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EE.UU. en Siria: señales inconducentes

por 9 septiembre, 2013

Lo que pasó en Irak muestra, más allá de toda duda, que es mejor no intentar “enviar mensajes” a bombazos y que podría ser más efectivo conservar la calma para negociar con un gobierno laico, que poco o nada democrático y todo, comparte un margen de racionalidad con occidente. Salvo que los verdaderos intereses de los promotores de las bombas sean otros.
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La agudización de la revolución marxista de los hermanos Castro y el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos llevó a EE.UU. en 1962 a pensar en un nuevo plan de invasión a Cuba. La URSS lo detectó y contraatacó con el traslado a la isla de aproximadamente 47.000 soldados. El despliegue incluía 42 cohetes R-12 y unas 45 ojivas nucleares, éstos últimos contra la voluntad de Fidel.

Para forzar el retiro de los misiles, EE.UU. desplegó un bloqueo (cuarentena) alrededor de la Isla enviando “una señal” a la URSS de que no permitiría la llegada de más misiles, mientras exigía que los ya existentes debían ser retirados. Esta fue la doctrina inventada por Mc Namara: emplear a las Fuerzas militares para enviar “señales políticas”… y le funcionó. Funcionó, porque la crisis se daba en condiciones excepcionales: el conflicto era en el mar, donde no había civiles que recibieran “daños colaterales”; donde las fuerzas militares eran controlables muy precisamente en sus desplazamiento y conductas; entre dos potencias nucleares equivalentes; en que los objetivos operacionales eran buques perfectamente visibles e identificables y cuando ambos países disputaban por otros objetivos políticos y estratégicos de mayor importancia.

Mc Namara creyó que había encontrado una alternativa a la guerra. La derrota de Viet Nam le mostró a él y a EE.UU. la profundidad del error en que habían caído. Pero la idea siguió siendo muy popular —hasta el día de hoy— entre los jóvenes intelectuales que pueblan los centros de estudios estratégicos, las oficinas de “asesoría” y los gabinetes políticos.

Lo que pasó en Irak muestra, más allá de toda duda, que es mejor no intentar “enviar mensajes” a bombazos y que podría ser más efectivo conservar la calma para negociar con un gobierno laico, que poco o nada democrático y todo, comparte un margen de racionalidad con occidente. Salvo que los verdaderos intereses de los promotores de las bombas sean otros.

Esta es la lógica de Kerry, cuando explica al Congreso que “una falta de respuesta de Estados Unidos al régimen de Siria enviaría una peligrosa señal a Irán, a los militantes de Hezbolá en Líbano y a otros enemigos de Washington”. "Nuestra inacción seguramente les daría permiso, al menos, si no para malinterpretar nuestras intenciones, para ponerlas a prueba”; "Irán está esperando que ustedes miren para otro lado", los militantes del Hezbolá en Líbano "esperan que prevalezca el aislacionismo" y "Corea del Norte espera que la ambivalencia se imponga", dijo. "Todos quieren escuchar nuestro silencio".

Esto también explica las expresiones del General Julian Thompson, comandante de las fuerzas terrestres en la guerra de las Malvinas, historiador militar y profesor de estudios de la guerra en el King’s College de Londres: “Pienso que si nos involucramos (en la intervención), haremos peor la situación. Yo no creo que el público británico vaya a aceptar esto. Ya tiene suficiente con estas aventuras de primeros ministros jóvenes, ambiciosos e ignorantes, como Blair y Cameron. Yo no estoy a favor (de una intervención), porque no sabemos cuál será la reacción de los rusos, los chinos y los iraníes. Ese es el problema. Cada acción que tomemos puede ayudar a los rebeldes, y muchos son de Al Qaeda. El problema es que (Barack) Obama se creó a sí mismo una línea roja en la arena”. “Creo que (Mister Cameron) es un jovencito tonto. No escucha a sus asesores militares, que le dicen que no lo haga. Escucha a unos estudiantes estúpidos o ex estudiantes, que son sus asesores, que no tienen conocimientos”. “La guerra de Irak fue otro enorme error estratégico, y seguimos viviendo con los resultados. La gente de Irak no está mejor ahora que con Saddam”. “Nos dirigimos a una situación peor porque estamos ayudando a que una organización terrorista ocupe Siria. Si ellos ponen las manos en las armas químicas, ¡que Dios nos ayude a todos!”

