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El verdadero juego de la derecha

por 28 septiembre, 2013

¿Qué haces si alguien te propone jugar con reglas tramposas? Simplemente no aceptas jugar. ¿Pero qué pasa si alguien te obliga a jugar con reglas tramposas? Por el dolor y el desgarro que suponen, las violaciones a los derechos humanos ha sido el centro de atención en este 40avo aniversario del Golpe. Sin duda ameritan un espacio central. No obstante tanta emoción arriesga olvidar el motivo de todo esto: Aquí nadie quiso torturar y asesinar, desterrar y violar por un placer oscuro repentinamente desbocado. Todo eso fue un medio, incluso un coste a pagar por otro objetivo que permanece invisible. Si el poder de las rancias élites chilenas no se hubiese visto seriamente amenazado, así como el poder global de Estados Unidos (por el ejemplo que Allende podría haber supuesto para todo el mundo) probablemente poco de todo lo que ocurrió habría sucedido. El poder que se nutre y proviene de privilegios es el protagonista oculto de esta historia. [cita] ¿Y cómo asegurar que todos los privilegios restaurados e instalados durante la dictadura se mantuvieran? Resguardar el traspaso masivo de riqueza de la mayoría a unos pocos, requiere que el valor económico de los recursos naturales se continúe regalando, que el abuso financiero y comercial quede impune sistemáticamente, que los oligopolios puedan florecer constantemente, que las privatizaciones corruptas no se reviertan, y que la educación y la salud sean un negocio garantizado. Para esto se requiere de un engranaje constitucional que asegure que todo aquello se mantenga así. Y entonces encaja la Constitución del 80. Y entonces se entiende por qué fue necesaria la destrucción sistemática del tejido social vía violaciones, torturas y asesinatos: ninguna sociedad aguantaría semejantes reglas si no tuviera mucho miedo, si no estuviera exhausta buscando a sus muertos.[/cita] ¿Y qué privilegios? Básicamente la apropiación privada de la riqueza colectiva: de la Renta Económica que proviene de los recursos naturales (tierra, cobre o peces), de mercados protegidos (cuotas de importación, AFP, Isapres), de mercados con fallas de organización o asimetrías de información (banca), o de transferencias públicas (venta bajo la par de empresas públicas, exenciones impositivas o subsidios estatales). El verdadero juego de la Ddrecha es el Derecho a la apropiación de la Renta Económica, desde la cual se sostiene la élite como tal y sus múltiples privilegios extra-económicos. En la medida que surgió un movimiento con la fuerza suficiente para desafiar dicho privilegio de apropiación, a través de la expropiación de la tierra y del cobre, de la nacionalización de la banca y la socialización de la producción, es que la derecha vio amenazada su fuente de poder. Es completamente legítimo cuestionar si los métodos de la UP fueron los mejores, plantear que su manejo económico no fue bueno, o poner dudas en si tenían suficientemente claro cuál era su verdadero objetivo ( ¿socializar las Rentas o luchar contra el Capital? ). No obstante está claro que la reacción de la derecha no tuvo de fondo ni la República ni la Democracia. El asunto nunca fue Chile. Lo que motivó el Golpe y la revolución derechista posterior fue recuperar los privilegios. La práctica de promover y defender acciones como si fuesen del interés colectivo, cuando en realidad sólo responden a un interés corporativo, es una práctica muy bien conocida (Stiglitz, 2012). Lo anterior se funda en cómo se constituyeron las reglas del juego que se impusieron durante la dictadura: Regalo de la Renta del cobre (Luksic, Rassmuss y extranjeras), peces (7 familias), litio (Ponce), y otros recursos naturales (Matte), reconstitución y creación de industrias manteniendo una alta generación de Rentas como el retail (Paulmann, Solari), la banca (Luksic, Matte, Said), Isapres (Fernández León, Alberto Délano, Said) y AFP, transferencias masivas de riqueza a través de privatizaciones fraudulentas de grandes empresas (SOQUIMICH, ENTEL, ENDESA), corrupción rampante que llegó hasta el mismo dictador (Riggs), excenciones tributarias (FUT), y generosos subsidios explícitos e implícitos (subvenciones sin control, ausencia de impuestos correctores). Si a los Chicago Boys les hubiese interesado en lo más mínimo establecer una economía de mercado, habrían hecho lo que la más básica economía de mercado requiere: Apropiación de la Renta Económica de los recursos naturales por parte del Estado; fomento real de la competencia en todos los sectores donde fuese posible; y regulación exhaustiva en aquellos donde no lo fuese. Fomento de mecanismos para reducir asimetrías de información y reducir costos de transacción; establecimiento