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Juan Carlos I: reino de chorizos y perroflautas

por 5 junio, 2012

Así van las cosas cuando el rey elefanticida y un grupo de empresarios salen de un país hundido por los chorizos con la esperanza de redorar el abollado blasón de España y conseguir que los bancos, las telefónicas y otras empresas españolas, maltrechas allá, sigan haciéndose la América en nuestro continente, donde muchas obtienen la tajada gorda de sus ganancias.

Desde siempre los españoles han rendido culto a los pícaros, pero al verlos hoy instalados en la cúspide del Estado comienzan a indignarse. Asfixiada por las deudas, España vive una crisis patagüina y la imagen de un rey que viaja a Brasil y Chile con muletas es símbolo de un país inválido, con cinco millones y medio de desempleados, equivalentes a un cuarto de su población activa y a un cincuenta por ciento de los jóvenes.

A la entrada del puente romano de Salamanca se alza la estatua del Lazarillo de Tormes, el primer pícaro de la literatura española, salido en 1554 de pluma anónima. Le siguieron Rinconete y Cortadillo, dos mozalbetes que han sido tallados en el mármol del Monumento a Cervantes, su creador, en la plaza de España de Madrid. Otras plumas irán recreando con distintos nombres al pícaro español: Guzmán de Alfarache, Buscón, Estebanillo, y una pícara: Justina. Con el paso de los siglos, la picaresca sobrevivirá en sucesivas metamorfosis, emigrando de los pueblos a Madrid, de las plazas a los salones, de la calle a la gerencia de empresas, de los suburbios al corazón del Estado.

“En mi pueblo tenemos un alcalde cojonudo: desvió el camino para que pasara por la puerta de su finca”, me decía con orgullo un español en los 90. Eran años de prosperidad y la torta alcanzaba para todos. Los “chorizos” —que así se conoce a los pícaros modernos— se lanzaban al asalto de alcaldías, ayuntamientos y municipios. La reclasificación de terrenos agrícolas en urbanos, la autorización del levantamiento de hoteles en zonas de playa, las urbanizaciones esperpénticas que brotaban como setas arruinaban la estética del país, pero hacían millonarios a ediles, promotores e intermediarios vinculados al PP, el PSOE y los partidos regionales. Era el paraíso del “pelotazo”, el dinero ganado de un día para otro que permitía a los chorizos vivir en la opulencia el resto de sus vidas.

Cuando Mario Conde, banquero playboy, fue condenado en 1993 a 20 años de cárcel por el escándalo Banesto, la calle simpatizó con él y los libros que escribió fueron best sellers. En 1999 el chorizo Luis Roldán, jefe socialista de la Guardia Civil, fue condenado a 31 años y a devolver los millones saqueados al fisco, y los españoles, más divertidos que indignados, descubrieron en la revista Interviú las fotos de las partusas donde Roldán aparecía en calzoncillos y el disfraz que llevaba cuando la Interpol le echó la garra en Tailandia.

Así van las cosas cuando el rey elefanticida y un grupo de empresarios salen de un país hundido por los chorizos con la esperanza de redorar el abollado blasón de España y conseguir que los bancos, las telefónicas y otras empresas españolas, maltrechas allá, sigan haciéndose la América en nuestro continente, donde muchas obtienen la tajada gorda de sus ganancias.

La familia real también pasaba piola. Los españoles eran benévolos con las interminables vacaciones que su monarca cojonudo se daba con los suyos en el palacio de Marivent y se extasiaban ante el aterrizaje allí de Lady Di y los famosos de Hollywood. A nadie inquietaban las aficiones a la vela, el esquí y demás deportes nada baratos con que el rey y los de su casa mataban el aburrimiento. A Juan Carlos se le perdonaban su holgazanería y sus escapadas, porque había garantizado e incluso salvado en el momento más crítico la transición de la dictadura franquista hacia la democracia.

Pero la paciencia se acabó el 15 de mayo del año pasado, cuando los indignados se tomaron la Puerta del Sol y las plazas de España. A esa altura los pícaros, a quienes los municipios les habían quedado chicos, perforaban las finanzas de la administración central y las comunidades autónomas, especie de Estados federados de la España moderna. Ejemplos:

-En la comunidad de Baleares, su ex presidente Jaume Matas es juzgado y condenado a seis años de cárcel por haber multiplicado artificialmente los costos del polideportivo Palma Arena.

- En Andalucía, autonomía socialista, se descubre la chuña de los “fondos de reptiles” del programa de empleo, que alcanzan para que el chofer de Francisco Javier Guerrero, director del Trabajo, compre todos los meses 25 mil euros en cocaína para él y su jefe.

