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El triunfo de Chávez y sus repercusiones regionales

por 9 octubre, 2012

La elección venezolana, así como otros eventos recientes en la región, si presentan una característica que debe ser preocupante para cualquiera que busque la consolidación democrática en el continente: la persistencia de los militares como actores políticos y de “veto” en diversos procesos políticos en el continente, sea en Honduras 2009, Ecuador 2010, o en la centralidad que estos tienen en Venezuela, o en Colombia, donde el Presidente por ejemplo, tuvo que asegurar el apoyo de las FF.AA. antes de anunciar el proceso de paz (algo que sería inconcebible en las democracias del mundo desarrollado).
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Pocos temas polarizan más en nuestra región, que la adhesión o el rechazo al proyecto encabezado por el actual Presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Mientras los adherentes y socios del “chavismo” apoyan incondicionalmente la gestión del mandatario venezolano, sus críticos más acérrimos no reconocen nada positivo desde que éste asumió la presidencia por primera vez en 1998. El candidato opositor en una estrategia inteligente, trató de romper con esta lógica, y así poder penetrar en el vasto apoyo que tiene Chávez en los sectores populares, pero aún así no fue posible esta vez, y contrariamente a lo que muchos decían (respecto a un resultado estrecho) el actual gobernante obtuvo un triunfo contundente por 10 puntos porcentuales.

¿Por qué ganó nuevamente Chávez? Bueno, en las explicaciones que se dan, se ve la polarización de opiniones que hay respecto al “chavismo” en Venezuela y a nivel regional. Unos hablan del uso abusivo de recursos estatales y mediáticos, lo que generó una competencia muy desigual, y en esto tienen razón. Pero es una explicación parcial e insuficiente. Lo cierto es que hoy probablemente un 65 % a 70 % de la población en Venezuela pertenece a los estratos de menores ingresos y clases medias bajas, y en estos segmentos, el actual Presidente sigue siendo imbatible por sus políticas sociales que claramente han mejorado la vida de estos grupos, pero también por el carisma y la conexión emocional que Chávez tiene con estos sectores (como dijo un poblador, “él es uno de nosotros”). Por cierto que la campaña chavista “alimentó” la idea de que Capriles era el candidato de los “ricos”, y que si la oposición accedía al poder habría “ingobernabilidad” en Venezuela, y un retroceso en las conquistas sociales alcanzadas por los sectores más vulnerables de la sociedad. Y funcionó, por ahora.

La elección venezolana, así como otros eventos recientes en la región, sí presentan una característica que debe ser preocupante para cualquiera que busque la consolidación democrática en el continente:  la persistencia de los militares como actores políticos y de “veto” en diversos procesos políticos en el continente, sea en Honduras 2009, Ecuador 2010, o en la centralidad que estos tienen en Venezuela, o en Colombia, donde el Presidente por ejemplo, tuvo que asegurar el apoyo de las FF.AA. antes de anunciar el proceso de paz (algo que sería inconcebible en las democracias del mundo desarrollado).

Porque la realidad que emerge en Venezuela es la de un país altamente polarizado, y con desafíos de gran envergadura para los próximos años (criminalidad casi fuera de control, problemas graves de infraestructura, déficit de gestión en el Estado, demandas crecientes de los sectores emergentes, etc.) que hasta ahora han podido ser “administrados” con los ingresos del petróleo (sustento de una economía esencialmente “rentista” ) escenario que, sin embargo, podría cambiar dramáticamente ante las incertidumbres que experimenta la economía mundial (y que determinará, entre otros, los precios del petróleo en el próximo tiempo). A lo anterior, se agrega también la otra incertidumbre sobre el real estado de salud de Chávez, y las implicancias que tendría un eventual y rápido deterioro de su condición física. En su discurso del domingo en la noche, el mandatario venezolano tuvo frases conciliatorias y de reconocimiento al actual liderazgo opositor, pero al mismo tiempo prometió que en esta etapa se profundizarían las reformas conducentes a consolidar el proyecto del “socialismo del siglo XXI”.

