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Contradicciones de la batalla electoral en Chile

por 11 agosto, 2013

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El despertar de la ciudadanía  ha puesto  en aprietos  no sólo a la  estructura   institucional fraguada en el taller de la dictadura, sino también, a las representaciones políticas de  izquierda y  de derecha que han actuado como guardianes o administradores del modelo.

Hoy día se observa en algunos aspectos una interesante convergencia  entre  los  candidatos progresistas, desde arriba, y los movimientos sociales, desde abajo, que estremecen el  parroquial mundo político establecido en las alturas. Esta convergencia coincide, con distinto énfasis,  en un punto neurálgico: necesidad de una nueva Constitución,  como requisito previo para provocar  mejoramientos  o cambios a  la democracia y al modelo económico.

Los  abusos y la extrema desigualdad fueron  tierra fértil para que naciera un amplio movimiento  llamado  Nueva Mayoría, integrada por gente inconforme y esperanzada, proveniente de diversos segmentos sociales,  que rebalsa  el marco político de los partidos, surgido en torno de un  liderazgo  que enarboló unas cuantas promesas de cambio que recogió de lo profundo del colectivo nacional.

Para un gobierno neoliberal cuatro años bastan y sobran, pero para un gobierno que pretenda hacer  algunos cambios de estructura, la situación es diferente. Esta Nueva Mayoría dispondrá de un plazo demasiado breve para realizar ciertas reformas de estructuras, y el pueblo sufrirá  un tiempo  demasiado largo si  tiene que soportar otro gobierno del sistema.

La Concertación agrupa  más o menos la mitad de los parlamentarios en el Congreso, a pesar que carga un pesado fardo de desprestigio  ciudadano.  Es fuerte en las alturas, pero débil allá abajo entre la gente. Esta extraña dicotomía no ha sido causal de desmoronamiento, porque aunque débil en la base, le favorece el sistema binominal  que le ha permitido  ser fuerte en la representación parlamentaria.  De ahí que ante una ciudadanía cada vez más crítica, la sobrevivencia de la Concertación como de la derecha  radica   en la vigencia total o parcial del sistema electoral,  para mantener la representación y evitar la competencia de otros partidos.

La Nueva Mayoría nació sin haber previamente ganado mediante trabajo político, el desborde electoral que exhibe.  Nació grande al amparo de una figura registrada en las encuestas, mientras los partidos que la apoyan se fueron empequeñeciendo por la misma opinión pública que engrandece a la Candidata. Se trata de una ola social, sin estructura organizativa, más que la imagen  de una líder que la gente la siente cercana, con ideas de cambio, ante un pueblo que despierta.

Desafíos políticos

La Concertación agrupa  más o menos la mitad de los parlamentarios en el Congreso, a pesar que carga un pesado fardo de desprestigio  ciudadano.  Es fuerte en las alturas, pero débil allá abajo entre la gente. Esta extraña dicotomía no ha sido causal de desmoronamiento, porque aunque débil en la base, le favorece el sistema binominal  que le ha permitido  ser fuerte en la representación parlamentaria.  De ahí que ante una ciudadanía cada vez más crítica, la sobrevivencia de la Concertación como de la derecha  radica   en la vigencia total o parcial del sistema electoral,  para mantener la representación y evitar la competencia de otros partidos.

Ello explica el temor de dirigentes de la Concertación y de la derecha de cambiar de raíz el sistema binominal, y se adelantaron proponiendo cambios parciales. ¿Qué sentido tiene para la Nueva Mayoría que los partidos de la Concertación se alíen a la derecha y propongan reformas parciales  al sistema binominal (acuerdo RN + Concertación), dejando viva la capacidad de bloquear  cambios constitucionales en el Senado?

Suponer que el Congreso puede ser más representativo con un binominal modificado en sólo una de sus cámaras es mantener la capacidad  obstruccionista del  binominal y  quitarle  piso a la idea de Asamblea Constituyente; complica la posibilidad  de  una nueva Constitución; hace aparece a RN con una actitud más flexible; y de paso  descarga las tensiones sociales que se han acumulado contra el binominal.

