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Venezuela elige su futuro

por 2 octubre, 2012

Se ve a un candidato de gobierno físicamente desmejorado, probablemente por el cáncer del que dice estar curado; que en contadas ocasiones ha realizado movilizaciones y que se dedica a insultar, descalificar y continuar con el mensaje de odio que poco a poco ha crecido en un país cuyas cifras de muertos por violencia, se aproximan a las de un país en guerra.
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Las elecciones presidenciales que en escasos días serán celebradas en Venezuela son quizás las más importantes y complicadas de la historia del país.

Ciertamente durante los últimos 14 años, en los que el presidente Hugo Chávez ha estado en el poder, contiendas electorales de diversa índole se han llevado a cabo en medio de una creciente polarización política y social, que ha desatado un contundente cambio en la actitud y el modo de vida de los venezolanos.

Sin embargo, en esta ocasión la decisión va más allá de una simple lucha electoral. Los venezolanos decidirán entre dos sistemas, dos formas de vida.

Una de las alternativas es la continuidad del gobierno autoritario, restrictivo y desgastado encabezado por Hugo Chávez, que ha llevado al país a mantenerse al margen del desarrollo digno de una nación petrolera llena de riquezas; o la propuesta de Henrique Capriles Radonski, que busca detener el proceso de descomposición que en todos los sectores atraviesa Venezuela, para construir una nueva nación marcada por el progreso, la unidad y la paz.

Se ve a un candidato de gobierno físicamente desmejorado, probablemente por el cáncer del que dice estar curado; que en contadas ocasiones ha realizado movilizaciones y que se dedica a insultar, descalificar y continuar con el mensaje de odio que poco a poco ha crecido en un país cuyas cifras de muertos por violencia, se aproximan a las de un país en guerra.

Serán unas elecciones en las que las encuestas no necesariamente son un instrumento de orientación en cuanto a la intención de voto. Se habla de sondeos forjados y pagados por los sectores de poder. Según los expertos, en este caso el factor más determinante es el miedo. Son muchas las persecuciones y presiones que padecen los empleados públicos, contratistas y otros personajes que dependen económicamente del gobierno. El hecho de pensar distinto, de disentir, no es bien visto en un gobierno que ha discriminado pública y notoriamente a todo aquel que no comulgue con la denominada revolución, orquestada por Fidel Castro. Es por eso que serán muchos, los que en silencio, irán a depositar su voto por el candidato del progreso.

En estos momentos las mediciones se hacen en las calles del país. Por un lado se ve a un sector cargado de esperanza, llenando las calles de color, de entusiasmo, siguiendo a un Capriles que ha recorrido tres y hasta cuatro veces los Estados del país, realizando caminatas pueblo por pueblo, algunos en los que incluso nunca antes ningún candidato había llegado. Un aspirante que ha sido alcalde, gobernador y que ha logrado conectarse con las necesidades de los ciudadanos en las masivas concentraciones que ha logrado reunir sin contar con el poderoso aparataje logístico y propagandístico del Estado, para llevar el mensaje de que aquí no todo está perdido.

Por el contrario, se ve a un candidato de gobierno físicamente  desmejorado, probablemente por el cáncer del que dice estar curado; que en contadas ocasiones ha realizado movilizaciones y que se dedica a insultar, descalificar y continuar con el mensaje de odio que poco a poco ha crecido en un país cuyas cifras de muertos por violencia, se aproximan a las de un país en guerra.

Durante los pasados días se han desatado campañas de guerra sucia que han buscado desacreditar las acciones de la oposición. El candidato de gobierno se niega a debatir con su contendor, pero no deja de mencionarlo para insultarlo en sus discursos.

La poca credibilidad de las encuestas impide tener una aproximación clara sobre quien será el triunfador en esta histórica contienda. Todo apunta a que el margen de diferencia será estrecho, cerrado; un final de fotografía que marcará el futuro de muchos venezolanos que dependen de los resultados de esta contienda para determinar si continúan en el país o si cabizbajos se irán a otras fronteras en busca de un mejor destino.

Por increíble que parezca, los comentarios que reiteradamente pueden oírse, especialmente en la empobrecida clase media van enmarcados en qué será de sus vidas a partir del 8 de octubre.

La tensión, la incertidumbre y el miedo forman parte de este proceso, en el que también muchos están dispuestos a salir con coraje y valor para ver a una Venezuela distinta. Durante la noche del 7 de octubre, probablemente en la madrugada

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