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Parisi y el legado del Piñerismo

por 22 octubre, 2013

Por la naturaleza de sus negocios y por sus biografías, Parisi y Piñera son de los que miran la realidad desde una matriz de riesgo/oportunidad. Son del tipo de invitados que, en la sobremesa de cualquier asado, son capaces de sostener que con medidas simples y de sentido común es posible generar saltos epistemológicos en la marcha de cualquier sistema, sea este un supermercado, un banco, un colegio, un Ministerio o un país.
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Aunque entre cenas y entrevistas el Presidente ha vuelto a dejar en claro que su candidata es Evelyn Matthei, lo cierto es que, si Sebastián Piñera tuviera que nombrar un heredero, el elegido sería Franco Parisi.

Matthei y Piñera comparten una historia, una generación y una coalición, pero ambos se aproximan a la política desde una perspectiva completamente diferente. A diferencia de lo que sucede con su candidata, Piñera comparte con su heredero un cierto ADN, ese ethos especulador tan propio del mundo de las finanzas, en donde la maximización de las oportunidades depende críticamente de estar más despierto que el resto y moverse con plena flexibilidad táctica para tomar de la veta lo que asoma, sin importar quién cavó el túnel ni cuánta salud dejó en la construcción de la mina.

Por la naturaleza de sus negocios y por sus biografías, Parisi y Piñera son de los que miran la realidad desde una matriz de riesgo/oportunidad. Son del tipo de invitados que, en la sobremesa de cualquier asado, son capaces de sostener que con medidas simples y de sentido común es posible generar saltos epistemológicos en la marcha de cualquier sistema, sea este un supermercado, un banco, un colegio, un Ministerio o un país. Y la prueba de la efectividad de sus visiones no es otra que la referencia a lo que cada uno ha hecho en circunstancias similares.

Lo de Parisi es sólo posible por el estado de descomposición de los vínculos societales de una derecha que no pudo resistir en pie la arremetida de la administración Piñera y su incesante proceso de destrucción creativa. Es el producto vivo de la microrrevolución piñerista y el más fiel reflejo de las oportunidades que de ella surgieron.

Motivados por lo anterior, quizás, ambos comparten también un “enfoque SERNAC” de la sociedad, en el que la sola compensación de distorsiones del mercado es garantía suficiente para lograr de él mayor justicia en la distribución de bienes y servicios. Y sí, para ellos son bienes y servicios los que prestan el Estado y el mercado y, como tales, son susceptibles de ser mejorados en tanto se gerenteen de la manera adecuada y se enfrenten con decisión y liderazgo.

Pero más allá de las similitudes de estilo y personalidad, la ligazón profunda entre estos expertos en finanzas estriba en que uno es fruto del éxito del otro. Lo de Parisi es sólo posible por el estado de descomposición de los vínculos societales de una derecha que no pudo resistir en pie la arremetida de la administración Piñera y su incesante proceso de destrucción creativa. Es el producto vivo de la microrrevolución piñerista y el más fiel reflejo de las oportunidades que de ella surgieron.

Parsi es a la política lo que Eduardo Bonvallet fue al fútbol. Así como el autodenominado “gurú” empalmó con el estado de ánimo resultante del choque entre las expectativas de un país que soñaba con volver a los mundiales y la desconfianza hacia prácticas que nos habían dejado fuera de ellos, de igual manera y con formas y expresiones muy similares, Parisi le habla a un electorado que siente que está mejor que antes y que es sensible al mensaje de que lo que falta para mejorar aún más es ajustar algunas perillas y, simplemente, hacer lo que el sentido común indica.

El mensaje es simple y se condimenta a la perfección con la arenga de sacar a los “políticos de siempre”, así como “el Bonva” despotricaba contra “los patricios”.  Y aunque en la práctica ninguno de los dos obtuvo una buena marca cuando tuvieron la guitarra en la mano –ni Bonvallet tuvo éxito dirigiendo equipos, ni Parisi dirigiendo empresas–, ambos han mostrado talento para impedir que la realidad les arruine una buena historia.

Bonvallet no habría sido lo que llegó a ser en la cúspide de su personaje si el “perro verde”, el “bigotón”, el “pele” o el “pelao” no hubieran hecho su parte en la teleserie de ensayo/error, que terminó con una selección a las puertas de alcanzar un sueño masivo. Así, Parisi tampoco sería lo que es hoy si Piñera no hubiera jubilado a toda una generación de la derecha, junto con hacer carne la idea de un país “forrado”, al que sólo le falta la alquimia de un “gurú” para llegar a ser grande.

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