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Cambios institucionales

por 3 octubre, 2012

Tan importante como los movimientos sociales son las personas silenciosas, las que no marchan, pero que observan con especial atención la realidad, la existencia de un vacío en la representación política, como queda evidente en la dramática circunstancia que lleva a la mayoría de los candidatos a omitir colocar en sus propagandas a qué partidos pertenecen, silenciando la existencia de los mismos, seguramente por recomendación de especialistas en publicidad.
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La carta pastoral del comité permanente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica, hace un crudo diagnóstico de nuestra realidad hasta el punto que critica severamente el modelo económico, cultural y social en actual aplicación. Expresa que a su juicio Chile ha sido uno de los países donde se ha aplicado con mayor rigidez y ortodoxia un modelo de desarrollo excesivamente centrado en los aspectos económicos y en el lucro.

Dicho modelo ha privilegiado, según dicha carta, de manera descompensada la centralidad del mercado, extendiéndola a todos los niveles de la vida personal y social. Derechamente en la pastoral se agrega que en dicha concepción de desarrollo tan fuertemente orientada por el mercado, es natural que el Estado vaya cediendo mucha de sus funciones y pierda sus instrumentos de intervención hasta convertirse sólo en un ente regulador. Culmina dicha crítica con la afirmación que el lucro desregulado adquiere connotaciones de usura y aparece como la raíz misma de la  inequidad, de la voracidad, del abuso, de la corrupción y en cierto modo del desgobierno.

Tan importante como los movimientos sociales son las personas silenciosas, las que no marchan, pero que observan con especial atención la realidad, la existencia de un vacío en la representación política, como queda evidente en la dramática circunstancia que lleva a la mayoría de los candidatos a omitir colocar en sus propagandas a qué partidos pertenecen, silenciando la  existencia de los mismos, seguramente por recomendación de especialistas en publicidad.

Dado dicho diagnóstico cabe preguntarse, en el caso que se comparta el mismo, qué debiera hacerse para enmendar rumbos. ¿Basta un simple llamado a humanizar y compartir el desarrollo —llamado moral por cierto muy valioso—, o surge como necesidad ineludible abordar la realización de cambios en la institucionalidad política y económica del país? Algunos, particularmente miembros del actual gobierno, han entendido la carta pastoral como un simple llamado a humanizar la economía y la sociedad, dentro de un marco de la más completa vaguedad reclamando incluso la ausencia de reconocimiento. Sin embargo, el diagnóstico severo contenido en la carta pastoral no se agota, en modo alguno, en un simple frase, sino que es menester adentrarse  definitivamente en la institucionalidad que sostiene al actual modelo económico, social y cultural.

Para hacer cambios o modificaciones en los próximos eventos electorales, —elecciones municipales, en este mes de octubre y presidenciales y parlamentarias  en noviembre de próximo año—, en lugar de concentrar todos los esfuerzos en la propaganda y el rayado callejero,  en miles de caras sonrientes que son pegadas en carteles que oscurecen el panorama de pueblos y ciudades, la actividad política debiera adquirir su más alto significado, realizando un debate democrático de fondo, no dogmático, ni menos repetitivo de consignas o frases preparadas por las agencias de publicidad, sobre nuestra realidad institucional. Los distintos participantes en las elecciones, postulantes a cargos de representación popular debieran dar a conocer sus opiniones sobre estas materias, con contenido y sin demagogia.

La carta pastoral hace referencia con justicia a los movimientos sociales y en especial a los estudiantiles y a la necesidad que sean realmente escuchados a fin de que no se desborde el proceso social.

Tan importante como los movimientos sociales son las personas silenciosas, las que no marchan, pero que observan con especial atención la realidad, la existencia de un vacío en la representación política, como queda evidente en la dramática circunstancia que lleva a la mayoría de los candidatos a omitir colocar en sus propagandas a qué partidos pertenecen, silenciando la existencia de los mismos, seguramente por recomendación de especialistas en publicidad, pero dejando con ello presente la existencia de un problema mayúsculo, la crisis evidente de los partidos políticos que reclama un cambio institucional de verdad. La crisis de la vida política de un país que esto evidencia, que no siendo nueva se acrecienta, importa una publicidad engañosa al elector, ya que oculta la pertenencia política de los candidatos.

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