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Educación, igualdad y TV pública infantil

por 17 mayo, 2013

Educación, igualdad y TV pública infantil
Varios gobiernos ya han normado la Baby TV (Francia, Australia) ante eventuales excesos, en EE.UU., 7 de cada 10 padres estiman que el uso del computador y visionado de TV tienen influencia educativa en los niños. Investigadores que han estudiado por años “Plaza Sésamo” han concluido que los niños aprenden vocabulario y gramática, desarrollan interés por la lectura y el visionado tiene consecuencias positivas en el corto y largo plazo. En marzo del 2009, un informe del Center on Media and Child Research de la Escuela de Medicina de Harvard dijo que en mediciones de corto plazo no se registraron influencias positivas o negativas en la exposición de niños menores de 3 años a la TV.

De los hechos más largamente admitidos por especialistas en educación —avalados por resultados de recientes investigaciones neurocientíficas— es que la capacidad de aprendizaje de las personas se define muy crucialmente entre los 0 y los 6 años de vida, según los mayores o menores estímulos sensoriales procesados por el cerebro del niño.

Basados en tal conocimiento, los Gobiernos han avanzado en la búsqueda de soluciones para “emparejar la cancha” justamente en donde comienza la desigualdad, es decir, desde la primera infancia, destinando ingentes recursos y esfuerzos al desarrollo de infraestructura y normativa adecuada para extender la atención educacional pre escolar a todos los niños chilenos en jardines infantiles, prekínder y kínder. Y para ello hay múltiples herramientas que pueden coadyuvar en esta gigantesca tarea.

Por de pronto, una oportunidad que se abre con la próxima puesta en marcha en el país de la Televisión Digital Terrestre (TVDT) bajo el estándar nipo-brasileño, para avanzar hacia un tipo de programación infantil educativa —diferente a la escolarización formal— a través de un canal dirigido a niños de entre 0-10 años y que, desde alguna de las nuevas señales que se generarán en la TV abierta, ofrezca programas de edu-entretención que subsidien las falencias existentes en dichos niveles, apuntando al desarrollo de una infancia que integre tempranamente una cultura humanista y ciudadana, de colaboración y tolerancia, emprendimiento, equidad y solidaridad.

Un canal público infantil segmentado para bebés y preescolares podría, pues, contribuir a la calidad educativa con una doble influencia: desarrollo sensorial perceptual en la etapa parvularia y enriquecimiento audiovisual de su ambiente cultural.

En efecto, la propuesta, contenida en un trabajo del profesor de la Facultad de Comunicaciones de la UC, Valerio Fuenzalida, recuerda que la nueva norma tecnológica permitirá que una estación, en su mismo canal físico de 6 Mhz, emita dos señales en alta definición (HD) y hasta 7 en definición estándar (SD). Y aunque la TV educativa tiene “mala prensa”, pues la entretención (y la “infoentretención”, no la educación) es una característica que define la oferta y demanda de ese medio, la nueva abundancia de canales es una oportunidad para que, por ejemplo, TVN, como estación pública, opere un canal digital dirigido a la audiencia infantil, lo que implica, dice Fuenzalida, abandonar la tradicional demonización de la TV y volver a sopesar la calidad educativa de la TV infantil, aunque también sus limitaciones.

La investigación realizada por el académico muestra que en 2010, del total de la oferta de la TV abierta, los niños de entre 4 y 10 años consumieron solo 13,2 % de programas dirigidos a ellos; 8,7 % de programas para adolescentes y 78,2 % de programas para adultos y familia. Ante la baja oferta de la TV abierta, los pequeños han derivado hacia canales infantiles de la TV de pago (Disney, Discovery Kids, Cartoon Network, Disney XD, Nickelodeon, entre otros), siendo, por lo demás, los que tienen el mayor rating del cable, duplicando y triplicando a las ofertas para adultos y familia (noticias y ficción). En Chile según la información de Subtel, la cobertura de la TV cable es aproximadamente del 40 % de los hogares.

Este alto consumo del cable infantil responde a que los niños se reconocen como destinatarios de esos canales, con una continuidad apelativa en voces e imágenes que transmiten las 24 horas, los 7 días de la semana, solo para ellos. Dentro de esta tendencia, desde inicios de los 2000 se han creado canales llamados “Baby TV”. El “Baby TV Channel” fue fundado en Israel el 2003 en sociedad entre Fox y otros participantes; “Baby First TV Channel” lo hizo en EE.UU. el 2006. VTR ofrece en Chile el canal “Baby TV” de Fox y  Direct TV la señal de “Baby First TV”. No tienen publicidad y se dirigen a bebés de 0 a 2/3 años, diferenciándose de los canales infantiles dirigidos a niños entre 2 y 6 años o más, que fueron creados en la década de los ’90.

