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Paciencia con la educación

por 2 octubre, 2012

Cuesta entender por qué durante veinte años la preocupación estuvo principalmente en los intereses del Colegio de Profesores, y en la construcción de edificios. Razones habrá muchas, una de ellas es que los profesores votan y los alumnos no, y que los edificios son algo que se puede inaugurar y exhibir, mientras que el aumento en el conocimiento es algo que pasa casi desapercibido.
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Después de un período de letargo invernal se han renovado las manifestaciones del movimiento estudiantil. Además, la discusión sobre el presupuesto para el próximo año ha despertado el interés de muchos. Sin embargo, algunos  se han preguntado si después de un año de agitación la educación ha mejorado, si se ha logrado algo y qué puede esperarse para el futuro.

La respuesta es que la educación venía mejorando antes de que hubiera marchas y lo seguirá haciendo, pero los resultados sólo se verán cuando las recientes marchas estén largamente olvidadas. La educación muestra sus resultados gradual y lentamente, porque implica cambios en las personas. Las habilidades y actitudes de padres, alumnos y profesores respecto de los estudios no cambian de un día para otro, ni al parecer de un año para otro. Esto mismo hace que lo que tenga que ver con la educación no reciba mucha atención de parte de los políticos, ya que el trabajo de unos será cosechado por otros.

Aún así, algunos políticos con sentido de servicio, comenzaron a impulsar iniciativas educacionales a largo plazo – enfocadas en las personas, principalmente en los profesores. Una de ellas fue la beca “Vocación de Profesor” que apunta a uno de los principales problemas: la calidad de los profesores y los incentivos que tiene un joven de talento para dedicarse a la enseñanza. Cierto que una reforma así no resuelve el problema por sí sola, pero va en la dirección correcta.

Otra iniciativa que ataca el mismo problema desde el otro extremo es la recientemente otorgada facultad de directores para remover a un pequeño porcentaje de los profesores con mal desempeño. Esto fue resistido y criticado. Se entiende; una profesión con baja remuneración es compensada con una alta estabilidad laboral, pero en esta ecuación no entraban los intereses de los estudiantes, cosa que ahora queda parcialmente corregida.

Lamentablemente los agitadores lograron derribar a un ministro, y el Presidente tuvo que poner otro que se dedicara por entero a contener las revueltas. Se perdió casi un año, pero ahora que el ambiente está más calmado se ha retomado el trabajo. El tercer Ministro de Educación de este gobierno ha propuesto modificaciones en la carrera docente para hacerla más atractiva, más justa y más centrada en las necesidades de los estudiantes.

Cuesta entender por qué durante veinte años la preocupación estuvo principalmente en los intereses del Colegio de Profesores, y en la construcción de edificios. Razones habrá muchas, una de ellas es que los profesores votan y los alumnos no, y que los edificios son algo que se puede inaugurar y exhibir, mientras que el aumento en el conocimiento es algo que pasa casi desapercibido.

Todavía queda mucho por hacer, los programas de estudio de las carreras de pedagogía y las maneras de habilitar a los docentes requieren una revisión, por ejemplo. Lo que se refiere a los estudiantes mismos y sus familias es un tema que se ha tocado poco. Todo esto necesita de tiempo para ponerse en práctica y aún más tiempo para que dé sus frutos. Quien pueda sembrar pensando en esos frutos un estadista. ¿Habrá más de dos o tres entre los políticos?

(*) Texto publicado en El Sur, de Concepción.

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