El escenario político que vive el país es una combinación de esperanza y frustración.  Irrumpe en el escenario  una Candidata  que plantea reformas profundas, pero tiene por delante el desafío de ganar -bajo las reglas del binominal-  un parlamento pro cambios a través de partidos y dirigentes poco aceptados por la gente.  Sin embargo, a pesar de las dificultades, los partidos aliados a bloques saben que su fuerza descansa en un piso seguro: son los únicos canales para renovar el poder ejecutivo y parlamentario en el país.

Debido a las incongruencias  del sistema político, resulta que siendo el control del poder lo más importante para el destino del país, se renueva  a través de los aparatos políticos más descalificados   por la ciudadanía.

No obstante,  los partidos están lejos de sentirse  derrotados, tal vez algo incómodos, la dirigencia política  está tranquila, esperan cosechar muchos votos al amparo del prestigio electoral de la Candidata, porque son  los  canales principales, por no decir, los únicos canales,  para recibir votos y para sentar  parlamentarios en los sillones del Congreso.

Dada la nomenclatura de incongruencias del sistema electoral, los electores  se ven enfrentados  permanente a una contradicción  vital respecto de los políticos y partidos:   cuando opinan, los descalifican; pero cuando votan, los fortalecen.

En este curioso y contradictorio marco en que se desenvuelve la política nacional, es importante distinguir que una cosa es el tema electoral y otra el ideológico; electoralmente los partidos de la Concertación  están bajo buena sombra y con seguridad van a  capear el temporal. Pero, ideológicamente la moneda está en el aire considerando que han comulgado por más de dos décadas con el modelo.  Con razón  Allamand escribía con cierta arrogancia en “Travesía del Desierto”, refiriéndose a la Concertación:   “No hay mayor triunfo político que la adhesión de los rivales”  Eso equivale a decir, renovación hacia la derecha del pensamiento de izquierda. La pregunta es ¿Podrán los partidos de la Concertación aceptar aquellos métodos y reformas que hasta ahora han evitado o combatido? Si por los  años 90’ se reconvirtieron bajo la mirada  militar  ¿podrán hacerlo ahora, en sentido inverso, bajo la mirada de la ciudadanía?

Electoralmente están a salvo, obtendrán hartos votos y parlamentarios, tal vez no los suficientes para llegar a los quorum requeridos, pero, ideológicamente están frente a un serio desafío: reconvertirse nuevamente y acercarse al pueblo que tanto declaman en el parlamento, sin escucharlos y sin hacerse parte de sus problemas, necesidades y de sus luchas.

Fuerza electoral y fuerza política

El centro de la batalla electoral está en quien gana en noviembre, pero el centro de la batalla política está en la capacidad de la Nueva Mayoría, una vez en el gobierno si es el caso, de cumplir las promesas, considerando las presiones internas y externas, las complejidades del entramado legal y  la debilidad ideológica  y orgánica de los partidos que la acompañan.

La Nueva Mayoría ha emergido como una masa aluvional de ciudadanos inconformes, sin cauce político orgánico, que tan pronto se pueden bandear para un lado como para otro, y conforman una masiva  fuerza electoral más que  política. ¡Qué enorme oportunidad tienen los partidos para darle cuerpo y pensamiento a este movimiento electoral inclinado por los cambios!    Es la ocasión, no para poner obstáculos, ni confundir,  sino para que los partidos se reconstruyan y dejen de ser sociedades anónimas, para que desde abajo, junto a los ciudadanos y las organizaciones, encaucen los movimientos  y enriquezcan la plataforma programática en función de objeticos claros concordantes con  la sociedad que se quiere alcanzar.

El neoliberalismo ha enajenado y esquematizado el pensamiento político, a tal grado, que  aisló a los partidos de “izquierda” de lo que sucede en la realidad,  por ello que constantemente son sorprendidos por los problemas de la sociedad, de la economía y de las regiones. Se ha pensado durante estos años de democracia que si el mercado resuelve los problemas ¿Para qué  conocer la realidad? La izquierda abandonó el esfuerzo por entender al Chile real, el que está detrás de las encuestas y de los coeficientes de crecimiento del PIB.

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