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Marx tenía razón

por 8 agosto, 2013

Marx tenía razón
Aunque a veces en el discurso se usen conceptos que parecen trascender la cuestión económica, se reducen, en último término, a ella. El concepto de calidad es un concepto que se utiliza habitualmente para certificar un producto. Y la idea de redistribuir supone también que la justicia depende, más que de una proporción, de una equivalencia material.
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Marx tuvo el mérito de ser uno de los primeros intelectuales en comprender que el factor económico es clave para entender la dinámica social. Quizá por eso resulta cómico que la izquierda condene a la derecha por un economicismo que está también en la base de su propio pensamiento.

Porque la verdad es ésa, tanto la derecha como la izquierda han tendido crecientemente a reducirlo todo (y en el mismo grado) a una cuestión económica. Que las soluciones que propongan sean radicalmente distintas no excluye que, en el fondo, coincidan en el sesgo.

El factor económico se entiende, cada día más, como un factor que depende en esencia y exclusivamente de políticas públicas o fiscales, como si el capital humano no tuviera mayor incidencia en él. El debate público no hace referencia, por ejemplo, a la importancia que tienen los hábitos en el desarrollo de una persona y a lo determinantes que ellos pueden ser también desde el punto de vista económico, lo mismo ocurre con la familia.

El tema de la educación, por ejemplo, ha devenido en el tema de la gratuidad; y la calidad no parece ser otra cosa que la posibilidad de que la educación sirva como moneda de cambio para acceder a la sociedad de consumo. De la injusticia, por su parte, se ha dicho que ella debe ser corregida por la vía de la redistribución. Y el concepto mismo de igualdad, que probablemente será la bandera de lucha de las campañas presidenciales, es un concepto profundamente materialista.

En suma, aunque a veces en el discurso se usen conceptos que parecen trascender la cuestión económica, se reducen, en último término, a ella.

El concepto de calidad es un concepto que se utiliza habitualmente para certificar un producto.

Y la idea de redistribuir supone también que la justicia depende, más que de una proporción, de una equivalencia material.

Peor aún, el factor económico se entiende, cada día más, como un factor que depende en esencia y exclusivamente de políticas públicas o fiscales, como si el capital humano no tuviera mayor incidencia en él.

El debate público no hace referencia, por ejemplo, a la importancia que tienen los hábitos en el desarrollo de una persona y a lo determinantes que ellos pueden ser también desde el punto de vista económico, lo mismo ocurre con la familia.

Marx entendió el factor económico como un factor clave para comprender y explicar a la sociedad, pero también Marx fue el que dijo que “la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”.

Marx tenía razón en algunas cosas, bueno sería que quienes hablan desde su ideología, lo hubieran leído en serio.

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