- A partir de la comunidad autónoma de Valencia, la investigación de la trama “Gürtel”, de proyectos urbanísticos fraudulentos, iniciada por el juez Garzón, se extiende a las comunidades de Madrid y Galicia, todas en manos del PP, con un total de 71 imputados, comenzando por el presidente valenciano Francisco Camps, un tal “Bigotes” y otros chorizos. Camps, dado a mirarse al espejo, habría recibido trajes a la medida por un valor de 30 mil euros.

- En la misma comunidad valenciana, el megalómano presidente de la diputación provincial de Castellón, Carlos Fabra, derrocha los fondos públicos en la construcción de un aeropuerto que permanece sin aviones hasta hoy, un año después de su inauguración.

- La gota de agua que casi repleta el vaso la pone Iñaki Urdangarín, duque de Palma, yerno del rey, marido de la infanta Cristina. Una trama de ONG y sociedades fantasmas dedicada a supuestos eventos deportivos y culturales habría permitido a Urdangarín y un grupo de chorizos desviar más de tres millones y medio de euros de varias comunidades autónomas del PP hacia cuentas en España y paraíso fiscales.

- Entretanto, otro pícaro, Su Señoría el Excelentísimo Señor Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, don Carlos Dívar, estruja el presupuesto público en una veintena de viajes pagados para él y sus escoltas a hoteles elegantes de Puerto Banús, gozando de la llamada “semana caribeña”, una pillería consistente en trabajar solo martes, miércoles y jueves y tomarse cuatro días, de viernes a lunes. La asociación de juristas “Preeminencia del Derecho”, en denuncia presentada contra Dívar afirma que su conducta “es propia de los ambientes del Lazarillo de Tormes”, calificándola de “acto de picaresca inconciliable”.

- Pero el vaso termina desbordado con el famoso tropezón del rey y su fractura triple de cadera en Botswana, donde anda cazando elefantes pa’callao. Después de declarar que el desempleo juvenil “me quita el sueño”, el monarca había partido alegremente de safari en compañía de la rutilante princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, conocida farandulera, lobbista y facilitadora de negocios, en un viaje organizado por el empresario sirio Mohamed Eyad Kayali y pagado por el príncipe Salman bin Abdulaziz al Saud, de Arabia Saudita.

Hay misterio en la obsesión del rey de España por la caza. Cuando tenía 18 años, Juan Calos dio muerte a Alfonso, su hermano menor, con un revolver que se le disparó accidentalmente. Desde entonces, con cada disparo a una perdiz, liebre, jabalí, corzo, oso, búfalo o elefante, quizás Juan Carlos ha querido escapar del agujero negro de ese horror y dar la espalda a aquella muerte, como los pilotos de una escuadrilla que emprenden vuelo para matar el chuncho tras la caída del avión de un compañero. Por eso no sorprende que teniendo tal abuelo, Froilán, el nieto menor de edad, se pegara hace dos meses un escopetazo en un pie: un accidente más en la familia.

Cuando el rey llega de muletas a Chile en tiempo de gravísima crisis, tanta picaresca ha terminado por agotar la paciencia de sus compatriotas. En miles de comentarios aparecidos en la prensa digital española en torno al accidente de Botswana, la condena ha sido generalizada, a menudo en términos subidos. Solo unos pocos defienden al rey, y no de forma incondicional. Los llamamientos a favor del fin de la monarquía y la instauración de la tercera república se disparan en flecha. La amargura se ha instalado en los corazones. “Este es un país de chorizos”, ha dicho Julio Anguita, dirigente histórico de Izquierda Unida.

Y en medio del jaleo se extiende velozmente por España una nueva expresión, “perroflauta”, en alusión a un joven melenudo, de desastrado estilo artesa, que pedía dinero por las calles de Madrid tocando una flauta en compañía de su perro. Es la imagen misma del desamparo, pero los enemigos de los indignados intentan utilizarla y en el ultraderechista Foro España, Trajano XX escribe: “Aprovechándose del movimiento de los ‘indignados’, perroflautas, rastas, progres de la más rancia extrema izquierda y demás piojerío marihuanero nacional, se concentran en varias ciudades españolas alterando el orden público”. Alguien añade: “Toda España será perroflauta. Estamos al borde del abismo”… Picaresca, miedo al futuro y además odio y mala leche… A los perroflautas se agregan los “yayoflautas”, jubilados arruinados que se suman a los indignados.

Así van las cosas cuando el rey elefanticida y un grupo de empresarios salen de un país hundido por los chorizos con la esperanza de redorar el abollado blasón de España y conseguir que los bancos, las telefónicas y otras empresas españolas, maltrechas allá, sigan haciéndose la América en nuestro continente, donde muchas obtienen la tajada gorda de sus ganancias.

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