de un sistema impositivo justo, eficiente y simple; y aseguramiento de que los retornos privados fuesen siempre iguales a los sociales (medioambiente, educación, salud). Lo otro, esa noción de economía de mercado que se reduce a la minimización del Estado, sólo tiene cabida en un curso elemental de introducción a la economía, en la mente de un economista estúpido, o en la estratagema de quienes quieren apropiarse de Renta Económica sin contrapeso. ¿Y cómo asegurar que todos los privilegios restaurados e instalados durante la dictadura se mantuvieran? Resguardar el traspaso masivo de riqueza de la mayoría a unos pocos, requiere que el valor económico de los recursos naturales se continúe regalando, que el abuso financiero y comercial quede impune sistemáticamente, que los oligopolios puedan florecer constantemente, que las privatizaciones corruptas no se reviertan, y que la educación y la salud sean un negocio garantizado. Para esto se requiere de un engranaje constitucional que asegure que todo aquello se mantenga así. Y entonces encaja la Constitución del 80. Y entonces se entiende por qué fue necesaria la destrucción sistemática del tejido social vía violaciones, torturas y asesinatos: ninguna sociedad aguantaría semejantes reglas si no tuviera mucho miedo, si no estuviera exhausta buscando a sus muertos. Hace 40 años estalló la reacción ante un intento que buscaba el fin de los privilegios. Un intento que implicaba que la Derecha perdía su juego y soltaba nuestra Renta. Y entonces como niño malcriado al que le quitan su juguete, tiró el tablero por la borda e hizo una pataleta violenta y agresiva de 17 años para que Chile aceptara otro juego. Un juego en el que con reglas tramposas aseguraba ganar. Y ganó. Y ha continuado ganando hasta hoy. Y mientras ganar en un juego justo es admirable, hacerlo en uno en que sólo una parte escribe las reglas -y lo hace a su favor- es un abuso. No por nada somos uno de los países más desiguales del mundo, con varios campeones en la revista Forbes, y donde nuestro 1% se apropia del mayor porcentaje del ingreso nacional entre países comparables. Es una falta de respeto plantear que Luksic ha sido sobre 185.000 veces más productivo que usted o que yo entre 2002 y 2010 (aunque así lo interpreten la mayoría de economistas “mainstream” apegados al dogma de la teoría marginalista): él simplemente ha tenido el privilegio de apropiarse de la Renta del cobre y de la banca, y así en lo suyo Matte, y Paulmann, y Solari, y suma y sigue. La dictadura no fue sólo un asunto que involucró a los militares y a las víctimas de sus abusos. Ver la historia hasta ahí es mirar menos de la mitad de la película: la derecha económica restaurando sus privilegios y enriqueciéndose. Haciéndolo gracias a las reglas del juego tramposas que pudo imponer. Imponiéndolas gracias a las violaciones a los derechos humanos que destruyeron el tejido social, permearon de miedo a la sociedad entera y agotaron a quienes podrían haber protestado. Esta es la película completa. Esa misma derecha sigue viva y coleando, esos “cómplices pasivos” como los llamó Piñera, que caminan por las calles (o más bien vuelan por nuestros cielos) y que hasta trabajan en nuestro Gobierno. Son individuos que Maria Olivia Mönckeberg se dio el trabajo de presentarnos: Ponce Lerou, Juan Rassmuss, Roberto de Andraca, Jorge Cauas, Sergio Enriquez, José Yuraszeck, Ernesto Silva, Álvaro Saieh, Juan Hurtado, Guillermo Letelier y, entre otros, Seguel Morel. Y cómo no dejar una especial mención a don Agustín Edwards que jugó un papel clave en la intervención estadounidense. Es la misma derecha que se sigue negando a renunciar en lo más mínimo a sus privilegios, que financia y corrompe nuestro sistema político, hegemoniza la agenda periodística, y bloquea cambios tributarios, educacionales y constitucionales. Los perdones expuestos hacia víctimas de violaciones a derechos humanos por políticos y militares son un aporte a la reconciliación nacional, por supuesto. Pero para quienes sufrieron los abusos y vejaciones un perdón no basta; se requiere Justicia. De forma análoga, el destape, reconocimiento y ajusticiamiento de estos abusos serán un aporte a la reconciliación, por supuesto. Pero para Chile eso tampoco bastará; la reconciliación nacional sólo estará completa cuando quienes se enriquecieron de manera truculenta no sólo pidan perdón, sino que pasen por la Justicia, y cuando se cierren los mecanismos por los cuales el 1% se ha venido aprovechado para enriquecerse de manera tramposa durante todo este tiempo.
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¿Qué haces si alguien te propone jugar con reglas tramposas? Simplemente no aceptas jugar. ¿Pero qué pasa si alguien te obliga a jugar con reglas tramposas?