Las investigaciones, empero, revelan que ninguna programación o programa de TV puede sustituir la irreemplazable triple estimulación familiar auditiva, visual y táctil-cinética hacia los bebés de 0-2 años (“toddlers”). En efecto, su cerebro y capacidad perceptual tienen, al momento del nacimiento, un grado de inmadurez y la vista requiere de la estimulación lumínica del entorno para alcanzar la visión madura. Aunque la audición es más desarrollada, la adquisición del lenguaje oral requiere de la interacción verbal y gestual. La inmadurez y plasticidad neuronal del cerebro del bebé exige, pues, de la interacción afectivo-gestual-verbal con familiares para lograr desarrollo y madurez armoniosa.

Siendo materia controversial, pues varios gobiernos ya han normado la Baby TV (Francia, Australia) ante eventuales excesos, en EE.UU., 7 de cada 10 padres estiman que el uso del computador y visionado de TV tienen influencia educativa en los niños. Investigadores que han estudiado por años “Plaza Sésamo” han concluido que los niños aprenden vocabulario y gramática, desarrollan interés por la lectura y el visionado tiene consecuencias positivas en el corto y largo plazo. En marzo del 2009, un informe del Center on Media and Child Research de la Escuela de Medicina de Harvard dijo que en mediciones de corto plazo no se registraron influencias positivas o negativas en la exposición de niños menores de 3 años a la TV.

Fuenzalida estima que los canales de “Baby TV” para bebés entre 0-2/3 años podrían ser una ayuda para las familias que quieren estimular a sus hijos, pero no saben cómo hacerlo o que tienen limitaciones para ello. Siendo una ayuda subsidiaria, el especialista dice, empero, que será valiosa si está enmarcada en programas para estimular el desarrollo sensorial del oído y vista, con tiempos controlados de exposición y mediación afectiva de adultos, situación que se puede dar en Salas Cunas y Jardines infantiles. La “Baby TV”, asimismo, puede ser de ayuda para hogares que viven en deprivaciones materiales y culturales, pues es bastante irreal, según Fuenzalida, pedir estimulación infantil precoz y ambiente estimulador a padres analfabetos o familias en extrema pobreza. Un canal público infantil segmentado para bebés y preescolares podría, pues, contribuir a la calidad educativa con una doble influencia: desarrollo sensorial perceptual en la etapa parvularia y enriquecimiento audiovisual de su ambiente cultural.

Las perspectivas para sus contenidos son alentadoras. Las constataciones muestran que el niño puede comprender relatos desde muy pequeño, lo que ha conducido a la realización de textos narrativos, con duraciones diversas para adaptarse a la edad. En los nuevos programas se representa simbólicamente a los niños en un rol activo y protagónico, como sujeto activo, capaz, autónomo, emprendiendo actividades y tareas en donde se exhiben como capaces de iniciativa creativa y de resolución inteligente de problemas. Las series animadas “Bob el Constructor” (Bob the Builder–UK 1999) y “Dora la Exploradora” (Dora the Explorer-USA 2000) son emblemáticas de estos cambios.

El análisis de variados programas infantiles, especialmente animados, muestra que esquemas estructurales recurrentes en sus relatos como el del niño hábil versus adulto torpe (“El Oso Yogi”, padres de familia en “Los Simpsons”) o la lucha entre el débil y el fuerte (“Tom y Jerry” o el gato Silvestre vs. Piolín) abrirían posibilidades de autocomprensión y actuación en los pequeños. Así vistos, los monos animados ya no serían “mera” entretención, sino ficciones metafóricas, con una enunciación lúdico-afectiva confirmatoria de la capacidad del niño-débil para subsistir enfrentando un mundo adverso y aparentemente más fuerte.

Otros avances en la TV Infantil apuntan a las condiciones de visionado. Los niños retornan cansados psicosomáticamente desde la escuela (situación de rendimiento) al hogar, por las largas jornadas, razón por lo que su estado de ánimo situacional ante la TV es primariamente descansar y relajarse físico-sicológicamente. La influencia benéfica del humor para el descanso y la reenergización es hoy un lugar común; influencia positiva a la cual incluso se le ha encontrado base bioquímica en la capacidad cerebral de generar endorfinas cuando nos reímos. Fuenzalida recuerda que Avner Ziv ha comprobado la utilidad del humor para el desarrollo del pensamiento creativo en los niños, pero, en general maestros y adultos tienen dificultad para valorar programas televisivos de humor para el niño, bajo el prejuicio que serían una distracción inútil e irrelevante.

