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El gobierno de 'ezelencia'

por 6 octubre, 2012

Lo sorprendente es como se ha ido distanciando la excelencia anunciada de la práctica real –aunque los IMACEC son siempre positivos. Piense sólo en las últimas semanas. Es notable. El gobierno consiguió demoler una institución, y la confianza en la que se basaba, por todos respetada: la CASEN. Más allá del debate acerca de si las decisiones técnicas son apropiadas o no, es evidente que el pésimo manejo político (y no “comunicacional”, como les gusta decir a los tecnócratas que todavía no entienden que política no es “tecnocracia” plus “estrategia comunicacional”) ha dejado una cuenta impaga de credibilidad que nos acerca a los países bananeros.
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Así lo vendieron. Y lo vendieron con éxito. El 51,6 % de los votantes compró la tesis. Demás está decir que la sorprendente debilidad del contrincante jugó a su favor. También lo hizo el descrédito de la coalición gobernante durante 20 años. Las primarias truchas sólo fueron el botón de muestra bajo el que pujaba la descomposición moral. En este contexto un gobierno de derecha ofrecía lo que muchos considerábamos una carencia creciente y grave de los gobiernos de la Concertación. Con palabras de moda: hacer bien la pega.

El primer gran anuncio fueron los ministros. El gobierno de excelencia se constituía con ministros de excelencia. Así lo dejaban en claro, qué duda cabe, los prontuarios vitales. Excelentes estudios, excelente desarrollo laboral o al menos sus promesas. Pero estos anuncios sólo dejaban en claro ignorancia, candidez o torpeza. O alguna mezcla de las tres. Política no es tecnocracia. Y rápidamente los tecnócratas fueron cayendo frente a la facticidad. Algún excelente que quería hacer más competitivos nuestros oligopolios locales tuvo que irse.

Lo sorprendente es como se ha ido distanciando la excelencia anunciada de la práctica real –aunque los IMACEC son siempre positivos. Piense sólo en las últimas semanas. Es notable. El gobierno consiguió demoler una institución, y la confianza en la que se basaba, por todos respetada: la CASEN. Más allá del debate acerca de si las decisiones técnicas son apropiadas o no, es evidente que el pésimo manejo político (y no “comunicacional”, como les gusta decir a los tecnócratas que todavía no entienden que política no es “tecnocracia” plus “estrategia comunicacional”) ha dejado una cuenta impaga de credibilidad que nos acerca a los países bananeros.

Otros lo tuvieron que hacer por mala gestión de conflictos imposibles de administrar y resolver teniendo conflictos de interés. Otros, para hacer lugar al poder que se sentía excluido. Se empezaron a ir los excelentes para ceder el espacio a los políticos, que, en definitiva, son los que pueden hacer las cosas. Incluso los tecnócratas que hacen bien las cosas, suelen ser políticos.

Todo esto era previsible. Nada nuevo bajo el sol. Lo sorprendente es como se ha ido distanciando la excelencia anunciada de la práctica real –aunque los IMACEC son siempre positivos. Piense sólo en las últimas semanas. Es notable. El gobierno consiguió demoler una institución, y la confianza en la que se basaba, por todos respetada: la CASEN.

Más allá del debate acerca de si las decisiones técnicas son apropiadas o no, es evidente que el pésimo manejo político (y no “comunicacional”, como les gusta decir a los tecnócratas que todavía no entienden que política no es “tecnocracia” plus “estrategia comunicacional”) ha dejado una cuenta impaga de credibilidad que nos acerca a los países bananeros de los que tanto nos gusta distinguirnos, al menos cuando salimos demasiado mal parados de la comparación con los de verdad desarrollados.

O piense en la licitación del litio. Mal hecha, al punto que debe ser declarada desierta por errores que debería haber notado un estudiante de derecho de segundo año. O en el anuncio de nuestro Presidente acerca de la reforma a la reforma procesal penal, que inmediatamente tiene que salir a clarificar, es decir, a tratar de salvar lo que haya todavía por salvar, el ministro de justicia. O en el recién destapado escándalo de los sobreprecios de 400% en la compra licitada de equipamiento contra el narcotráfico que deja en evidencia la posibilidad, que deberá ser investigada por el ministerio público, de tráfico de información e influencias.

Bueno, esto último ha tenido al menos una consecuencia positiva: la salida definitiva del ex fiscal Peña del ministerio del Interior, un personaje funesto que con sus prácticas ha producido un daño notable a nuestro estado de derecho. Con otras palabras: aunque la pauta se la dictase la Concertación, políticamente el gobierno de ezelencia apenas lo podrían estar haciendo peor.

La incontinencia verbal de nuestro Presidente –reconocida también por sus aliados, aunque los políticamente más leales la consideran un tipo de humor– es como un búmeran que gira en el cielo y vuelve sobre la cabeza de su emisor. Recuerdan la euforia inicial: “En 20 días hemos hecho más que la Concertación en 20 años”. Bueno, no sé si lo han logrado, pero se están esforzando.

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