuncia que personas se le acercaron a exponer sus posiciones sobre un proyecto de ley que se está discutiendo. Para denunciar el tema del lobby, el diputado Saffirio utiliza un ejemplo que podríamos describir como el caramelo de un creme brulée, es decir, se queda en la superficie, sin levantar la voz por lo que está debajo de este caramelo, sin denunciar lo que realmente afecta negativamente a la generación de políticas públicas en el Congreso.

¿Qué es el lobby? podríamos describirlo como la acción de un grupo de personas, que trata de influir sobre las decisiones de quienes elaboran las políticas públicas, a través de diversos medios y formas. Estos grupos de personas pueden ser dirigentes sindicales, ecologistas, empresas, juntas de vecinos, asociaciones gremiales, o personas como yo, que queremos que se regule el lobby y la influencia del dinero en la política, y que al escribir estas columnas, o detener a un parlamentario en un pasillo, lo que estamos haciendo es justamente lobby, presión por una posición que consideramos legítima y correcta.

Los diputados y senadores no vienen de Marte, están inmersos diariamente en la toma de posturas y decisiones que afectan a muchas personas. Es legítimo, por tanto, que las personas que nos vemos afectadas por esas decisiones, queramos influir en estas, y para ello tratamos de exponer nuestros problemas y deseos al Gobierno o a los Parlamentarios, exposición que está fundada en convicciones y representa intereses determinados. Una democracia madura, por tanto, debe ser capaz de facilitar estas reuniones, con transparencia y ecuanimidad, sin beneficiar a algunos en desmedro de otros en la exposición de sus intereses particulares.

Ojalá el diputado Saffirio, y muchos otros, no se atrevan sólo a quebrar el caramelo, y en cambio vayan por los fundamentos estructurales de un sistema que está en crisis, y que la ciudadanía hace tiempo tomó nota, estos fundamentos están en el financiamiento de toda la política chilena, un lugar donde hay espacios de alarmante oscuridad, y donde los privilegiados de esa oscuridad se niegan a ceder.

El problema en Chile es que quienes tienen la capacidad real de hacer lobby, no están en los pasillos del Congreso, probablemente nunca pisarán esos pasillos para tratar de conversar con el diputado Saffirio. Los pasillos del Congreso están para los dirigentes sindicales, líderes sociales, ecologistas, etc. para quienes tienen métodos de presión restringidos, no acceden a las redes de poder, tienen poca influencia en los medios de comunicación, frecuentan las listas de espera y, con suerte, lograrán hablar con algún diputado o senador en algún pasillo.

El verdadero lobby no se da en el edificio del Congreso, y la candidez de quien lo crea así es preocupante. Probablemente jamás veremos en un pasillo del Congreso a los ejecutivos de las empresas que se dedican al lobby, industria al alza en un sistema desregulado como el nuestro, y que dedican su giro a defender intereses de quienes tienen la capacidad de pagar por este servicio. El verdadero lobby se da en los medios de comunicación, en los "copy-paste" de las editoriales, en las noticias creadas por una empresa de comunicación y pegadas en el área económica de un diario, se da en los privados de varios restaurantes de Vitacura o Las Condes, en la cafetería de otros tantos hoteles, o en la asistencia de diputados, senadores o ministros a la casa de "alguien" para asistir a una "reunión informal".

El lobby y la relación entre el dinero y la política en Chile, es una dimensión más de la asimetría entre quienes son capaces de pagar insertos, financiar think tanks, campañas electorales, partidos políticos, poner publicidad en los medios, etc., y quienes sin ese poder económico, sólo tienen las calles y la suerte de lograr que "alguien" los reciba o los escuche en un pasillo.

Ojalá el diputado Saffirio, y muchos otros, no se atrevan sólo a quebrar el caramelo, y en cambio vayan por los fundamentos estructurales de un sistema que está en crisis, y que la ciudadanía hace tiempo tomó nota, estos fundamentos están en el financiamiento de toda la política chilena, un lugar donde hay espacios de alarmante oscuridad, y donde los privilegiados de esa oscuridad se niegan a ceder.

La ley sobre regulación del lobby que ha anunciado el Gobierno es un gran avance, importante y coherente con el desarrollo de las políticas pro transparencia que ha venido teniendo Chile de manera constante hace más de una década. Aquí hay muchas medidas que pueden ser tomadas para dar mayor ecuanimidad a los distintos grupos de interés a la hora de exponer sus posiciones. Sin embargo, es la punta del iceberg, aquí no se juega la influencia que hoy tienen ciertos grupos de presión. Requerimos una ley de financiamiento electoral y la política en general, que regule y transparente quienes financian la actividad política en Chile. Más de mil personas han firmado la declaración dineroypolítica.cl, llamando al Gobierno y al Congreso a regular la relación entre dinero y política, para mejorar la confianza de los ciudadanos con sus instituciones.

Necesitamos una política que, recogiendo la mayor cantidad posible de visiones ciudadanas, procure privilegiar aquellas que lograrán maximizar el interés general, sin privilegiar desde la actividad pública intereses particulares que vayan en desmedro del bienestar de la gran mayoría de chilenos.

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