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Sabat y Brunet: el sombrero, el mago y el conejo

por 13 noviembre, 2012

Sabat y Brunet: el sombrero, el mago y el conejo
La respuesta de Brunet permite seguir leyendo la realidad de este Chile donde, de espaldas a la ciudadanía, hay grupos políticos que sólo quieren mantener el poder para sostener así el funcionamiento de una lógica que está en decadencia. No les importa el tamaño de su descrédito, no les importa su honra, sólo les importa ganar.

Marcelo Brunet, el abogado de Renovación Nacional que impugnó los resultados electorales de Ñuñoa, ha respondido mi anterior columna. Luego de leer lo escrito por el abogado Brunet (lo recomiendo), debe usted preguntarse por qué contesta. Un político profesional es asediado todo el día con comentarios duros (como los míos). Y su conducta normal es no responder.

Por supuesto, si considera que ha sido ofendido profundamente y se pone en riesgo su integridad, debe responder con mucha energía. Eso enseña la política más básica, que Brunet conoce bien. Es decir, resumiendo las reglas, o no se responde nada o se da un golpe muy fuerte. Aplicar un gran golpe sería, por ejemplo, ejecutar un gesto político que dejase a su interlocutor aniquilado en su credibilidad o fortaleza (como La Tercera contra Longueira hace unos meses) o ir derechamente a tribunales y acusar a la contraparte de mentir. Es cierto que en este punto corre el riesgo de transformar a su opositor en mártir, pero bien hecha la operación es posible hacerlo sin grandes consecuencias. Su respuesta a mi columna es, sin embargo, políticamente tibia. Es cierto que tiene palabras fuertes, que me acusa de incapacidades y de maldad, pero al final del día él sabe que cuando hablamos de política eso no es nada, son sólo palabras. Lo cierto es que Brunet responde y lo hace porque está preocupado.

La respuesta de Brunet permite seguir leyendo la realidad de este Chile donde, de espaldas a la ciudadanía, hay grupos políticos que sólo quieren mantener el poder para sostener así el funcionamiento de una lógica que está en decadencia. No les importa el tamaño de su descrédito, no les importa su honra, sólo les importa ganar.

Teme que ensucie su maniobra, que maquiavélicamente fue brillante, pues si el escenario queda demasiado sucio, se repetiría la elección. Y de acontecer, Sabat perdería con mucha mayor diferencia de lo que ya perdió, pues su conducta pasó de elegante a patética y de patética a superficial (el piscinazo de reina de festival será inolvidable). Brunet responde porque sabe que logró algo muy difícil, que logró poner en contradicción la legalidad con la imagen de legalidad. Si se anulara la mesa de la discordia, ocurriría un hecho confuso para la opinión pública: la institucionalidad primero dio ganadora a Maya Fernández, luego quedó la impresión que se dio de ganador a Pedro Sabat y luego se daría como ganadora a Maya Fernández nuevamente. Sería un desastre en la imagen de la institucionalidad, ya muy dañada en Chile y en estas elecciones. Pero si se da por ganador a Sabat, se habrá validado una mesa que tiene inconsistencias y que desde el primer momento fue excluida del conteo, a sabiendas de Renovación Nacional y de Sabat, quienes reconocieron la derrota y los procedimientos. Se puede sumar a los resignados al mismo Brunet, con quien estuve en un programa de radio al día siguiente de la elección y quien no dijo nada, absolutamente nada, sobre el caso Ñuñoa, reconociendo la derrota. Es decir, tampoco fue iniciativa de Brunet. Por eso quiero ser aún más claro de lo que ya he sido, mi argumento es simple: en esta escena hay un tercero, que no es Sabat, que no es Brunet. Lo que vemos no es la verdad, vemos el sombrero de copa (Sabat), vemos el mago (Brunet), pero no vemos el conejo, que como buen truco sólo aparece al final.

Volvamos a Pedro Sabat. Luego de la derrota, el actual alcalde estaba en lo suyo, buscando un nuevo empleo. Era uno de los nombres para ser el próximo Intendente de Santiago. Pero hubo alguien que no tuvo la resignación de Sabat, hubo alguna clase de persona o grupo, más interesado que el propio derrotado por evitar los hechos ya casi consumados. Y cuando eso acontece, uno necesita un buen abogado. Y es ahí donde entra en escena Brunet.

En su columna Brunet me intenta corregir en varias cosas (aunque no lo consigue), pero hay algo que menciona de soslayo y sin valentía. Hay algo que está dicho y al mismo tiempo evitado en su escrito. Y eso suele ser una verdad que incomoda. ¿Cuál es? Me acusa de una hipótesis conspirativa, pero no se atreve a mencionarla. Yo la reiteraré, con mayor fuerza para que quede claro. Me refiero a la operación de intereses inmobiliarios en la comuna de Ñuñoa.

No lo dice porque nuevamente pretende esconder el conejo. Para que usted se haga una idea, hace unos 8 años Pedro Sabat propuso como proyecto para el Bicentenario de Chile demoler el Estadio Nacional, privatizar el terreno y construir allí un proyecto inmobiliario.  Argumentó Sabat que el estadio tenía fallas en su construcción que lo hacían peligroso (no obstante, resistió el terremoto), que permitiría recaudación de dinero para el fisco (con ese argumento se han privatizado muchas cosas) y que molestaba a los vecinos en los clásicos. Lo más notable es imaginar que los chilenos estaríamos felices de tener un proyecto para nuestros 200 años que se basara en demoler un hito histórico de la capital. Pues bien, que me perdonen, pero esto no es una hipótesis conspirativa, esto es obvio: Sabat no dijo tamaña estupidez porque él sea estúpido. Lo dijo porque en aquel entonces defendió ciertos intereses (los negocios inmobiliarios en su comuna) por sobre otros (la identidad de la comuna, su relevancia nacional).

La respuesta de Brunet permite seguir leyendo la realidad de este Chile donde, de espaldas a la ciudadanía, hay grupos políticos que sólo quieren mantener el poder para sostener así el funcionamiento de una lógica que está en decadencia. No les importa el tamaño de su descrédito, no les importa su honra, sólo les importa ganar. Por eso Sabat comenzó su discurso del viernes agradeciendo a los medios por transmitir el reconteo. Sabía que gracias a eso lograban producir la confusión clave: pensar que ese acto era el decisivo. Los medios de comunicación pisaron o amaron el palito, según sea el caso.

De cualquier modo, aun cuando probablemente Sabat termine perdiendo en este escenario (habrá que seguir diciendo que la mesa es nula), lo cierto es que sin importar el resultado final, hay alguien que en cualquier caso gana. Se trata de Marcelo Brunet. Y es que ya todos los que quieran amañar un proceso saben donde encontrar un buen abogado.

Mi esperanza no está en que simplemente se invalide la mesa. A estas alturas lo más razonable, a favor de la institucionalidad y la claridad pública, es que se repita la elección. Esto no gusta a ninguna de las partes, mayor razón para considerar que es la mejor fórmula. En cualquier caso, si Sabat termina ganando por secretaría, veremos en pocos meses en la comuna donde vivo la aparición fastuosa del conejo escondido. Puede ser en cualquier esquina.

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