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Pinochet fue una refutación de Marx

por 17 septiembre, 2013

La revolución no llegó donde debía (a las sociedades más industrializadas), tampoco dio lugar a la sociedad sin clases y menos al hombre nuevo. No alcanzó a durar un siglo y se ya se había ido (como punto de comparación: el Reino Cruzado de Jerusalén duró más que la Unión Soviética). Aunque ese tampoco fue el fin de la Historia.
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Había un tiempo en que en Chile y el mundo se estudiaba el marxismo en serio. Tanto adherentes como detractores intentaban comprender a Marx y manejaban términos como materialismo histórico y dialéctico, lucha de clases y dictadura del proletariado. Algunos hasta podían distinguir el Trotskismo del Leninismo. Es que antes de la caída del Muro los discípulos de Marx eran una amenaza real y parecía que se iban a comer a un Occidente cada vez más débil. Los tanques soviéticos en Berlín, Budapest y Praga, la cárcel-isla de Cuba, los campos de reeducación en Camboya, etc. eran imágenes vivas. El colapso del modelo los tomó tan de sorpresa como a muchos occidentales.

Los marxistas refritos que me encontré en la universidad solían decir, para sobrevivir la irrelevancia, que el marxismo ya no era un programa político, sino un método de análisis, con lo que inadvertidamente invertían la undécima tesis sobre Feuerbach. Pero, dado el peso que está tomando el Partido Comunista, parece que va a haber retomar esas lecturas que cayeron al basurero de la historia en 1989. Como siempre, habrá que agradecer a la Democracia Cristiana.

Es notable el tesón con que los revolucionarios trabajaron (y trabajan) para lograr lo que es, según ellos, inevitable. El marxismo, como buen descendiente de Hegel, es una filosofía de la historia, pero que trata de mostrar –en plena consecuencia con su materialismo– que la historia es una ciencia natural, que se mueve por leyes, y por lo tanto, es predecible. La revolución es la siguiente etapa y está al llegar, o al menos lo estaba.

Pero la revolución no llegó donde debía (a las sociedades más industrializadas), tampoco dio lugar a la sociedad sin clases y menos al hombre nuevo. No alcanzó a durar un siglo y se ya se había ido (como punto de comparación: el Reino Cruzado de Jerusalén duró más que la Unión Soviética). Aunque ese tampoco fue el fin de la Historia.

El caso más punzante puede haber sido el de Chile: el curso inexorable de la historia no llegó a ver cuajar la revolución cuando ya había cambiado el rumbo. El comunismo fue vencido en la praxis, y como en el marxismo teoría y praxis se identifican, también en la teoría. Se entiende que a quienes esperaban ser partícipes de inevitable llegada de la nueva era esto les duela. Posiblemente sea lo que más duela (a la izquierda no le interesan los derechos humanos sino como arma política) y lo que nunca pueda perdonársele a Pinochet. El soldado refutó el ideólogo por partida doble.

Cuando en las ciencias naturales una hipótesis no tiene valor predictivo, se desecha. Los que en el siglo XX leían a Marx con devoción –porque el marxismo es también una religión–  se reinventaron (y aprovecharon de perdonarse a sí mismos, como me indicó una vez un polaco) aunque cueste aceptar la caída de un ídolo y el fracaso de un profeta. Pero quedan algunos se tropiezan de nuevo con la misma piedra y se niegan a abandonar su superstición tantas veces refutada, también aquí. En muchos países sólo habitan en las universidades, en Chile también están en el Congreso.

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