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Allende… ¿un frívolo?

por 11 septiembre, 2013

Allende… ¿un frívolo?
El derecho de propiedad fue, qué duda cabe, vulnerado de manera brutal por la Unidad Popular, pero lo mismo ocurrió con la democracia y con los principios básicos que le dan sustentabilidad. La inclusión de miembros de las Fuerzas Armadas en el gabinete, la coerción de la libertad de prensa y el atropello generalizado a la ley y a la institucionalidad vigente, demuestran que, al menos en términos prácticos, Allende no era un demócrata.
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Probablemente el Gobierno de Allende será recordado como uno de los peores gobiernos en la historia de Chile. Los datos objetivos demuestran que el cumplimiento de la ley fue reemplazado, en su mandato, por la política del decreto; la economía, reducida a un juego de azar; y la convivencia, convertida en una especie de guerrilla profunda de mutuas desconfianzas alentada desde el Estado.

Pese a todo, la figura de Allende mantiene en el imaginario de la izquierda un lugar de privilegio. No sólo por las circunstancias épicas de su muerte, sino también, quizá, porque su proyecto no coincidía con el de la URSS ni con el de Cuba. (En lo personal, creo que Allende era genuinamente contrario a la vía armada y que, genuinamente también, soñaba con el socialismo a la chilena como una especie de utopía).

Sólo la frivolidad explica que pudiera tener la ilusión de aplicar medidas de fuerza como las que aplicó, sin que fueran tenidas como lo que realmente eran y sin que produjeran reacciones violentas de parte de quienes fueron afectados por ellas.

Quizá por eso, y porque los gobernantes son siempre mucho más que sus propios gobiernos, es que hasta el día de hoy la izquierda no es capaz de hacer un juicio objetivo de su figura como gobernante; y, sobre todo, de aquellas acciones suyas que, independiente de sus intenciones, no sólo contribuyeron a la violencia sino que la propiciaron.

Porque la expropiación de tierras sobre la base del concepto de una cierta injusticia universal, no es precisamente una medida de paz. La intervención del Estado en los sindicatos para expropiar empresas a través del boicot (apuntando a su ineficiencia), tampoco.

El derecho de propiedad fue, qué duda cabe, vulnerado de manera brutal por la Unidad Popular, pero lo mismo ocurrió con la democracia y con los principios básicos que le dan sustentabilidad. La inclusión de miembros de las Fuerzas Armadas en el gabinete, la coerción de la libertad de prensa y el atropello generalizado a la ley y a la institucionalidad vigente, demuestran que, al menos en términos prácticos, Allende no era un demócrata… por más que la expresión ‘popular’ estuviera presente en todos sus discursos.

Allende pudo haber tenido, insisto, la intención sincera de evitar la violencia y de instalar el socialismo de manera pacífica. Pero de ser así, hay otro cargo por el que ex Presidente no puede dejar de ser imputado… el de frivolidad.

Sólo la frivolidad explica que pudiera tener la ilusión de aplicar medidas de fuerza como las que aplicó, sin que fueran tenidas como lo que realmente eran y sin que produjeran reacciones violentas de parte de quienes fueron afectados por ellas.

Sólo la frivolidad explica que desatendiera, como de hecho lo hizo, la economía, como si el cuidado de ciertas normas básicas respondiera a la arbitrariedad tecnocrática.

Sólo la frivolidad y la utopía explican las contradicciones de Allende. Quién sabe si la una no está más cerca de la otra de lo que casi siempre se cree.

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