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Pernil y arrollado

por 14 agosto, 2013

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Me encantan el pernil y el arrollado, sobre todo los que se comen en las picadas que hay camino al Sur. Esas picadas prestan hoy, sin embargo, otro servicio mucho más relevante: le pueden salvar la vida y los bienes (requisito sine qua non para poder gozar de un buen pedazo de chancho o de un fiambre).

Los camioneros han encontrado en esos sitios a la vera del camino la forma de evitar que, algunos kilómetros más adelante, sus vehículos sean incendiados con evidente riesgo para su seguridad personal. Buscan en ellos información o compañía, para atravesar la 5 Sur en caravana. Los agricultores de la zona, víctimas de homicidios y de la destrucción de sus casas, han ido aún más lejos anunciando la adquisición de armas para asegurar su vida y propiedad.

Se entiende que en un Estado de derecho la institución de la legítima defensa cumple un rol excepcionalísimo. Lamentablemente, dada la situación de permanente y justificada incertidumbre que se vive en las regiones que concentran la demanda mapuche, este medio puede llegar a convertirse en práctica común y necesaria.

El mercado, siempre cruel, sabe cómo satisfacer las necesidades humanas; en este caso la primera de todas, la de la sobrevivencia. Y es que —como por lo demás lo ha reconocido un Fiscal de la zona— los órganos estatales han demostrado una ineficiencia e ineficacia prodigiosa en la cautela y amparo de bienes fundamentales.

No es extraño, entonces, que haciendo uso de un ancestral y legítimo derecho a la defensa propia, las personas se organicen a fin de suplir aquello que el Estado ha sido incapaz de asegurarles; ni para qué decir cuando lo que no se garantiza constituye su razón misma de existir.

El derecho ha justificado desde siempre el empleo de la violencia como forma de protegerse a sí mismo, al menos cuando alguien es víctima de una agresión ilegítima en la que no hay provocación alguna por parte suya, y en la medida en que se recurra a un medio proporcionado para impedirla o repelerla.

Se entiende que en un Estado de derecho la institución de la legítima defensa cumple un rol excepcionalísimo.

Lamentablemente, dada la situación de permanente y justificada incertidumbre que se vive en las regiones que concentran la demanda mapuche, este medio puede llegar a convertirse en práctica común y necesaria.

Mientras tanto, observadores de la ONU y oposición cuestionan la legitimidad moral de la aplicación de la Ley Antiterrorista, poniendo en riesgo la vida, la propiedad y, por sobre todo, el derecho inalienable de comer pernil y arrollado.

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