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Opinión

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Die Merkel-Republik

por 27 septiembre, 2013

El triunfo de Merkel, es importante no sólo por la magnitud del caudal electoral, sino por el tipo de liderazgo que ella ha ido construyendo desde sus orígenes en la Alemania del Este, llegando a representar hoy el lado normal de la política, sin fuegos artificiales, sin dogmatismos y con profundas convicciones ideológicas, lo que ha significado poner nuevamente a Alemania como actor fundamental en el desarrollo de las relaciones internacionales.
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El viernes 20 de septiembre, mientras nosotros los chilenos alargábamos la celebración de nuestras Fiestas Patrias, la mujer más poderosa del mundo se encontraba durante la tarde en un supermercado de Berlín comprando los alimentos que posteriormente cocinaría junto a su marido, el prominente químico Joachin Sauer, en su departamento de Berlín de 60 metros cuadrados. Algo muy normal para ella, que no cuenta con servicio doméstico.

Lo anterior, que pudiera ser anecdótico, refleja en esencia a Angela Merkel y va explicando en buena parte su triunfo y el de su partido, la CDU, en las elecciones más importantes de Europa en el último tiempo. Y lo explica en gran medida debido a que ese hecho, que no es un accidente en la vida de Merkel, retrata lo que su figura es para Alemania; una especie de madre que sabe cuidar de su familia, que es su nación, sin perder de vista que al igual que sus predecesores, Adenauer y Kohl, su vida privada es normal como la de cualquier alemán medio, y si bien es la líder de la República Federal, es una líder de a pie. En este caso, de supermercado.

Merkel expresa ese liderazgo de contención materno que se necesita en aquellos momentos en que hay incertidumbre y desorientación. A diferencia de su antecesor, el ex canciller Gerhard Schröder, Ángela Merkel nunca ha cultivado una imagen que la exponga de sobremanera en los medios, mantiene más bien un perfil bajo en lo que no sean estrictamente las funciones de su cargo, por lo que no busca inmiscuirse en temas distintos a los que le competen en la política alemana y europea. Se le ha tratado de comparar con Margaret Thatcher, tal vez por ser mujeres y ser las primeras en dirigir sus países, pero creo que su tipo de liderazgo la acercan bastante más a Golda Meier, con esa manera de observar la política como doméstica, pero pensando en el largo plazo y con esa capacidad de cambiar de opinión, si el momento lo amerita, cuestión que no caracterizó a la Dama de Hierro, pero sí a Merkel.

A ella se le destaca esa capacidad como rasgo distintivo, en que según el contexto puede replantearse el problema y encontrar otras respuestas. Es probable que ese tipo de comportamiento político provenga de su formación profesional en la física; si la hipótesis está mal formulada, entonces habrá que buscar otra hipótesis y, por tanto, una solución diferente. Por ejemplo, su visón sobre la política energética ha ido cambiando a medida que los hechos le fueron señalando otros caminos; para la Dra. Merkel la mantención de la energía nuclear no era un tema dogmático, sin embargo luego del desastre nuclear de Fukushima, cambia inmediatamente de posición, buscando alternativas para terminar en el corto plazo con la energía nuclear, para sustituirla por energías limpias y alternativas. No hay que olvidar que actualmente el Estado alemán ocupa alrededor US$ 20 mil millones para subsidiar las energías limpias y otros tantos miles de millones de euros para la investigación de formas energéticas no contaminantes. Igualmente, su flexibilidad se ve reflejada en su posición respecto de Grecia, ejerciendo primero una gran presión sobre el país heleno a objeto de que ordenara su hacienda pública y aprobando posteriormente dos paquetes de ayudas que han logrado en parte detener el default griego.

El triunfo de Merkel, es importante no sólo por la magnitud del caudal electoral, sino por el tipo de liderazgo que ella ha ido construyendo desde sus orígenes en la Alemania del Este, llegando a representar hoy el lado normal de la política, sin fuegos artificiales, sin dogmatismos y con profundas convicciones ideológicas, lo que ha significado poner nuevamente a Alemania como actor fundamental en el desarrollo de las relaciones internacionales.

No pueden entenderse estos cambios de opinión como una debilidad, sino muy por el contrario. Para la Canciller alemana esta es una fortaleza que ha sabido utilizar de forma tal que su respuesta se determina dependiendo de los contextos. Los éxitos macroeconómicos alemanes confirman esto, dado que su política económica interna ha ido variando según el contexto mundial y sobre todo respecto de cómo la economía de Europa se ha ido comportando; el 5,7 % de desempleo y los 30.392 euros per cápita en Alemania, por poner algunas cifras, le han dado la razón, lo que además se acaba de refrendar en el sufragio de los teutones.

