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Caso Bo Xilai: un aperitivo envenenado

por 29 septiembre, 2013

Una vez publicitada en medios nacionales e internacionales la irrupción de su subordinado en el Consulado estadounidense, Bo Xilai filtró de inmediato a la prensa la versión espuria de que el funcionario padecía serios trastornos mentales. Sin embargo, luego de ser persuadido de abandonar el recinto diplomático y entregarse a la policía, Wang Lijun aseveró que su desesperada búsqueda de refugio en Chengdú respondió a la paliza y amenaza de muerte que recibió de Bo Xilai al alertarle sobre indicios comprometedores para su cónyuge Gu Kailai.
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Prisión perpetua y confiscación de bienes del otrora alto dirigente del Partido Comunista Chino (PCCh) Bo Xilai, resultan soluciones demasiado simples para la intrincada trama, con aliños  dramáticos, delictuales y políticos, que lleva meses acaparando la atención de los chinos. De manera que es razonable que la sentencia, dictada el domingo 22 de septiembre por el Tribunal de Jinán -que declaró al ex jerarca de Chongqing culpable de aceptar sobornos, malversar fondos públicos y abusar del poder- , aliente en los observadores el apetito y los deseos de que acaben de llegar los verdaderos platos fuertes de estas jornadas. Y también es cierto que, a juzgar por el hermetismo con que se confeccionó el menú, lo más probable es que los comensales provengan sólo del selecto grupo de gobernantes del gigante asiático.

A ese grupo habría pertenecido hoy Bo Xilai si su hombre de confianza en Chongqing, Wang Lijun, no hubiera protagonizado el escándalo político de buscar asilo en un Consulado de Estados Unidos en febrero 2012, a escasos meses del inicio del XVIII Congreso del PCCh. Según las autoridades chinas, una investigación posterior del hecho arrojó evidencia de los delitos cometidos por Bo Xilai y liquidó la carrera de un dirigente cuyo ascenso parecía imparable.

Una vez publicitada en medios nacionales e internacionales la irrupción de su subordinado en el Consulado estadounidense, Bo Xilai filtró de inmediato a la prensa la versión espuria de que el funcionario padecía serios trastornos mentales. Sin embargo, luego de ser persuadido de abandonar el recinto diplomático y entregarse a la policía, Wang Lijun aseveró que su desesperada búsqueda de refugio en Chengdú respondió a la paliza y amenaza de muerte que recibió de Bo Xilai al alertarle sobre indicios comprometedores para su cónyuge Gu Kailai.

Otras fuentes hablan de un disenso al interior de la élite gobernante en Beijing, ocasionado por las campañas de autopromoción impulsadas por Bo Xilai, que incluían dinámicas neo-maoístas. Añaden que el disenso también explica el aplazamiento hasta noviembre 2012 del XVIII Congreso programado para octubre; que las discusiones acerca de las sanciones que debían aplicarse a Bo Xilai fueron álgidas, complejas y dejaron heridas; que hubo resistencia inicial por parte del ex presidente Jiang Zemin (1989-2002) y que lo más difícil fue neutralizar la oposición de Zhou Yongkang, entonces uno de los 9 integrantes del Comité Permanente del Buró Político del PCCh y jefe de la poderosa Comisión Central de Asuntos Políticos y Legales (CAPL). Esta última es la instancia encargada de la supervisión de todos los servicios de seguridad, policía y aplicación de leyes en China.

El titular de la CAPL suele nombrar a su sucesor y se dice que el candidato escogido por Zhou Yongkang era nada menos que el propio Bo Xilai, que también ocuparía la vacante correspondiente en el Comité Permanente del Buró Político, máxima instancia ejecutiva del PCCh. En medio del debate secreto sobre el Caso Bo Xilai,  Zhou Yongkang transfirió de manera discreta el control operativo de la CAPL al ministro de Seguridad Pública del momento, Meng Jianzhu, formalmente a cargo de la misma a partir del XVIII Congreso, aunque sin acceso al Comité Permanente del Buró Político, que quedó acotado a 7 miembros.

Lo cierto es que, ya en 2013, el juicio contra Bo Xilai fue diferido en dos ocasiones antes de radicarse en el Tribunal Intermedio de Jinan, una ciudad del noroeste de Shandong, a 400 km de Beijing y 1,253 km de Chongqing. En el mencionado lugar, entre el 22 y el 26 de agosto último, Bo Xilai fue acusado de aceptar pagos ilegales de dos acaudalados empresarios nacionales por valor de US$ 3,5 millones; y de apropiarse de fondos del Estado central equivalentes a otros US$ 816,833 durante su período como alcalde de Dalián y gobernador de la provincia de Liaoning (1993-2004). No obstante, las imputaciones de mayor peso aludieron a un doble encubrimiento: el de la responsabilidad de su esposa, Gu Kailai, en el asesinato del empresario británico Neil Heywood en noviembre 2011 y el de las presuntas motivaciones del ingreso en febrero 2012 del vicealcalde y jefe de la policía local  Wang Lijun en el Consulado de Estados Unidos en Chengdú, capital de la provincia sudoriental de Sichuan donde está enclavado el municipio autónomo de Chongqing.

Una vez publicitada en medios nacionales e internacionales la irrupción de su subordinado en el Consulado estadounidense, Bo Xilai filtró de inmediato a la prensa la versión espuria de que el funcionario padecía serios trastornos mentales. Sin embargo, luego de ser persuadido de abandonar el recinto diplomático y entregarse a la policía, Wang Lijun aseveró que su desesperada búsqueda de refugio en Chengdú respondió a la paliza y amenaza de muerte que recibió de Bo Xilai al alertarle sobre indicios comprometedores para su cónyuge Gu Kailai.

En opinión de juristas foráneos experimentados que analizaron lo divulgado en imágenes digitales del proceso, en realidad el Fiscal no pudo probar en agosto la relación directa del acusado con los delitos atribuidos. Por su parte, el ex jerarca de Chongqing demostró ser un hueso duro de roer que además estaba envenenado. En un fragmento censurado de su comparecencia en Jinan, que sólo fue conocido a través de redes sociales chinas independientes, manifestó que al propagar la noticia falsa sobre las condiciones mentales de Wang Lijun, obedecía órdenes expresas del jefe de la Comisión Central de Asuntos Políticos y Legales, Zhou Yongkang. Contra lo usual en procesos chinos de este tipo, Bo Xilai denunció en Jinan que fue torturado para arrancarle confesiones, negó los principales cargos y decidió apelar.

La Corte Suprema Provincial de Shandong tiene ahora dos meses para pronunciarse y se da por descontado que ratificará la sentencia del Tribunal de Jinin. El veredicto final se conocerá en noviembre próximo y coincidirá en Beijing con un anunciado Pleno a puertas cerradas del Comité Central del PCCh.

En vez de lo ocurrido con Bo Xilai, la importante reunión debatirá en primer plano la situación actual del jubilado Zhou Yongkang, implicado en un serio escándalo de corrupción en el China National Petroleum Corporation. Cuatro protegidos suyos, ejecutivos clave del gigante consorcio petrolero estatal, fueron encarcelados, pero procesar a Zhou Yongkang violaría la regla no escrita que garantiza impunidad a quienes son o fueron miembros del Comité Permanente del Buró Político.

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