¿Cómo podría conciliarse el inicio de un nuevo ciclo político de mayor diálogo y búsqueda de entendimientos transversales (necesario además, ante los desafíos que tendrá este país en el próximo tiempo) con un escenario donde la política ha sido hasta ahora un juego de “suma cero?” (lógica de enemigo, y donde toda decisión es vista como ganancia o pérdida total). Esta es probablemente la mayor interrogante que deberá ser despejada en el próximo tiempo. Por otra parte, la elección venezolana fue seguida con gran interés en la región, no sólo porque están en juego dos modelos políticos, los de la democracia “representativa” o “delegativa”, dilema que tempranamente planteó el destacado politólogo argentino Guillermo O’Donell para la realidad latinoamericana de la post Guerra Fría (modelos que continúan coexistiendo en la región) sino además, porque algunos pensaban que el resultado (en caso que hubiese ganado el candidato opositor) podría haber alterado los equilibrios geopolíticos existentes hoy en América Latina. Columnistas conservadores volvieron a reponer, por ejemplo, la tesis de que el triunfo de Capriles habría llevado a fortalecer el “eje” de la Alianza del Pacífico en detrimento de la UNASUR y el MERCOSUR. Bueno, es cierto que la Presidenta Fernández ha tenido un acercamiento creciente con Chávez, y de que Brasil estuvo abiertamente por la reelección del mandatario venezolano (Lula le dio su apoyo explícito, la Presidenta Dilma no quiso recibir a Capriles, y uno de los principales asesores de campaña del gobernante PT brasileño, trabajó en la campaña de Chávez).

Sin embargo, la realidad es algo más compleja que la planteada por algunos de estos analistas. El nuevo gobierno que asumirá en México no tiene interés en abrir conflictos innecesarios con Brasil, este último por otra parte, es el principal vecino de Perú y los vínculos entre ambos han crecido exponencialmente, y en el caso de Colombia, la prioridad del Presidente Santos es tener éxito en las negociaciones de paz con las FARC, para lo cuál necesita a una vecina Venezuela que sea estable y “cooperativa” en este proceso (de aquí que en privado, a pesar de las distancias ideológicas, se ha sabido que Santos en las actuales circunstancias, prefería el triunfo de Chávez).  Por cierto, Cuba, algunos países del ALBA, y del Caribe, se habrían visto muy afectados por una derrota del gobernante venezolano, pero ello ya es historia. Lo que sí es cierto, es que las actuales dificultades económicas que enfrenta el mandatario venezolano, y su incierto estado de salud, impedirán que pueda tener un protagonismo regional como el que tuvo en años recientes.

Ahora, la elección venezolana, así como otros eventos recientes en la región, sí presentan una característica que debe ser preocupante para cualquiera que busque la consolidación democrática en el continente:  la persistencia de los militares como actores políticos y de “veto” en diversos procesos políticos en el continente, sea en Honduras 2009, Ecuador 2010, o en la centralidad que estos tienen en Venezuela, o en Colombia, donde el Presidente por ejemplo, tuvo que asegurar el apoyo de las FF.AA. antes de anunciar el proceso de paz (algo que sería inconcebible en las democracias del mundo desarrollado) .

Un comentario final: la elección venezolana, y los muy probables resultados electorales en Chile y Ecuador en el 2013, indican que por ahora, la región no tendrá un viraje “a la derecha”. Y por último, es bueno recordar que una democracia representativa (centrada en instituciones) será siempre mejor que una democracia basada en liderazgos mesiánicos y caudillescos, sin embargo, mientras América Latina presente los grados de pobreza y desigualdad que conocemos (la región más desigual del mundo), para las clases populares (y con razón en este contexto) continuará siendo una opción, apoyar a líderes de estas características.

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