De otra parte, la neurobiología de la evolución del cerebro humano ha descubierto en los años recientes que alrededor de entre los 2-5 años de edad ocurre un importante desarrollo sináptico del hemisferio cerebral derecho, área que permite que el niño genere asociaciones libres desencadenadas desde la imaginación y fantasía (interna o externa), pensamiento divergente y visión de síntesis, factores documentados por estudios de Piaget, Montesori, Dewey, Vigotsky y Bettelheim. De este modo, para el niño, jugar e imaginar no es abandonar la realidad sino, al revés, una manera de reconocerla. Si no se produce este proceso, el narcisismo infantil no se elabora y se prolonga en el adulto como autoengaño de omnipotencia personal y mitomanía.

Hasta antes de tales constataciones, dice Fuenzalida, la concepción tradicional de lo que se consideraba “educativo” en un programa infantil de TV era definida por adultos y se asociaba a los currículos de la Escuela formal, es decir, se entendían “educativos y de calidad” aquellos programas que mejoraran su rendimiento cognitivo escolar (leer, matemáticas, información científica, etc.) y trasmitieran ciertos hábitos y valores deseables. Pero a diferencia de la enunciación instruccional escolar, los contenidos de los programas de TV infantiles modernos se relacionan con necesidades y motivaciones de tipo afectivo, tales como protagonismo, autoestima y autoconfianza en sus propias capacidades para enfrentar los desafíos del crecimiento y la superación de frustraciones y adversidades.

En tal marco comprensivo, la TV puede contribuir a fortalecer las capacidades de “resilience”, que hoy se consideran relevantes para superar la adversidad social. Por lo demás, el lenguaje audiovisual recupera en un nivel simbólico-industrial la comunicación humana primigenia, con signos gestuales, faciales y corporales, intrínsecamente emocionales, que implican al receptor para establecer relaciones personales, de cooperación grupal y laboral distinta a los efectos de la comunicación lecto escrita, más vinculada a la abstracción y la racionalidad. Así, el potencial “educativo” de la TV Infantil está más relacionado con el desarrollo de competencias comprendidas bajo la designación de “inteligencia emocional”, que hoy se consideran esenciales para el crecimiento personal, profesional-laboral y ciudadano-democrático. En la nueva TV educativa infantil, la formación y entretención se imbrican, en lugar de disociarse.

Así y todo, Fuenzalida señala que la recepción de un canal infantil en establecimientos parvularios, plantea desafíos a ser abordados, tales como una distribución física nacional de la señal digital abierta terrestre, lo que implica dotar a los establecimientos con receptores digitales y tamaño adecuado de pantalla. A la disponibilidad de televisores se agrega su mantención y reemplazo. Un segundo aspecto es laintegración fluida de la emisióntelevisiva en el curriculum respectivo y en la pedagogía diaria de los establecimientos, para lo cual se requierematerial complementario a las emisiones de TV para orientar al personal educador (y a los padres en sus hogares) acerca de la mediación para un uso fructífero de los programas de TV. Este material complementario hoy día se ha enriquecido con una enorme variedad de juguetes didácticos y materiales de marketing.

Fuenzalida cree, empero, que no sería de ninguna manera aconsejable que el Ministerio de Educación se hiciera cargo de la gestión de un canal televisivo infantil como el propuesto y que lo aconsejable es la distribución de la señal y su operación en manos de una empresa especializada, como TVN, de manera de lograr una gestión eficiente y actualizada. Este nuevo enfoque no busca sustituir, prolongar o remediar la tarea cognitiva de la Escuela. Más bien valora las formas semiótico-culturales propias del lenguaje audiovisual del medio, recuperando la influencia de la edu-entretención en su aporte al ámbito afectivo-actitudinal así como otros campos que pueden ser abordados creativo-lúdicamente, como el bullying, el fracaso, dolor y muerte, pérdidas, accidentes, autoanálisis y cambio conductual, formas nuevas de pobreza y discriminación, obesidad, consumismo, desafíos de la globalidad y de zonas emergentes.

En EE.UU., desde la década de los 90, bajo el impulso de una política pública formulada en la Television Act del Senado de USA, se obliga a las cadenas de TV a emitir al menos tres horas semanales de programas con contenido educativo para niños, producidos con asesorías especializadas. Fuenzalida dice que tal como la tecnología de la imprenta posibilitó en su época masificar la lecto-escritura, las tecnologías digital-audiovisuales pueden ayudarnos —con políticas públicas visionarias— a generar en la infancia una cultura humanista y ciudadana, de colaboración y tolerancia, emprendimiento, equidad y solidaridad, al tiempo que emparejar la cancha para una mayor igualdad en el proceso educativo posterior.

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