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Beyer: la derecha cobarde lo mató

por 24 abril, 2013

Beyer: la derecha cobarde lo mató
La derecha cobarde lo mató. No se atrevió a decir la verdad sin eufemismos y ni siquiera hizo amagos de desenmascarar al puritano que llamaba obsceno a uno de los motores que pone en marcha la actividad humana, motor que es tan natural como legítimo.

Que no se queje la derecha cobarde. Que no llore. Que aprenda de una buena vez de sus errores y deje los lamentos para otra ocasión. Que mucho menos pretenda erigir en héroe a la prueba viviente de su propia debilidad. Porque habiendo sido ella la que puso a Beyer en las fauces del enemigo, que sea ella también la que asuma ahora la responsabilidad que le cabe…

Lo mató la derecha cobarde. Y lo hizo el día en que enarboló una bandera ajena como propia, aceptando jugar de visita. Lo mató cuando abdicó de hacer una defensa férrea de sus principios; cuando dio por perdida la batalla en favor del lucro y redujo todo a una lucha por la permanencia de un ministro en su cargo.

La derecha cobarde dejó que el enemigo corriera con ventaja, y en lugar de cuestionar la legitimidad de una ley y defender el asunto de fondo, trató de ganar una pequeña batalla política, como si lo que estuviera en juego fuera, realmente, Beyer.

La derecha cobarde dejó que el enemigo corriera con ventaja, y en lugar de cuestionar la legitimidad de una ley y defender el asunto de fondo, trató de ganar una pequeña batalla política, como si lo que estuviera en juego fuera, realmente, Beyer.

La derecha cobarde lo mató. No se atrevió a decir la verdad sin eufemismos y ni siquiera hizo amagos de desenmascarar al puritano que llamaba obsceno a uno de los motores que pone en marcha la actividad humana, motor que es tan natural como legítimo.

Tampoco fue capaz de desafiar una ley redactada bajo el gobierno militar y de preguntarle a quienes ahora la defienden con uñas y dientes, por qué en este caso el origen de la misma no la invalida por completo.

La derecha cobarde no supo apelar al ciudadano promedio. Lo subestimó, como siempre, porque lo identifica con el vociferante de la marcha. No tuvo valor para hablarle a ese hombre que aspira a ser retribuido por lo que hace y que desea mejorar al máximo su posición. A ese hombre que le importa un rábano el lucro y que le es indiferente si la educación es privada o pública, mientras él y sus hijos tengan oportunidades.

La derecha cobarde está paralizada y a medida que pasa el tiempo, su propia identidad se desdibuja; y si se distingue de la izquierda, es sólo por una cuestión de grado. La derecha cobarde lo mató. Y ahora, que asuma la culpa de todas las víctimas que va dejando en el camino…

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