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El problema Burton

por 3 octubre, 2012

El problema Burton
El personaje de Fuller es diferente a muchos otros de Burton: ama al protagonista, pero no lo ve como un héroe infalible. Algunos ecos de ella sobreviven en el personaje de Jessica Lange en El Gran Pez. Dolores Fuller —en la película— trabaja con su novio, lo apoya, tolera sus excentricidades incluso en medio de las vacas flacas.
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Consultado respecto a quienes hablaban de la “sobreestilización” de sus películas, el director Michael Mann dijo en la época de El Ultimo de los Mohicanos algo muy interesante: “El estilo sólo te da siete minutos de atención”.

Eso es todo. Luego tienes que ofrecer algo más que belleza visual, planos perfectos y linda música. Mann lo tenía claro y lo demostró —lo sigue demostrando— en películas como Fuego Contra Fuego, Colateral y Enemigos Públicos.

Tim Burton lleva mucho tiempo —tal vez más de una década— pensando que el estilo puede darle más de siete minutos de atención. ¿Cuál fue la última película de Burton que importó, esa que nos hizo salir de la sala y decirle a un amigo “Loco, tienes que ver la última de Tim Burton”?

Horrores como Alicia en el País de las Maravillas y Charlie y la Fábrica de Chocolates están entre sus trabajos más recientes. El tipo alguna vez hizo joyas como Beetlejuice (que hoy funciona como un perverso argumento a la hora de burlarse del Burton actual) y El Joven Manos de Tijera y Ed Wood e incluso —sí, la defiendo— Marcianos al Ataque. Pero hoy en día el tipo es una nulidad que funciona por inercia, una inercia asfixiada y autocomplaciente que ni siquiera es placentera de ver.

El ojo de Burton para crear mundos de fantasía se ha vuelto rutinario. Sabemos lo que vamos a encontrarnos. Conocemos de memoria los violines, los vestuarios, los escenarios falsos, el uso del gran angular, el travelling serpenteante que revela la estructura gótica. Ir a ver una película de Tim Burton se ha vuelto el equivalente a anudarse esa corbata oscura que sigue siendo la única corbata que tenemos y que sólo usamos en matrimonios y funerales.

¿En qué momento el cine de Burton decidió encerrarse y no salir?

A mí se me hace que el momento clave está en Ed Wood.

Ed Wood (1994), como muchos recordarán, es un hermoso canto a la necesidad de crear sin conciencia crítica. Sin evaluación, sin revisión. Tienes una idea, crees en ella, entonces lánzate a la piscina sin importar las burlas. Puede ser un mensaje simplón, pero la película construye una catedral con él, entre otras cosas porque está ambientada en el Hollywood clásico, donde el emprendedor era visto como un bicho raro, pero no un paria, lo que explica el hermoso cameo de Vincent D’Onofrio como Orson Welles.

La aparición de Welles no es gratuita. El gran triunfo de la película es convencerte de que Welles y Wood conviven en el mismo universo, que ambos fueron artistas incomprendidos en su tiempo, pero valorados por las generaciones siguientes. Lo que genera una serie de problemas, porque (perdón) el valor de Welles no es el mismo que el “valor” de Wood. Sin embargo, para efectos de la historia, ambos son hermanos de sangre, pioneros en la misma batalla y eso hace tan hermoso su encuentro casual.

Pero el momento clave al que me refiero no tiene que ver con Welles, sino con Dolores Fuller (Sarah Jessica Parker), la primera novia de Wood en el filme.

El personaje de Fuller es diferente a muchos otros de Burton: ama al protagonista, pero no lo ve como un héroe infalible. Algunos ecos de ella sobreviven en el personaje de Jessica Lange en El Gran Pez. Dolores Fuller —en la película— trabaja con su novio, lo apoya, tolera sus excentricidades incluso en medio de las vacas flacas.

Pero hay un factor extra en ella que la hace especial y única entre toda la tropa de freaks que Wood recluta para sus filmes: Dolores tiene conciencia de la condición de mamarrachos de las películas de su amado porque puede mirarlas sin el prisma del cariño. Por eso su insulto en la fiesta de final de rodaje en el frigorífico es tan decidor: ¡Estas películas son espantosas!

Por supuesto que lo son, dice Burton, pero ese no es el punto. Sin embargo, sí es el punto para ella, quien al desaparecer de escena deja un vacío que no ha vuelto a ser llenado por ningún otro personaje en las películas del director.

(*) Texto publicado en Somosblogs.cl

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