El liderazgo en la CDU

Si bien Merkel entró “tarde” a la política, su carrera más que meteórica ha sido metódica y asertiva. Desde sus posiciones iniciales, primero como ministra de Familia y Juventud (1990-1994) y luego de Medio Ambiente y Naturaleza (1994-1997), tuvo que hacerse de un espacio en la Democracia Cristiana alemana, dominada entonces por los barones de la CDU y caracterizada por una fuerte raigambre católica. Así, durante la primera parte de la década de los ‘90, su figura nunca se vinculó a los centros del poder de los democristianos alemanes.

Proveniente de una familia protestante, Angela Dorothea Kasner, adopta el apellido Merkel cuando contrae matrimonio por primera vez. Ingresa a la CDU una vez que cae el Muro y Alemania se unifica, en este partido ha debido imponerse al ala más conservadora de la CDU y también a las trayectorias de líderes como el propio Kohl y Shäuble. Su figura comienza a emerger en 1998 tras la derrota del canciller Helmut Kohl a manos del SPD Gerhard Schröeder y en medio de escándalos a los que por entonces se vio enfrentado el partido de la Klingelhöferstraße 8 en Berlín, al que muchos le auguraban una suerte similar a la de su par, la Democracia Cristiana Italiana.

La CDU en aquellos momentos fue cruzada por una crisis, en la que Merkel enfrenta a su mentor, Helmut Kohl; para ella, por encima de sus afinidades políticas y sus afectos partidarios, estaba la sobrevivencia de la Democracia Cristiana en el sistema alemán de partidos. Contra todo pronóstico, la ex dirigente de las juventudes socialistas de la RDA, se impone a los barones (Ministros Presidentes de las Regiones), al ala conservadora y al propio Kohl al interior de la CDU. Desde ese momento su liderazgo al interior de la DC alemana se fue fortaleciendo hasta lograr que el 22 de noviembre de 2005, fuera investida por el Bundestag como la octava Canciller de la República Alemana y la primera mujer en ostentar dicho cargo. Más aún, una mujer proveniente del Este.

Fue el momento de la segunda gran coalición en la Historia de Alemania y seguramente en los próximos días veremos la tercera gran coalición de la República Federal de Alemania.

El triunfo del partido profesional electoral

El triunfo de Angela Merkel se debe al tipo de liderazgo que ella encarna y como también a su partido la CDU, que según el viejo politólogo de Heidelberg, Klaus von Beyme, es uno de los partidos más modernos del mundo. Los demócratas cristianos alemanes han sabido renovarse tanto en sus ideas como en su estructura burocrática, son lo que el propio von Beyme y Panebianco llaman partido profesional electoral. Fundada en 1945, la Democracia Cristiana Alemana, es heredera del viejo partido de centro alemán de profunda raigambre católica. Ha tenido varias figuras que han marcado la historia de la CDU, desde Konrad Adenauer, el canciller de la reconstrucción alemana; Ludwig Erhard, el canciller del milagro alemán; Helmut Kohl, el canciller de la Unificación Alemana y la Unión Europea; hasta su actual líder, Angela Merkel, que tal vez, por lo obrado hasta el momento, vaya a ser recordada como la canciller del nuevo resurgimiento de Europa y de la consolidación de Alemania como el eje político del Viejo Continente y su principal baluarte económico.

Detengan a Alemania que Europa quiere subirse

El extraordinario triunfo de Merkel reafirma plebiscitariamente las directrices fundamentales de su política hacia Europa. Por una parte, Alemania no tiene ninguna ambición geopolítica internacional y, por lo tanto, sus problemas hoy se sustraen fundamentalmente a Europa y a su permanente política de cooperación internacional (es el país que invierte más en cooperación internacional). Asimismo, seguirá reafirmando el Euro y la Eurozona económica como un polo geoeconómico coherente, basado en la economía social de mercado, con austeridad fiscal y orden en la hacienda pública.

Por último, Merkel también seguirá apostando a una menor injerencia de Bruselas en los asuntos nacionales, a objeto de que cada Nación-Estado se haga mayormente responsable en el futuro de sus propias y soberanas decisiones. Esta última política de la Canciller Alemana ha sido la más resistida por muchos europeístas, sin embargo para el votante alemán esta medida fue una de las que también ha influido para que Merkel tuviera la significativa votación del pasado 22 de septiembre.

