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Araucanía: Amnistía, diálogo y empoderamiento

por 10 agosto, 2013

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La política y los políticos están ausentes en La Araucanía, como un fantasma cómplice de la muerte que sigue su caminar sórdido. El historiador Martín Correa describe una constante histórica bajo las sombras y la niebla del Cerro Chiguaihue en Ercilla, allí cerca del Viaducto de Malleco: la muerte como mensajera de la historia y testimonio cruel del despojo a los mapuches. Una y otra vez el enfrentamiento. Rodrigo Melinao, otro comunero al memorial de un conflicto que no acaba, donde las elites se atrincheran sin querer dialogar, incluyendo a actores locales relevantes: ¿Dónde está la propuesta pactada de “verdadera” pacificación de La Araucanía desde los propios actores locales, partidos, empresarios y mapuches en su diversidad, incluyendo a la CAM como actor real e insoslayable?

Los empresarios agrupados en Corparaucanía (más la firma de un número respetable de actores y personalidades), propuso a Piñera, sin encontrar eco, una Ley de la Araucanía, que tiene aspectos positivos como la demanda de programas e inversión a la región más pobre del país y con mayor atraso en completar incluso su vialidad mínima entre cabeceras comunales. Para que decir de las brechas en ingresos, salud, mortalidad infantil y educación. Agregan también un subsidio al ingreso familiar como medida estructural de “reparación”. Esto último es más discutible, la línea delgada entre el asistencialismo y la cooptación se acercan, ya que nada dice del poder político ni del asunto de las tierras. Estas dimensiones son insoslayables para una “salida”, es parte de las demandas estructurales de los mapuches, expresadas en el documento del Cerro Ñielol de inicios de este año ante la muerte del matrimonio Luchsinger, firmada por alcaldes y líderes de organizaciones plurales: reconocimiento, poder, tierras, lengua, autonomía. El problema no es subsidiar a “campesinos pobres”, concepto de por sí complejo ante la enorme sabiduría de las comunidades mapuches de oponerse a la expansión forestal que convierte el sur en una mancha monotemática de pino radiata y eucaliptus. Los mapuches han reivindicado sus tierras, pero también otro Chile donde se preserva la diversidad social, étnica, ecológica, lingüística. Donde ellos sean “vistos”, reconocidos, reparados y empoderados. Ellos son “ricos” y quieren cuidar la riqueza de la tierra y la cosmovisión. Ellos son más de 300 mil personas en La Araucanía y más de un millón en Chile. Como bien dicen los sacerdotes de la Misión Jesuita de Tirúa: en las dos décadas de la nueva democracia han recibido sólo 170 mil hectáreas de devolución en comparación al activo proceso de reforma agraria con Allende, y versus el millón y medio de expansión de las forestales bajo el modelo autoritario-neoliberal-extractivista. El Estado ha gastado millones en subsidios forestales y migajas en economía familiar campesina/indígena.

En América Latina hay mucha retórica indigenista y poco poder con respeto-reconocimiento-empoderamiento. En cambio, países democráticos dan este poder: Canadá (de esquimales a otras etnias), Nueva Zelandia (Maoríes), Noruega y Suecia (lapones), Dinamarca (Inuits en Groenlandia), muchos estados de USA (los territorios navajos con estatutos de autonomía). Las élites pronorteamericanas y proeuropeas, soslayan y no quieren ver estas dimensiones de sus países paradigmáticos. Se atrincheran en el cinismo histórico chileno en tantas materias: desde el negacionismo, la folklorización, dividir entre mapuches “amigos” y los “violentos”, llamar “Pacificación” a la violenta ocupación, que hasta hoy no funciona.