Putin por su parte, plantea las preguntas incómodas: “Si se demuestra que la guerrilla usó armas químicas, ¿qué hará EE.UU con los guerrilleros?, ¿qué harán los patrocinadores con sus guerrilleros?, ¿dejarán de suministrarles armas?, ¿lanzarán operaciones militares contra ellos?". Agregó que, en cualquier caso, Rusia se pondrá en una postura de principios, que “consiste en que el uso de armas de aniquilación masiva es un crimen”.

Funcionarios estadounidenses y europeos insisten en que una ofensiva breve e intensa, quizás únicamente con misiles crucero, sería la respuesta más probable al ataque con armas químicas de la semana pasada que atribuyen a Al-Assad.

Dennis Ross, ex asesor de la Casa Blanca sobre Medio Oriente: "El gobierno tiene que decidir cuál es su objetivo, un castigo para demostrar que existe un precio y restablecer un elemento disuasorio, o cambiar el equilibrio del poder en Siria “Supongo que [el objetivo] estará orientado al primero".

Repasemos los datos:

- No está claro quién ni cuando empleó armas químicas en Siria. El gobierno estaba a la ofensiva avanzando sobre los rebeldes, si su situación militar estaba mejorando ¿para qué emplear armas químicas que son un recurso defensivo y atraer las iras mundiales? Se entendería como un recurso final ante la derrota, lo que no está sucediendo.

- Si Obama “trazó una línea roja” para castigar el uso de armas químicas debió tener una respuesta en caso que Al Assad u otro lo hiciera. No la tenía. ¿La línea roja era también válida si las empleaban los rebeldes?

- Si quiebran la moral de las fuerzas regulares de Siria y éstas se desbandan ¿dónde irán a parar las armas químicas? Con seguridad a los grupos fundamentalistas islámicos. ¿Es esto una ganancia para alguien?

- Un bombardeo de misiles crucero sobre Siria difícilmente cambiará el equilibrio militar en ese país. Siria no es Libia. El daño que puedan infligir a sus FF.AA podría ser reducido sustancialmente con medidas precautorias que seguramente los sirios ya están tomando y si así fuera ¿a quiénes favorecería?

- Destruir el último régimen árabe laico de la región, ¿es una buena idea? ¿Existe alguna razón para pensar que derrocado el régimen de Al Assad la situación interna de Siria va a mejorar?, ¿es que los fundamentalistas islámicos son interlocutores internacionales más racionales y previsibles que el actual régimen sirio?

- ¿Irán, Corea del Norte o Hezbolá de veras necesitan más advertencias sobre la actitud de EE.UU. respecto a sus políticas en armas químicas o nucleares? Especialmente ahora cuando el nuevo régimen de Irán parece más racional que el Hajmadineyad.

- Ninguna medida de fuerza podría ayudar a implantar en Siria un gobierno democrático al estilo EEUU o Gran Bretaña. La pregunta que habría que hacerse es ¿con cuál grupo gobernante —Hezbolá, Al Qaeda y similares o con el Partido Baath y el Ejército sirio— existe una mejor probabilidad de negociar una mejora en las condiciones políticas internas de Siria?. Al igual que en Egipto, el Ejecutivo, el Ejército y el partido Baath conforman el Estado. Si se destruye a uno, se acaba toda estructura de gobernabilidad y queda solo la anarquía más absoluta.

Pareciera razonable pensar que los extremistas llegados a Siria desde todo el mundo islámico son los menos aptos para construir una democracia y que los intentos por hacerlos cambiar tienen pocas probabilidades de éxito. Si se trata de enseñar a bailar tango a una vaca lo más probable es que no aprenda y además se enoje.

Lo que pasó en Irak muestra, más allá de toda duda, que es mejor no intentar “enviar mensajes” a bombazos y que podría ser más efectivo conservar la calma para negociar con un gobierno laico, que poco o nada democrático y todo, comparte un margen de racionalidad con occidente. Salvo que los verdaderos intereses de los promotores de las bombas sean otros.

El mundo es complejo y la política tiene en la fuerza militar un argumento último y final, nunca el primero ni comunicacional.

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