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A 40 años del Golpe: heridas abiertas

por 5 septiembre, 2013

Pero la conversación sobre los atropellos a los DD.HH. es otra: estos derechos son esenciales, y no existe justificación posible para su vulneración, menos aún, cuando son crímenes de lesa humanidad, vale decir, asesinato, tortura y exilio. Si Chile no ha logrado cerrar adecuadamente este tema, es porque existen condiciones básicas que no se han cumplido.
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A pocos días de conmemorarse los 40 años del Golpe Militar, por diversas vías se ha reinstalado el debate sobre el significado de esta fecha y sus causas. A su vez, se recuerda la extrema violencia con que la dictadura militar violó los DD.HH. de miles de chilenos.

Lamentablemente, una vez más, está quedando claro que las heridas no están completamente cerradas y aún se mantienen visiones antagónicas. Si trasladáramos, mutatis mutandi, este caso al del genocidio nazi, en Alemania, 40 años después del fin de la Guerra en 1985, nadie buscaba explicaciones para tratar de exculpar o relativizar los crímenes de lesa humanidad que se cometieron. La derecha y la izquierda alemanas estaban de acuerdo en que fueron crímenes, que quienes los cometieron debían pagar ante la justicia y que quienes los avalaron debían hacer un acto de constricción, perdón y reparación moral. En Chile, no hemos podido lograr aquello plenamente.

Una cosa son las causas que provocaron la crisis política de 1973. Es evidente que en este plano las responsabilidades son compartidas. Pero la conversación sobre los atropellos a los DD.HH. es otra: estos derechos son esenciales, y no existe justificación posible para su vulneración, menos aún, cuando son crímenes de lesa humanidad, vale decir, asesinato, tortura y exilio. Si Chile no ha logrado cerrar adecuadamente este tema, es porque existen condiciones básicas que no se han cumplido.

La primera es que persiste una parte muy importante de la verdad que se mantiene oculta: el destino de los cuerpos de los detenidos desaparecidos. Solo una verdad -y justicia plena-, podrán cerrar el duelo de sus familiares.

La segunda es que no existe un completo reconocimiento de las responsabilidades criminales y políticas, de militares y civiles. Como señalamos, se intenta todavía explicar, por causas históricas o políticas, lo inexcusable. El reconocimiento es también el haber apoyado al régimen dictatorial sin una sensibilidad mínima frente al sufrimiento de miles de chilenos.

La tercera es la falta de hidalguía y coraje para pedir perdón por las acciones o por las omisiones cometidas durante el golpe y durante todo el tiempo que duró la dictadura militar (hasta 1989) si es que se apoyaba políticamente al régimen. La petición de perdón es una acción de reparación que Chile espera de toda la derecha que apoyó la dictadura. Las explicaciones y auto-exculpaciones que hemos oído por estos días de importantes líderes de la derecha sobre su conducta personal, son éticamente inaceptables.

Por último, porque la justicia ha sido sólo parcial. Justicia plena, nada más pero nada menos, es una exigencia básica de reparación y sanación.

Estoy de acuerdo y respaldo plenamente la posición que en esta materia ha manifestado la ex Presidenta Michelle Bachelet. Debemos reflexionar, sanar heridas y mirar al futuro. Y ese esfuerzo demanda condiciones básicas para que se convierta en un proceso sano y creíble para las generaciones venideras.

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