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Presupuesto 2014: ¿gasto público eficiente?

por 16 octubre, 2013

Siendo realistas, a menos que caiga maná del cielo, cualquiera sea el tipo de gobierno que asuma, requerirá mayores recursos derivados de una posible mayor tributación futura. La legitimidad de reducir a la brevedad la brecha social y productiva inspira una eventual política fiscal más flexible y activa. ¿Para qué seguir proyectando el presupuesto en torno a un déficit, si el camino para revertirlo es una reforma tributaria?
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La reciente propuesta sobre el Presupuesto de la Nación para  2014,  contempla un aumento de 2,1% real respecto de 2013: uno de los menores incrementos de los últimos 10 años.  Esta es contractiva, considerando que el crecimiento del PIB  proyectado por el Banco Central se sitúa entre 4 y 4,5%.

Si bien pone énfasis en algunas partidas que representan una alta demanda social, como educación y salud, reconociendo sintonía con la percepción de la opinión pública, sólo lo hace en dirección y tendencia, pues la magnitud del incremento propuesto se encuentra muy distante.

Hay consenso en la sensación de retraso y divergencia entre lo que Chile requiere y el nivel en que se encuentra; así al menos lo reflejan las encuestas.

La desigualdad estructural de la sociedad chilena resalta entre los aspectos más importantes y, además, sitúa al país en el piso de los indicadores mundiales sobre distribución del ingreso. Ello atenta no sólo contra el sentido de justicia, también implica un desperdicio de oportunidades.

Siendo realistas, a menos que caiga maná del cielo, cualquiera sea el tipo de gobierno que asuma, requerirá mayores recursos derivados de una posible mayor tributación futura. La legitimidad de reducir a la brevedad la brecha social y productiva inspira una eventual política fiscal más flexible y activa. ¿Para qué seguir proyectando el presupuesto en torno a un déficit, si el camino para revertirlo es una reforma tributaria?

Por otro lado, la modernización económica no puede seguir esperando.  Factores como el atraso tecnológico y la carencia de una política selectiva de sectores, entre otros, siguen impidiendo dar el denominado salto definitivo al desarrollo.

Chile recién comienza a cumplir requisitos mínimos, de ingreso per cápita, de paridad de poder de compra, que lo sitúan en niveles de ingreso “alto” para los parámetros del Banco Mundial y de la OECD; o bien satisfacen los parámetros de “seriedad económica”, impulsados preferentemente por las clasificadoras de riesgo financieras.  Sin embargo, todo ello no necesariamente se traduce en un mejoramiento definitivo de los estándares de calidad de vida a nivel de país desarrollado.

Somos alumnos ejemplares. Nos preparamos para acceder a un buen trabajo, con buenas calificaciones y recomendados por nuestros profesores; sin embargo, nunca egresamos a un mundo donde debemos crear nuestro espacio, perfeccionar nuestros talentos específicos y competir sustentados en nuestros méritos.

En síntesis, de no ser por la demanda china y su impacto en el precio del cobre de la última década, el escenario actual distaría mucho de la pertenencia a país OECD y de ingreso “alto” en parámetros del  Banco Mundial.

Chile tiene experiencia y cultura de eficiencia en la conducción del gasto público. Ahora, se debe apuntar a mayores niveles de eficacia en aras de una menor desigualdad, mayor modernización del aparato productivo, más bienes públicos para una demanda insatisfecha y que ello se traduzca en mejores remuneraciones.

La propuesta de Presupuesto para 2014 se aleja de la magnitud del problema y, en un año con expectativas de fuertes demandas, no se ve otra posibilidad que recurrir a un mayor déficit.

Siendo realistas, a menos que caiga maná del cielo, cualquiera sea el gobierno que asuma, requerirá mayores recursos derivados de una posible mayor tributación futura. La legitimidad de reducir a la brevedad la brecha social y productiva inspira una eventual política fiscal más flexible y activa. ¿Para qué seguir proyectando el presupuesto en torno a un déficit, si el camino para revertirlo es una reforma tributaria?

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