Se impone un diálogo de verdad, sin miedo. Un primer paso, como bien lo propuso Claudio Orrego, es producir una amnistía a los presos mapuches, aceptar a todos los actores incluyendo a la CAM, pactar la tregua, retirar las tanquetas y acabar con los incendios, y atreverse a un proyecto de reconocimiento, poder y convivencia duradera. Los países democráticos avanzados, entre los veinte de más alto desarrollo, han practicado la entrega a los pueblos originarios de grandes extensiones de tierras y reconocimiento de poder político, representación en parlamentos territoriales y nacionales, derecho real a la lengua con apoyo estatal. Desde 1990 el intelectual mapuche José Marimán, ha propuesto la idea de una Región autónoma de la Araucanía intercultural, con poder mapuche con cuotas de representación asegurada, recursos, bilinguística y con posibilidad que comunas aledañas de mayoría mapuche puedan decidir incorporarse a la misma (como Alto Bío Bío, Contulmo, Tirúa, Cañete y Panguipulli). Lo anterior sumado a la idea de aceptar poderes territoriales diferenciados, como una autoridad en el loft —una suerte de territorio comarcal mapuche—, son alternativas que han propuesto los propios mapuches (el Consejo de Todas las Tierras, los Lafkenches, entre otras) e instituciones como el Observatorio Mapuche. Chile es una anomalía en los países de la OECD con su insistencia en una legislación homogénea de municipios, sin aceptar particularidades y diversidad de los mismos, incluyendo como decenas de países la existencia de municipios-territorios indígenas.

En América Latina hay mucha retórica indigenista y poco poder con respeto-reconocimiento-empoderamiento. En cambio, países democráticos dan este poder: Canadá (de esquimales a otras etnias), Nueva Zelandia (Maoríes), Noruega y Suecia (lapones), Dinamarca (Inuits en Groenlandia), muchos estados de USA (los territorios navajos con estatutos de autonomía). Las élites pronorteamericanas y proeuropeas, soslayan y no quieren ver estas dimensiones de sus países paradigmáticos. Se atrincheran en el cinismo histórico chileno en tantas materias: desde el negacionismo, la folklorización, dividir entre mapuches “amigos” y los “violentos”, llamar “Pacificación” a la violenta ocupación, que hasta hoy no funciona.

Entre los presidenciales, Michelle Bachelet ha anunciado tres reformas que apuntan en esta dirección de empoderar los territorios en su discurso ante el Consejo Nacional para Descentralización y la Regionalización, CONADERE, en junio: la elección de intendentes, la posibilidad de existencia de partidos regionales (hoy se les limita con la norma que pide estar en al menos tres regiones) y el fortalecimiento de presupuestos regionales con solidaridad. Además, en su convencimiento en favor de la discriminación positiva, ha abogado por leyes de cuotas de género, y en su mandato, en el caso de un estatuto especial para Isla de Pascua, se abrió a la representación étnica asegurada en su modelo de gobierno provincial propio (archivada por la administración aliancista). De la derecha no se sabe de propuestas de reformas que colaboren, tan sólo la reivindicación de las leyes antiterroristas y la negación de toda amnistía y diálogo. Claude y Sfeir han aportado al cuestionamiento del modelo extrativista, y ME-O también ha sido partidario de mayores autonomías territoriales.

Cerca de Ercilla, bajo las montañas de Malleco, han muerto desde lonkos que resistieron desde 1542 hasta los comuneros de hoy. Por allí también cayeron muchos conquistadores. Por allí el jesuita Luis de Valdivia propuso la guerra defensiva, valoró el mapudungún, y llamó a la negociación como una voz en el desierto. El eco de la muerte sigue resonando y la política no se conmueve, con la excepción del senador Navarro que ha visitado a los presos y la propuesta del diputado Joaquín Tuma, con la asesoría del abogado Cristián Beltrán, quienes presentaron una propuesta de ley de representación política para pueblos originarios en consejos regionales y el Parlamento nacional. Pero allí está, sin que se tramite y se ponga en tabla, lejos de lo posible en la no-reforma, aquella que empuja al momento constituyente. Por mientras, las cárceles atestan, los carabineros hacen de rondines impotentes ante la rabia de los habitantes del lugar (la gente de la tierra) y faltan en las ciudades para combatir a verdaderos criminales. No hay diálogo político, tan sólo omisión e impotencia. Los senadores y diputados de la Región podrían asumir un liderazgo, practicar la descentralización apropiada, aquella que se atreve también a promover alternativas desde los territorios, sin excluir a nadie. Quintana y Tuma han dado señas, García Ruminot mira, Espina aprieta. Las organizaciones mapuches están allí, el partido territorial, la vitalidad de las comunidades, el creciente dinamismo etnopolítico de sus autoridades locales. Puede ser un Kairós, un tiempo de espera que puede ser fecundo.

La deuda es antigua, la rabia profunda, la omisión lesiva es perversa. El diálogo y la reforma son el camino de la justicia que trae la paz.

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