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¿Qué te pasó Concepción, qué te pasó Región del Bío Bío?

por 3 agosto, 2013

En todo este escenario, uno de los últimos episodios que ilustra cómo estamos, fue la designación de Camilo Escalona como candidato al Senado, peor aún, respaldada por dirigentes locales, en una clara muestra de aquellos señores del sentimiento de identidad y pertenencia con la zona. Su designación como candidato, sumada a las candidaturas de Alejandro Navarro y Jacqueline Van Rysselberghe, dos de aquellos “caudillismos” locales que se han instituido en los últimos años en nuestra zona, son la mejor y peor expresión del actual estado de cosas en material política local.
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No se necesita retroceder tanto en el tiempo, las décadas o los años para analizar y valorar la importancia, aporte y contribución de Concepción y la región del Biobío al desarrollo y progreso del país. Como muestra de lo anterior, hacía mediados del siglo XX, la región era un importante polo de desarrollo industrial, con un fuerte movimiento sindical, obrero y por otro lado, con un dinámico movimiento estudiantil e intelectual asociado a nuestra Universidad de Concepción. En otras palabras, Concepción y la región marcaban pauta, presencia o bien hacían prevalecer su voz a nivel nacional; lo anterior, producto del potencial dirigencial e intelectual que existía a nivel local. Por ejemplo, académicos que no sólo se dedicaban a su labor en la Universidad, sino participaban activamente en orgánicas políticas y sociales, asimismo, capaces de cruzar la vereda, tomar posición frente a los temas locales y nacionales para expresar públicamente sus puntos de vista y contribuir con un pensamiento crítico y constructivo al desarrollo de la zona; incluso, algunos de ellos fueron llamados desde el poder central para ocupar importantes cargos en el aparato del Estado o gobiernos de turno. Por otro lado, dirigentes estudiantiles o sindicales que lograban convocar voluntades en vista de algún proyecto colectivo y de cambios estructurales en material social y política. En otras palabras, nada que envidiar o anhelar de lo que ocurría o desarrollaba en la capital.

Sin embargo, el golpe de Estado de 1973, la militarización del espacio público, es decir, la despolitización de la sociedad, la imposición del neoliberalismo y los 17 años de dictadura cívico-militar no pasaron desapercibidos o sin consecuencias para nuestra zona. Así, aquel polo de desarrollo industrial, intelectual y de movilización política y social, poco a poco fue dando paso a la desindustrialización, la fuga o emigración de capital humano, la represión y atomización del movimiento obrero y una Academia vigilada e intervenida militarmente. Por ello y más allá de las protestas y la lucha contra la dictadura y el retorno a la democracia de los consensos, Concepción y la región fueron progresivamente entrando en un proceso de letargo económico y social (por ejemplo los altos índices de desempleo y la provincia de Arauco como patio trasero de la región), y al mismo tiempo, capturada por intereses políticos particulares, proyectos personales, el centralismo y burocratismo. En otras palabras, la famosa regionalización o descentralización no fue más que un buen invento administrativo del momento, quedando supeditada a los intereses y determinaciones que emanaban desde Santiago. Aquello, no sólo desde un punto de vista económico, social, incluso académico, sino que sobre todo político; es decir, las medidas, las grandes decisiones sobre la ciudad y la región ya no se discutían, debatían y menos de decidían a nivel local; peor aún, aquella zona caracterizada por masa crítica y liderazgos locales y nacionales, quedo supeditada a los encantos neoliberales de la productividad, competitividad, el mentado emprendimiento y otros simplemente terminaron por privatizarse, siendo alcanzados por los avatares del mercado, quedando aquel sentido de lo público relegado a un segundo y hasta tercer lugar.

