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La educación y Jaime Guzmán

por Claudio Arqueros, Fundación Jaime Guzmán 16 octubre, 2013

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En columna del martes, Alberto Mayol, al comentar un libro, pretende criticar el pensamiento de Jaime Guzmán a partir de una herramienta que no hace más que obstruir dicha empresa: la descalificación. Toda crítica a un pensamiento supone -por medio de la objetividad, exactitud y argumentación racional-  avanzar más allá de la protesta o los anhelos políticos frustrados. El derecho a discrepar no puede ampararse en la descalificación porque la posibilidad de diálogo se bloquea y se termina traicionando la promesa más importante que la política debe cumplir, cual es, poder convivir en la diferencia. Así, lo que observamos en Mayol es un prejuicio ideológico que devela una inmadurez de su tesis y un rencor que terminan transformando su texto en una catarsis cargada de emociones antes que de racionalidad. De hecho, su columna no agrega ningún elemento ni dato nuevo al debate. De este modo, la mayor dificultad para iniciar una discusión sobre Guzmán pasa porque el sociólogo no logra desarrollar un planteamiento sin esbozar un ataque ad hominem.

Más allá de las agresiones injustificadas, afirmar que Guzmán instaló “el proyecto de educación de mercado más intenso que conozca la historia de la humanidad” a partir de una concepción de Estado subsidiario “radical”, devela un error del uso que Jaime Guzmán hizo del principio de subsidiariedad que es necesario aclarar en dos dimensiones. Primero, debido a que en materia de educación escolar y  superior Guzmán propuso un Estado subsidiario, pero activo.  Esto se demuestra en el hecho de que este modelo ha permitido condiciones de acceso efectivos a personas provenientes de familias que nunca antes pudieron acceder. Así también, ha sido capaz de regular y promover el interés colectivo a partir de políticas públicas que han ofrecido condiciones de garantías reales a todo alumno que tuviera las capacidades de estudiar, independiente de si pudiese o no pagar sus estudios.

Segundo, no hay radicalidad en su aplicación del principio de subsidiariedad. Al contrario, se ajusta al sentido que la doctrina social de la iglesia quiere transmitir. Esto porque, según señala el artículo 187 del compendio de dicha doctrina, la subsidiariedad se opone al asistencialismo y al  centralismo, porque éstos amenazan la libertad de las personas. Pero, además, porque de acuerdo al artículo 195, el ejercicio solidario no es materia privativa del Estado. De hecho, también corresponde a los privados responder al compromiso social de cooperación ciudadana. Por eso, para Guzmán el estatuto de la educación pública no pasaba por su forma de financiamiento, sino más bien por su contribución al bien común (aceptación de  la diversidad de todos sus miembros, enseñanza de virtudes, investigaciones que contribuyan al desarrollo del país, etc.). En esto, la reforma educativa que celebra Jaime Guzmán contribuyó mucho mejor a dicho objetivo que el sistema estatista que antes prevalecía.

Claudio Arqueros V.

Fundación Jaime Guzmán

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