Por el dolor y el desgarro que suponen, las violaciones a los derechos humanos ha sido el centro de atención en este 40avo aniversario del Golpe. Sin duda ameritan un espacio central. No obstante tanta emoción arriesga olvidar el motivo de todo esto: Aquí nadie quiso torturar y asesinar, desterrar y violar por un placer oscuro repentinamente desbocado. Todo eso fue un medio, incluso un coste a pagar por otro objetivo que permanece invisible.

Si el poder de las rancias élites chilenas no se hubiese visto seriamente amenazado, así como el poder global de Estados Unidos (por el ejemplo que Allende podría haber supuesto para todo el mundo) probablemente poco de todo lo que ocurrió habría sucedido. El poder que se nutre y proviene de privilegios es el protagonista oculto de esta historia.

¿Y cómo asegurar que todos los privilegios restaurados e instalados durante la dictadura se mantuvieran? Resguardar el traspaso masivo de riqueza de la mayoría a unos pocos, requiere que el valor económico de los recursos naturales se continúe regalando, que el abuso financiero y comercial quede impune sistemáticamente, que los oligopolios puedan florecer constantemente, que las privatizaciones corruptas no se reviertan, y que la educación y la salud sean un negocio garantizado. Para esto se requiere de un engranaje constitucional que asegure que todo aquello se mantenga así. Y entonces encaja la Constitución del 80. Y entonces se entiende por qué fue necesaria la destrucción sistemática del tejido social vía violaciones, torturas y asesinatos: ninguna sociedad aguantaría semejantes reglas si no tuviera mucho miedo, si no estuviera exhausta buscando a sus muertos.

¿Y qué privilegios? Básicamente la apropiación privada de la riqueza colectiva: de la Renta Económica que proviene de los recursos naturales (tierra, cobre o peces), de mercados protegidos (cuotas de importación, AFP, Isapres), de mercados con fallas de organización o asimetrías de información (banca), o de transferencias públicas (venta bajo la par de empresas públicas, exenciones impositivas o subsidios estatales). El verdadero juego de la Ddrecha es el Derecho a la apropiación de la Renta Económica, desde la cual se sostiene la élite como tal y sus múltiples privilegios extra-económicos.

En la medida que surgió un movimiento con la fuerza suficiente para desafiar dicho privilegio de apropiación, a través de la expropiación de la tierra y del cobre, de la nacionalización de la banca y la socialización de la producción, es que la derecha vio amenazada su fuente de poder. Es completamente legítimo cuestionar si los métodos de la UP fueron los mejores, plantear que su manejo económico no fue bueno, o poner dudas en si tenían suficientemente claro cuál era su verdadero objetivo ( ¿socializar las Rentas o luchar contra el Capital? ). No obstante está claro que la reacción de la derecha no tuvo de fondo ni la República ni la Democracia. El asunto nunca fue Chile. Lo que motivó el Golpe y la revolución derechista posterior fue recuperar los privilegios. La práctica de promover y defender acciones como si fuesen del interés colectivo, cuando en realidad sólo responden a un interés corporativo, es una práctica muy bien conocida (Stiglitz, 2012).

Lo anterior se funda en cómo se constituyeron las reglas del juego que se impusieron durante la dictadura: Regalo de la Renta del cobre (Luksic, Rassmuss y extranjeras), peces (7 familias), litio (Ponce), y otros recursos naturales (Matte), reconstitución y creación de industrias manteniendo una alta generación de Rentas como el retail (Paulmann, Solari), la banca (Luksic, Matte, Said), Isapres (Fernández León, Alberto Délano, Said) y AFP, transferencias masivas de riqueza a través de privatizaciones fraudulentas de grandes empresas (SOQUIMICH, ENTEL, ENDESA), corrupción rampante que llegó hasta el mismo dictador (Riggs), excenciones tributarias (FUT), y generosos subsidios explícitos e implícitos (subvenciones sin control, ausencia de impuestos correctores).

Si a los Chicago Boys les hubiese interesado en lo más mínimo establecer una economía de mercado, habrían hecho lo que la más básica economía de mercado requiere: Apropiación de la Renta Económica de los recursos naturales por parte del Estado; fomento real de la competencia en todos los sectores donde fuese posible; y regulación exhaustiva en aquellos donde no lo fuese. Fomento de mecanismos para reducir asimetrías de información y reducir costos de transacción; establecimiento de un sistema impositivo justo, eficiente y simple;  y aseguramiento de que los retornos privados fuesen siempre iguales a los sociales (medioambiente, educación, salud).  Lo otro, esa noción de economía de mercado que se reduce a la minimización del Estado, sólo tiene cabida en un curso elemental de introducción a la economía, en la mente de un economista estúpido, o en la estratagema de quienes quieren apropiarse de Renta Económica sin contrapeso.