El punto que Angela Merkel ha establecido como central desde que comenzó la crisis en 2008, es cómo salir del trance económico como Unión Europea, pero sin que la problemática se contagie a los países que, a diferencia de aquellos que antes de la crisis subprime vivieron de platas dulces traspasadas de la Unión Europea y de la Industria del turismo, han seguido rigurosamente la regla de la prudencia y de la austeridad fiscal. Este camino no ha sido fácil ni para la Alemania de Merkel, y mucho menos para el resto de Europa, sintomático es que sólo la canciller alemana ha podido mantenerse en el poder en un contexto de crisis económica generalizada en todo el continente. No hay que olvidar que desde las noticias de Lehman Brothers varios ilustres premieres han caído; Brown en Gran Bretaña, Zapatero en España, Berlusconi en Italia y Zarkozy en Francia, y no sólo han caído producto de la crisis como figuras políticas, sino que sus gobiernos han sido rechazados y cambiados por otros de distintos colores políticos. Desde que comenzó la crisis, han sido 20 los líderes de los países que han sido defenestrados.

Todo parece indicar que Europa seguirá al ritmo alemán por lo menos cuatro años más, sin un afán hegemónico, pero con condiciones en las políticas de Hacienda que desde Berlín seguirán siendo monitoreadas. A diferencia de los ‘90 y de los primeros años de este siglo, Alemania está pidiendo garantías a los apoyos económicos que los germanos otorgan, fundamentalmente porque el alemán promedio que paga altos impuestos, ahora exige a sus vecinos la misma rigurosidad y austeridad en las finanzas que se les exige a ellos por parte del Estado Alemán.

Lo que viene

Una vez concluidas las negociaciones de coalición, lo más probable es que el tablero político germano presente una tercera Gran Coalición junto al SPD, lo que para Merkel no es ajeno —es difícil en el sistema parlamentario y federal alemán un escenario de gobierno de minorías. Políticamente se deberá llegar a mayores grados de consenso para salir definitivamente de la crisis, y en esto la alianza con el SPD será propicia dentro de las negociaciones, dado que en el poder de Alemania estará representado casi todo el espectro político ideológico europeo, vale decir, la centro derecha y la centro izquierda (a la europea, no a la latinoamericana). En conceptos de Norberto Bobbio, el tercero incluyente se desplegará en su totalidad, en lo que conocemos como Socialismo Liberal.

En materia económica, debiera avecindarse un periodo de moderada expansión, toda vez que el porcentaje de productividad ha sido sólo del 0,9 % anual y el PIB del 1,8. Cifras absolutamente mejorables. Alemania también deberá mirar más allá de Europa y, si bien Asia es un mercado emergente e importante, sobre todo China, América Latina, con un crecimiento sostenido y una democracia consolidada es un mercado que debiera ser considerado por esta nueva administración de Merkel para avanzar en algo por sobre el 3 % de exportaciones que destina a esta región. Por su parte, para América Latina es buena la continuidad de Merkel, dado que ha sido una Canciller que no sólo ha se ha referido a la región, sino que sus visitas a ésta han aportado a estrechar las relaciones.

En el caso de Chile, donde todo augura que Bachelet será la próxima presidenta del país, hay que tener claro que ambas se conocen bien y que no hay grandes diferencia en su origen ideológico, incluso su juventud en la antigua RDA las une. Cabe también resaltarla peculiaridad de que ambas tienen coaliciones con partidos hermanos; en el caso de Merkel, serán nuevamente los socialdemócratas, y con Bachelet, el acompañamiento será de los demócratas cristianos chilenos, los que por décadas han cultivado una estrecha amistad política con sus pares alemanes. No hay que olvidar que los dos partidos, la CDU alemana en Europa y el PDC chileno en Latinoamérica, son las instituciones políticas más representativas de la democracia cristiana internacional, siendo ideológicamente muy similares.

El triunfo de Merkel, es importante no sólo por la magnitud del caudal electoral, sino por el tipo de liderazgo que ella ha ido construyendo desde sus orígenes en la Alemania del Este, llegando a representar hoy el lado normal de la política, sin fuegos artificiales, sin dogmatismos y con profundas convicciones ideológicas, lo que ha significado poner nuevamente a Alemania como actor fundamental en el desarrollo de las relaciones internacionales.

La tarea fundamental de Merkel será poner definitivamente de pie a Europa, esta vez sin subsidios, lo que permitirá una mayor autonomía de los Estados en un contexto de una Unión Europa más unida pero con mayor identidad local. Esta tarea posee un capital electoral casi sin precedentes en la historia germana, más allá de lo que pase en la negociación con el SPD, Merkel y la CDU están en un momento fundamental para poner las bases de una nueva Alemania y por qué no de una nueva Europa, integrada pero más independiente políticamente.

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