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Censo 2012: Humildad, humildad y más humildad

por 9 agosto, 2013

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Que el Censo 2012 era un fiasco, ya muchos chilenos lo tenían claro. No por nada la prensa difundió en su momento y con persistencia, un sinnúmero de irregulares en la aplicación del instrumento. Ante las cámaras de la teve, numerosas familias denunciaron que al regresar de la pega a sus hogares se encontraron con la pegatina adherida a sus puertas, en circunstancias que nadie los había encuestado. Otros literalmente dijeron que los dejaron “pagando” cual penélopes, y por más que esperaron que algún día algún encuestador tocara a sus puertas, ello nunca ocurrió.

El resto de la historia es más que conocida. Los funcionarios del INE denunciaron irregularidades técnicas de alto calibre, CIPER hizo lo propio y el Director de la institución por más que quiso continuar al frente, ante tanta presión dejó su cargo molesto, desilusionado y con su inmutable cara de palo.

Sin embargo, de esta truculenta historia lo que parece más inconcebible y reprochable es la falta de humildad de este gobierno para reconocer el error y enmendar el rumbo por la senda correcta.

Los más ingenuos (aunque tengo mis dudas) y los más adeptos a esta administración han intentado, sin conseguirlo creo yo, hacer un parangón con el desastre del Transantiago, una suerte de empate técnico que justifique lo injustificable. Alguien no muy sabio escribió en Twitter que “el Transantiago no tiene arreglo, pero el censo se hace de nuevo y listo”.

Veo en esta posición-visión, una suerte de soberbia que rebasa todos los límites del pudor y de la vergüenza. Dicho de otra manera, cuando todo te indica que estás equivocado, que cometiste un error garrafal y eres emplazado públicamente al punto de quedar pilucho por completo, no queda otra cosa que encogerse de hombros, taparse el rabo lo mejor posible y continuar caminando con la frente en alto. Pero aquí lo que se ha hecho es peor que el propio condoro de implementar y ejecutar un censo mal hecho, el peor de la historia.

El INE, con un nuevo director a la cabeza, tenía la oportunidad de hacer ese ejercicio sanador –de caminar desnudo, pero con dignidad hacia la redención- y recobrar paulatinamente el prestigio perdido de un plumazo en esta pasada. La nueva gestión instruyó como primera medida, la realización de un estudio externo que determinara la idoneidad del Censo. Los resultados fueron claros y contundentes. Lo esperable era, por un lado, asumir la responsabilidad, y por otro, detallar la solución. Empero sucedió lo impensado. No había un plan B, no hubo ni en el INE ni en el Gobierno un equipo, un comité de crisis, o alguien que se anticipara a un resultado que era más que esperable. Nadie. Nadie que se preguntara a tiempo: ¿y qué pasa si el estudio resulta adverso?

Un silencio sepulcral se apoderó de La Moneda y las únicas vocerías para enfrentar la crisis nos dejaron más estupefactos que antes. Como si todo el gasto de dinero botado a la basura no fuera suficiente -con un Censo inservible y un estudio extra a cuestas-, resulta que ahora se consultará una segunda opinión, pero esta vez a nivel internacional.

Ante la comisión de diputados que investiga las supuestas irregularidades en la realización del Censo 2012, el actual Director del Instituto Nacional de Estadísticas, Juan Eduardo Coeymans, dijo que este caso es como tener “un tumor en el pie y le recomiendan un médico al que se le tiene fe y le ofrece una operación radical que consiste en amputarlo. Naturalmente se pediría una segunda opinión, porque a lo mejor en vez de cortarle el pie, podríamos aplicar una terapia menos invasiva”.

Lo que no dijo Coeymans es que en este caso no se trata de un tumor, sino de gangrena pura, cuyo pie está completamente podrido. Lo que no explicó Coeymans es por qué, si se trataba de un tumor en el pié se consultó a un médico general y no a un especialista en cuestión, porque ciertamente corría el riesgo de que no le detectaran nada grave y le recomendaran irse para la casa. ¿Qué habría pasado si el organismo consultor hubiese hecho una evaluación positiva o menos lapidaria? ¿También se habría pedido una segunda opinión? Y la pregunta del millón o de los millones es: ¿cuánto le costará al país hacer esta nueva consulta a expertos internacionales? ¿Se trata de una ayuda humanitaria o nuevamente el fisco deberá desembolsar otra cantidad no prevista de recursos?

He aquí la demostración más plausible de esa falta de humildad de la que hablaba, de no querer reconocer que lo hecho, hecho está, que está mal y que hay que solucionarlo. ¿No sería menos traumático para el paciente, que ya ha sufrido tanto, operarlo de una vez y comenzar pronto con la rehabilitación?

Aún cuando las recomendaciones de los expertos chilenos hubiesen sido menos drásticas, era necesaria una gran cuota de humildad para reconocer que lo probo era y es realizar un nuevo Censo, porque aquí lo que está en juego, además de las lucas que se gastaron y las lucas que se gastarán -cosa que no tiene solución-, es la credibilidad de la institución que da los lineamientos para enfocar y priorizar las políticas públicas de los próximos 10 años. Lo que está en juego es la credibilidad del país en el contexto internacional.

El Presidente de la República, después del shock del primer impacto, ha hecho un mea culpa muy en su estilo, súper sui generis, reconociendo los errores cometidos, pero haciendo hincapié en que desde el primer momento su gobierno actuó con agilidad y transparencia, pidiendo inmediatamente la renuncia a Labbé, luego solicitando un estudio para determinar la confiabilidad del Censo y ahora solicitando otras opiniones, pero esta vez en el extranjero.

Nuevamente la humildad quedó relegada al plano de la invisibilidad y el Alzheimer parece haberse apoderado de nuestra máxima autoridad, porque si no me falla la memoria a mí también y tal como sucedió en el caso del SII, las primeras alarmas de que algo no andaba bien comenzaron hace mucho, mucho tiempo, antes incluso de que terminara el proceso censal, en junio del 2012 -si es que no fue antes. Continuaron incesantemente los meses posteriores y todo culminó con la investigación revelada por CIPER en abril de este año.

Durante todo este tiempo lo único que hizo el gobierno fue tapar el sol con un dedo, defender a pie juntillas al ex director del servicio, Francisco Labbé y acusar a todo el mundo de querer enlodar y desprestigiar al gobierno de excelencia.

Lo que faltó como en muchos otros casos fue humildad, humildad y más humildad.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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