¿Y cómo asegurar que todos los privilegios restaurados e instalados durante la dictadura se mantuvieran? Resguardar el traspaso masivo de riqueza de la mayoría a unos pocos, requiere que el valor económico de los recursos naturales se continúe regalando, que el abuso financiero y comercial quede impune sistemáticamente, que los oligopolios puedan florecer constantemente, que las privatizaciones corruptas no se reviertan, y que la educación y la salud sean un negocio garantizado. Para esto se requiere de un engranaje constitucional que asegure que todo aquello se mantenga así. Y entonces encaja la Constitución del 80. Y entonces se entiende por qué fue necesaria la destrucción sistemática del tejido social vía violaciones, torturas y asesinatos: ninguna sociedad aguantaría semejantes reglas si no tuviera mucho miedo, si no estuviera exhausta buscando a sus muertos.

Hace 40 años estalló la reacción ante un intento que buscaba el fin de los privilegios. Un intento que implicaba que la Derecha perdía su juego y soltaba nuestra Renta. Y entonces como niño malcriado al que le quitan su juguete, tiró el tablero por la borda e hizo una pataleta violenta y agresiva de 17 años para que Chile aceptara otro juego.  Un juego en el que con reglas tramposas  aseguraba ganar. Y ganó. Y ha continuado ganando hasta hoy. Y mientras ganar en un juego justo es admirable, hacerlo en uno en que sólo una parte escribe las reglas -y lo hace a su favor- es un abuso.  No por nada somos uno de los países más desiguales del mundo, con varios campeones en la revista Forbes, y donde nuestro 1% se apropia del mayor porcentaje del ingreso nacional entre países comparables. Es una falta de respeto plantear que Luksic ha sido sobre 185.000 veces más productivo que usted o que yo entre 2002 y 2010 (aunque así lo interpreten la mayoría de economistas “mainstream” apegados al dogma de la teoría marginalista): él simplemente ha tenido el privilegio de apropiarse de la Renta del cobre y de la banca, y así en lo suyo Matte, y Paulmann, y Solari, y suma y sigue.

La dictadura no fue sólo un asunto que involucró a los militares y a las víctimas de sus abusos. Ver la historia hasta ahí es mirar menos de la mitad de la película: la derecha económica restaurando sus privilegios y enriqueciéndose. Haciéndolo gracias a las reglas del juego tramposas que pudo imponer. Imponiéndolas gracias a las violaciones a los derechos humanos que destruyeron el tejido social, permearon de miedo a la sociedad entera y agotaron a quienes podrían haber protestado. Esta es la película completa.

Esa misma derecha sigue viva y coleando, esos “cómplices pasivos” como los llamó Piñera, que caminan por las calles (o más bien vuelan por nuestros cielos)  y que hasta trabajan en nuestro Gobierno. Son individuos que Maria Olivia Mönckeberg se dio el trabajo de presentarnos: Ponce Lerou, Juan Rassmuss, Roberto de Andraca, Jorge Cauas, Sergio Enriquez, José Yuraszeck, Ernesto Silva, Álvaro Saieh, Juan Hurtado, Guillermo Letelier y, entre otros, Seguel Morel. Y cómo no dejar una especial mención a don Agustín Edwards que jugó un papel clave en la intervención estadounidense.  Es la misma derecha que se sigue negando a renunciar en lo más mínimo a sus privilegios, que financia y corrompe nuestro sistema político, hegemoniza la agenda periodística, y bloquea cambios tributarios, educacionales y constitucionales.

Los perdones expuestos hacia víctimas de violaciones a derechos humanos por políticos y militares son un aporte a la reconciliación nacional, por supuesto. Pero para quienes sufrieron los abusos y vejaciones un perdón no basta; se requiere Justicia. De forma análoga, el destape, reconocimiento y ajusticiamiento de estos abusos serán un aporte a la reconciliación, por supuesto. Pero para Chile eso tampoco bastará; la reconciliación nacional sólo estará completa cuando quienes se enriquecieron de manera truculenta no sólo pidan perdón, sino que pasen por la Justicia, y cuando se cierren los mecanismos por los cuales el 1% se ha venido aprovechado para enriquecerse de manera tramposa durante todo este tiempo.

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