En todo este escenario, uno de los últimos episodios que ilustra cómo estamos, fue la designación de Camilo Escalona como candidato al Senado, peor aún, respaldada por dirigentes locales, en una clara muestra de aquellos señores del sentimiento de identidad y pertenencia con la zona. Su designación como candidato, sumada a las candidaturas de Alejandro Navarro y Jacqueline Van Rysselberghe, dos de aquellos “caudillismos” locales que se han instituido en los últimos años en nuestra zona, son la mejor y peor expresión del actual estado de cosas en material política local.

De esta forma, la hegemonía neoliberal, el binominal como camisa de fuerza, la atomización de las estructuras partidarias como orgánicas locales y el respectivo avance de la insignificancia, consumismo y el conformismo generalizado, han provocado a nivel micro, de espacio local, todo un problema estructural para nuestra zona, que a estas alturas parece insoluble.

¿Las razones de aquello?, algo hemos esbozado en líneas anteriores, el neoliberalismo y el sistema político institucional heredado de la dictadura y administrado por los gobiernos concertacionistas como variables macro, pero que tienen su propia representación en nuestra zona, y a nivel de espacio local, la aparición de determinados caudillismos, denominados, premiados y hasta celebrados por algunos como “liderazgos”, que en la práctica han tendido a personalizar la política, dejando de lado los proyectos colectivos, instituyendo malas prácticas políticas, fallidas políticas públicas (como no recordar el proceso de reconversión), la concerniente falta de presencia de nuestras autoridades en el debate nacional, y una ciudad y región al servicio de algunos intereses personales y partidarios, lo cual viene a constituir todo un cuadro que algunos intentan soslayar o cubrir con los avances en materia de infraestructura, carreteras, edificios o ciertas construcciones (mentados Mall o las inefables Tulipas del centro de Concepción), qué decir del proceso de reconstrucción, otro de los temas controversiales del último tiempo. En el fondo, y bajo aquella mirada, como si todo se redujera a un tema material y de consumo.

Lo anterior se complementa con la falta de pluralismo político e ideológico a nivel de prensa escrita, donde los principales medios locales están cooptados en sus tribunas y columnas de opinión por los defensores del modelo neoliberal y los conservadores en materia valórica, lo cual tiende a hegemonizar y homogeneizar la información y opinión pública.

En todo este escenario, uno de los últimos episodios que ilustra cómo estamos, fue la designación de Camilo Escalona como candidato al Senado, peor aún, respaldada por dirigentes locales, en una clara muestra de aquellos señores del sentimiento de identidad y pertenencia con la zona. Su designación como candidato, sumada a las candidaturas de Alejandro Navarro y Jacqueline Van Rysselberghe, dos de aquellos “caudillismos” locales que se han instituido en los últimos años en nuestra zona, son la mejor y peor expresión del actual estado de cosas en material política local. ¿Las alternativas a aquellos?, por ahora parece no vislumbrarse, más allá de algunas intentonas y aventuras de algunos pintorescos personajes locales, que con un discurso redentor que mezcla algo de política con el espectáculo, terminan por adornar el escenario electoral.

Pero el caso de Escalona, no es un hecho aislado o simple anécdota, es el resultado de un tema-problema que viene siendo recurrente en los últimos años. Los temas de la zona se deciden entre determinadas cúpulas santiaguinas, ya que las locales tienen poca o nula injerencia o bien prefieren comulgar con las directrices capitalinas. Por otro lado, el vaciamiento político a nivel de sociedad, es decir, el analfabetismo cívico, conlleva que imperen como prácticas políticas las dádivas, prebendas, el “amiguismo” o clientelismo como forma de “comprar” confianzas o el voto y por último, la falta de renovación, producto del desinterés por participar creado por un sistema electoral que da poco espacio a las alternativas y otras opciones, genera que los amigos, familiares o hijos terminen reemplazando a sus padres, abuelos o cercanos en los cargos de elección popular.

En consecuencia y después del actual estado de la cuestión, nos queda seguir pensando y preguntándonos hasta el hartazgo: ¿Qué te pasó Concepción, qué te paso región del Biobío?

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